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La educación vitalista (o para la vida) como camino hacia el cambio y desarrollo social, cultural y humano de Colombia y América Latina.
Por Andres Felipe Arango García

América lAtina urge de encontrar un camino claro y seguro para su desarrollo social, poítico y ecónomico, que le devuelva no solo su identidad y cultura sino tambien su lugar en la sociedad mundial. Definida por Hegel como "la ciudad del futuro",América Latina necesita, para poder serlo, un educación que verdaderamnete prepare a los alumnos para la vida: no una educación para la produciión y consumo masivo de bienes y servicios, sino una educació que, como señala la UNESCO, nos enseñe a SER, HECER, CONOCER y VIVIR JUNTOS.


Andrés Felipe Arango García


Juan José Sanz, autor del libro “Educación y Liberación en América Latina”, dice en la dedicatoria: “A mis hermanos Angel y Elena, quienes han sabido educar a sus hijos en el amor y en la libertad y cuya vida de compromiso con la causa obrera, ha inspirado mi opción por la liberación de los pueblos Latinoamericanos” Yo apuesto por lo mismo: América Latina debe ser liberada.

Apuesto porque la liberación de América Latina está en la educación de sus gentes: la educación libera de la esclavitud de la ignorancia (el gran mal de nuestra América es la ignorancia: la ignorancia académica, política, social, cultural, siendo esta la principal y más grave: no tenemos identidad de Latinoamericanos, no la están robando hace 500 años: nuestra identidad, nuestra cultura) y fiel a la antropología noética, es decir, al conocimiento y comprensión del hombre como un ser racional, espiritual, trascendente; la educación libera de la esclavitud de las pasiones del alma y del cuerpo.

A esto es a lo que se refiere San Agustín cuando comenta que las personas no van a la escuela a aprender, a conocer, si no a “recodar” lo que ya saben, pero que olvidaron al nacer, al decaer en la realidad corpórea. Recordemos rápidamente que San Agustín al igual que Platón, considera al cuerpo y toda su realidad, como una especie de desgracia para el hombre, que le lejos de ayudarle a ser tal en profundidad, lo que hace es alejarlo de su realidad primera de donde ha venido y entorpecer su regreso hacia ella, o sea, hacia Dios, hacia lo trascendente.

La educación, viendo a la luz de nuestro tiempo aquella hermosa e importantísima intuición de San Agustín, tiene por misión el que el hombre se descubra a sí mismo, que encuentre su identidad y que conozca todas las maravillas que hay en la naturaleza de la que hace parte y en las ciencias, no como fines en sí mismas si no, como también señala San Agustín, “reflejos e imágenes” de la verdaderamente grande, total y perfecto que es Dios, y así encaminen todos sus esfuerzos a encontrarlo y poseerlo. En el caso de Latinoamérica, tendrá misión el que los hombre de estas tierras re-descubramos nuestra identidad, opacada por el dominio de otras culturas.


Así lo expresa Jacques Delors en el documento “La educación o la utopía necesaria”, que sirve como presentación del Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el Siglo XXI, por él presidida: “Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. Al concluir labores, la Comisión desea por tanto afirmar su convicción respecto a la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso –el “Ábrate Sésamo” de un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales- sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etc.”

Sin querer en ningún momento y de ninguna manera, menguar la importancia y la necesidad de los demás saberes y ciencias; pero todo lo anteriormente dicho acerca del valor e importancia de la educación, debe estar enmarcado en una educación Filosófica, (que no es lo mismo que una educación para la Filosofía) donde esta es concebida no como una ciencia más, como otra parte del gran tejido del conocimiento humano, sino que es concebida como un estilo de vida, como una opción de vida; como una forma, acaso la más perfecta y trascendente de que el hombre se desarrolle como tal, como “ser – humano”, es decir, que se conozca, se comprenda, capte el sentido de la historia, su historia; que pueda reconocer en la naturaleza, las personas y el mundo que lo rodea, la presencia y actuar constante de lo divino, lo trascendental, Dios; y que pueda encontrar el camino de participación y retorno hacia él; y sobre la cual educación se cimienten y ordenen las demás ciencias y saberes.

A todo lo anterior es a lo que llamo una educación vitalista.

Al pensar en cuales son las bases sobre las que se cimienta a su ves esta educación, las encuentro en el mismo informe antes citado, en lo que se ha denominado “Los cuatro pilares de la educación” , y en la propuesta de desarrollo y aplicación que hace Alfonso López Quintás en su libro “Cómo lograr una formación integral”. Tratarlos con profundidad es tema para una tesis u otro trabajo, así que solo los enunciaré, como señalamiento del camino que hay que recorrer, conocer y explorar, para lograr el cambio y desarrollo social, cultural y humano de la comunidad de las Flores, así como el de Colombia y América Latina.


Estos cuatro pilares son: Aprender a conocer, Aprender a hacer, Aprender a Ser, Aprender a convivir.


 Aprender a conocer.

La gran crisis de la educación consiste en que su que hacer cotidiano se ha reducido al almacenamiento masivo de conceptos e ideas, como quien llena una bodega de mercancía, soslayando no solo los demás aspectos de la educación, sino olvidando que el conocimiento tiene que ser cada día renovado y actualizado, sumergiendo al alumno en una pérdida en el tiempo y el espacio del conocimiento, al estilo de aquellos almacenes que aún después de 40 años conservan las misma vitrinas y personal. Así habla de este punto la comisión: “ Este tipo de aprendizaje que tiende menos a la adquisición de conocimientos clasificados y codificados que la dominio de los instrumentos del saber, puede considerarse a la vez medio y finalidad de la vida humana. En cuanto medio, consiste para cada persona en aprender a comprender el mundo que la rodea, al menos para vivir con dignidad, desarrollar sus capacidades profesionales y comunicarse con los demás. Como fin, su justificación es el placer de comprender, de conocer, de descubrir. (...) Aprender a conocer supone, en primer término, aprender a aprender, ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento”.


 Aprender a hacer.


Alguien dijo: “De nada sirve saber lo que sabes, si nadie sabe lo que sabes”. Esto tiene dos facetas. En primer lugar, el alumno de aprender a usar los conocimientos en bien de la sociedad humana. El conocimiento no es para el provecho y disfrute personal egoísta. El saber es útil, en la medida en que se pone al servicio de los demás, para ayudarles a mejor la calidad de sus vidas. En segundo lugar, el alumno debe aprender a usar ese saber para su beneficio y provecho propio, y dejar de esperar que las cosas y las soluciones le vengan de fuera. Así lo vio la comisión: “Aprender a hacer a fin de adquirir no solo una calificación profesional sino, más generalmente, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones y a trabajar en equipo. Pero también aprender a hacer en el marco de las distintas experiencias sociales o de trabajo que se ofrecen a los jóvenes y adolescentes, bien espontáneamente a causa del contexto social o nacional, bien formalmente gracias al gracias al desarrollo de la enseñanza por alternancia”.


 Aprender a ser y a convivir.

Estos dos pilares hacen plena referencia a todo lo tratado en este artículo: liberar a nuestros alumnos de la ignorancia para que puedan Ser hombres, Ser personas, Ser humanos; teniendo siempre presente aquella verdad perenne e inalienable de que el hombre es Hombre en sociedad, en comunidad, de que es un “animal social” y, por tanto, debe vivir en paz, armonía y justicia con sus semejantes, descubriendo al otro en las mismas dimensiones, virtudes y defectos que se descubre a sí mimo como individuo, en vez de autodestruirse a sí mismo y a los demás, entendiendo que se “es” en y por la relación con los demás. Así lo escribió la comisión: “Aprender a vivir juntos desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia – realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los conflictos – respetando los valores del pluralismo, comprensión mutua y paz”.

“Aprender a ser para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Con tal fin, no menospreciar en la educación ninguna de las posibilidades de cada individuo: memoria, razonamiento, sentido estético, capacidades físicas, aptitudes para comunicar...”.



















(A.M.D.G.)



























Por Andres Felipe Arango García
mailto:afag99@epm.net.co
Publicado Lunes 11 de Noviembre de 2002


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