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|  El bailarín y coreógrafo español Antonio Gades murió ayer (20/7) en Madrid, a los 67 años, víctima de una larga enfermedad que venía padeciendo desde hace varios años. Gades reunía en sí mismo toda la magia de su tierra en la danza, y la trayectoria de un profesional de raza como ha habido pocos. Quienes alcanzamos a ver sus presentaciones, sólo podemos lamentarnos de su desaparición, que enluta al arte con un crespón difícil de quitar por los amantes de la danza flamenca.
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| Amado y aplaudido por varias generaciones de público (sus comienzos se remontan a la década del ´50), el interés por su persona nunca decayó y fue siempre bien respondido por la gente que lo amó y lo admiró, como quien admira a un héroe que encarna sobre un escenario toda la magia de la danza en su cuerpo y trasciende las fronteras de la idealización y de la admiración porque su lenguaje es universal y arquetípico.
Es que así era Antonio Gades, entrega total en la danza, con un lenguaje propio que trascendió fronteras, ganadas por su enorme creatividad y sus incontables recursos, elaborados pacientemente a través de una carrera responsable y seria.
Su cuerpo sabía transmitir en el movimiento y en el paso, todo el misterio y el drama de su tierra y de su gente, elementos que ganaban a la platea desde la sensibilidad, en una respuesta de silencio compartido donde Gades estaba representando a quien lo estaba viendo de una manera tácita y envolvente, seductora y atrapante.
Sin grandilocuencias ni despliegues externos, sólo con la intención puesta en el cuerpo, tal vez una mano o una mirada profunda mientras daba un giro, bastaban para lograr esa unión-cómplice con el espectador y que le permitió seguir y crecer sobre las tablas por más de cincuenta años en donde su trabajo pudo medirse siempre con la vara del éxito.
Dueño de una fuerte personalidad, con firmes convicciones personales que lo definían moral y políticamente, Gades hizo escuela propia de su arte. El presidente Fidel Castro, hace poco tiempo, lo había condecorado con la Orden José Martí, la más alta distinción que confiere el Estado Cubano y el artista había declarado: "Recibo esta condecoración con el orgullo de compartirla con tantos miles de gente que día a día, anónimamente, defienden a la Revolución cubana". El canciller cubano, en el acto de la entrega, se refirió a Antonio Gades como “irreductible comunista, revolucionario que no ha perdido nunca la ilusión de un mundo mejor y no ha dejado de luchar por él”.
Antonio Esteve Ródenas había nacido el 16 de noviembre de 1936, en una localidad de la provincia de Alicante. Hijo de un albañil, a los once años empezó a trabajar para ayudar a su familia en un diario madrileño. Su afición por el baile nació de su asistencia a un espectáculo dirigido por Pilar López, entrando en su compañía a comienzos de la década del ´50, protagonizando por todo el mundo El sombrero de tres picos, El amor brujo o El concierto de Aranjuez. Y por consejo de Pilar adoptó el nombre artístico de "Gades".
En 1961, formó su propia compañía y debutó como actor. Curra Jiménez fue su pareja de baile en El Corral de la Morería de Madrid, hasta que llegó Cristina Hoyos. Indiscutible embajador del baile español, ha pasado por los mejores escenarios internacionales: el Theater of Spanish Pavillon de Nueva York, el Coven Garden de Londres, el Symphony World de Washington, el Teatro de Variedades de París por nombrar sólo algunos. En 1994, estrenó en la Ópera de Génova su última producción “Fuenteovejuna”, inspirada en la obra de Lope de Vega.
También triunfó en cine, bajo la dirección de Carlos Saura, en “Bodas de Sangre”, “El amor brujo” y “Carmen”. Otras películas son “Con el viento solano”, “El último encuentro” y “Los Tarantos”, junto a Carmen Amaya.
Antonio Gades fue director del Ballet Nacional de España (1979-1980) y además uno de los bailarines españoles más galardonados: Premios Vicente Escudero y Carmen Amaya por “El amor brujo”, Premio Nacional de Teatro a la mejor interpretación coreográfica de 1979, premio al Mejor espectáculo de Buenos Aires en 1974, premio de la Sociedad General de Autores de 1982, Premio Nacional de Bellas Artes de 1983 y Galardón Flamenco Calle De Alcalá 2002, entre otros tantos.
La personalidad artística de Antonio Gades le mereció la atención continua de los críticos, y le hizo ganar abundantes juicios y reflexiones de personalidades, sobre su arte: Edgar Neville: "A Gades le conocimos desde que era un niño, discípulo predilecto de Pilar, le contemplamos dar clase, serio, reconcentrado, buscando la difícil perfección. Le vimos en sus primeros solos, en sus pas de deux, y no era de adivinos darse cuenta de que estábamos ante una figura de nuestro baile. Así es que cuando le vimos independizarse y formar espectáculo estuvimos seguros de que le esperaba el éxito. Gades es un gran bailarín de escuela de muchos recursos y con unas facultades extraordinarias para bailar el flamenco que hoy se prefiere por esos mundos, un flamenco con facultades de bailarín de ballet clásico. Su éxito nos parece natural, y creemos que su espectáculo será acogido triunfalmente allá donde se presente. Es un estilista, sus coreografías, por lo pronto, son suyas, y su estupenda pareja, bailaora flamenca de gran pureza, no hace sino subrayar aún más ese depurado modo de ver el baile andaluz, en el que la actitud es a veces la protagonista por encima del juego de pies, y otras, respuesta sibilina. Gades tiene la visión de mantener ese alto nivel coreográfico, de echarle, si se quiere, literatura al baile, es preciso esa nota, ese capítulo para variar de la monotonía de lo perfecto y de lo conocido".
Alfredo Mañas: "Cuando sale a la luz, cuando se presenta en público, Antonio Gades provoca una especie de conmoción, un alboroto. Su baile tiene la rara virtud de poner a todo el mundo de acuerdo: intelectuales, pintores, artistas, gitanos, bailaores de tablao y escenarios consideran su aparición como el acontecimiento más importante del baile español en los últimos tiempos... Su verdadera biografía la está contando en ese baile donde conviven, en mágico equilibrio, el corazón y la inteligencia, la pasión sin límites del flamenco con el rigor geométrico de la danza clásica, el gesto de ave de rapiña al levantar los brazos con ese giro al relentú lleno de delicadeza y el desplante final lleno de orgullo con la posterior humildad popular".
J. M. Caballero Bonald: "Gades no se ha propuesto la búsqueda de ninguna clase de innovaciones expresivas y adornos superfluos. Tampoco ha caído en el común peligro de las falsas e intelectualizadas estilizaciones. Su labor ha consistido exactamente en trasplantar la raíz comunicativa del pueblo al lenguaje culto de la danza. Gades debe saber que lo que él está realizando, con una honestidad y un sentido artístico ejemplares, es despojar al baile español de sus ficticios ornamentos y de sus postizas adherencias. La simplicidad y la economía de recursos han sido su única arma posible. Y, paradójicamente, los síntomas de modernidad de sus interpretaciones son también las más eficaces muestras de su inteligente aprovechamiento de la tradición. El aparato escénico ha quedado reducido a lo estrictamente imprescindible: nada debe turbar la esquemática y a la vez enriquecedora representación de un determinado baile, es decir, de una determinada manifestación de la intimidad del pueblo. Cada uno de los bailes montados por Antonio Gades, dentro de la deliberada sobriedad de la coreografía, son otros tantos valiosos -y ya insustituibles- experimentos encaminados a la ordenación expresiva del ballet español. Por medio de la supresión de artificios decorativos, Gades ha logrado algo muy parecido a un conjunto de esquemas básicos para dar un engranaje definido a sus claras ideas de bailarín y de coreógrafo. En la propia desnuda integridad de sus planteamientos reside su innegable grandeza. No ha hecho grandes movimientos ni especiales efectos teatrales para que la danza narre, con absoluta lucidez, una patética o alborozada historia popular. Pero todo ello, con ser ya un convincente hallazgo, no hubiese sido bastante. El más verídico y provechoso logro de Gades es el haber sabido incorporar a la delicadeza expresiva de la danza de escuela la furia trágica del flamenco. La elegancia del gesto, la concreta línea del braceo clásico, se interfieren con el frenesí abstracto del zapateado gitano-andaluz. En esta decisiva fusión de elementos cultos y populares reside el extraordinario acierto de quien, siendo el más universal de nuestros bailarines, es también el más íntegramente español de nuestros bailaores".
Alvaro Horcas: " Gades despertó en mi, de niño, mi amor por la danza; él ha sido mi inspiración y mi lucha durante mis primeros años. Sólo pude conocerlo en persona durante una actuación de la Bienal de Sevilla del 89, donde presentó "Ensayo de Carmen". Verlo era comprender todo lo que había observado a través de sus películas, verlo era entender su cátedra magistral en aquella representación. Fue su última intervención, después se retiró de nuevo durante varios años, hasta 1998, que reaparece con un espectáculo nuevo y siguiendo la línea anterior, "Fuenteovejuna". Aunque la critica no ha sido muy buena con él, su última obra presenta la madurez de una bailarín, exponente principal en el arte español de la danza actual. Sus enseñanzas han de tenerse en cuenta por todos y cada uno de los profesionales: disciplina, sacrificio, lucha continua, preparación técnica clásica, escénica y teatral".
José Monleón: "En Gades ha dominado siempre la inteligencia, la técnica y la elegancia sobre el genio. Para bien y para regular. Para bien, porque, por ejemplo, ha iluminado sus espectáculos con una sensibilidad muy superior a la que generó las tradicionales coreografías, sustituyendo el emperifollado decorativismo por una grata austeridad; para bien porque le arrancó al baile español esa mezcla de solemnidad y de cursilería feminoide en que otros lo sumieron; para regular, porque el cerebralismo se convirtió a menudo en un nuevo límite, en la disciplina que transforma la creación en un trabajo de academia de baile".
FILMOGRAFIA DE ANTONIO GADES
Los Tarantos (1963) The Pleasure Seekers (1964) Con el viento solano (1966) Último encuentro (1967) El Amor brujo (1967) Fortunata y Jacinta (1970) Canciones de nuestra vida (1975) Los Días del pasado (1978) Bodas de sangre (1981) Con el culo al aire (1981) Carmen (1983) El Amor brujo (1986)
Por Alberto Peyrano Publicado Miércoles, Julio 21, 2004 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. |