Antes que nada debemos dejar de lado los prejuicios, los jóvenes que huyen de
su casa no son malos, no están perdidos ni han arruinado sus vidas, sólo están
escapando. Si un joven huye de su casa es debido a las circunstancias que le
toca vivir, debido a las presiones que sufre.
Un joven que huye de su casa, en casi todos los casos, ha tomado una mala
decisión pero eso no lo convierte en nada malo. Sólo una víctima de las
circunstancias. Para que esto no suceda, debemos enseñar a los jóvenes cómo
enfrentar sus problemas en lugar de huir de ellos, incluso si sus problemas son
sus padres. De esta forma ya no tendrán la necesidad de huir, no sólo de sus
casas sino de cualquier circunstancia que se le presente en la vida. Usted es la
fuente de las opciones.
Todos los jóvenes conocen a alguien que ha huido de su hogar
El principal problema de esto es que esa experiencia que en primera instancia
parece una aventura es idealizada por los jóvenes. Parece una experiencia que
merece ser vivida, una experiencia mucho mejor que la vida que están viviendo. Y
no existe nada que pueda hacerles cambiar de opinión. Si usted lo piensa unos
segundos también podrá encontrarse con la sensación que cualquier cosa que los
quite de su rutina diaria será más emocionante. El espíritu de la aventura vive
en cada persona, el secreto es hacer que ese espíritu se encauce en la dirección
más indicada.
No se los puede encerrar
Aunque muchas veces quiera construir un muro alrededor de la casa, debe dejar
que ellos decidan si quieren quedarse o irse. Ellos deben saber que existe la
posibilidad de irse de la casa, que las cerraduras están allí para dejar a los
ladrones del lado de afuera no para encerrar a las personas que viven adentro.
Aunque esto le parezca algo difícil e incluso arriesgado es la única forma de
hacerlos porque es la verdad. Si no lo hace así, potenciará la necesidad de
huir. Porque las personas huyen cuando se sienten encerradas, si no hay encierro
no existe la necesidad de huir.
Como padres, como adultos, debemos ser como una colchón para las caídas, una
caja de consejos, herramientas que los jóvenes puedan usar para enfrentar el día
a día pero no debemos ser ni cadenas ni candados. No queremos que se vayan y es
imposible pensar en algo que puedan hacer para que los echemos. Pero esto es
algo que ellos deben saber porque nosotros se lo decimos, de forma implícita por
nuestros actos y de forma explícita por nuestras palabras.
Los padres de jóvenes que han huido no son malos padres
Estadísticas realizadas recientemente indican que de los jóvenes que han huido
de sus casas, sólo el 16% ha sido abusado física, emocional o sexualmente. Lo
jóvenes que sufren de abusos tienden a permanecer en sus casas porque les
resulta más difícil tomar la decisión de romper con el ciclo de abusos.
Pero éste es otro tema, que debe encararse desde un punto distinto.
Cuando un hijo huye
Lo primero que debe hacer es llamar inmediatamente a la policía, no espere las
24hs indicadas, hágalo al minuto que se ha dado cuenta de que es así. Cuando
hable con el oficial anote su nombre y apellido y un número de teléfono a donde
pueda llamarlo.
Llame a todos los conocidos de su hijo y pida su ayuda. Busque en todos los
lugares que su hijo suele frecuentar pero no deje el teléfono desatendido. Es
posible que su hijo llame.
Entre en el cuarto de su hijo y busque por una pista que pueda decirlo donde ha
ido. Revise su cuenta telefónica en busca de algún patrón, algún teléfono al que
haya llamado en forma seguida en los últimos tiempos.
Cuando su hijo regresa
Tómense su tiempo
No comience a hablar ni bien ha llegado. El nivel emocional de los dos se
encuentra en un punto muy alto y en este estado es muy factible que la
conversación transite cualquier camino y se digan cosas que en realidad no se
quieren decir. Vayan a cuartos distintos y deje que todos descansen por algunas
horas.
Preguntas y respuestas
La primera pregunta que surge es “¿por qué se ha ido?” y es la primera que debe
hacer. No haga ninguna recriminación hasta obtener una respuesta a la pregunta.
Es seguro que querrá imponer algún límite pero espere hasta que su hijo haya
terminado de decir todo lo que tiene para decir. Ya habrá tiempo para lo demás.
Hablen
Hágale saber cómo se sintió con su partida. Hágale saber sus temores y que se
sintió dolido. No tema hacer saber sus sentimientos. Y dígale que lo quiere si
así lo siente. No existe ningún problema que no puedan resolver si se abocan a
ello. Él debe entender que, si alguna vez siente ganas de huir de la casa,
existen otras opciones. Usted debe ser fuente de otras opciones que le permitan
a su hijo tomar una mejor decisión.
Conseguir ayuda
Si su hijo ya huido alguna otra vez y en ninguna ocasión ha logrado hablar del
tema y que se abra a hablar con usted, es necesario que busquen ayuda. Pídale a
alguien adulto en quien su hijo confíe para que participe de la conversación,
tal vez un tío o amigo de la familia. Si esto tampoco funciona piense en buscar
ayuda profesional.