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|  La magia del teatro no consiste sólo en contar cosas, historias, sino en cómo se cuentan. La autora española Angélica Liddell se propuso contar en su obra "Las condenadas" la historia de dos mujeres en el marco de una guerra. Guerra exterior, en las calles -explicaron los responsables del montaje- en el país, posiblemente en el mundo, y guerra interior, dentro, en el hogar claustrofóbico que habitan.
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| LAS CONDENADAS
La magia del teatro no consiste sólo en contar cosas, historias, sino en cómo se cuentan. La autora española Angélica Liddell se propuso contar en su obra “Las condenadas” la historia de dos mujeres en el marco de una guerra. Guerra exterior, en las calles -explicaron los responsables del montaje- en el país, posiblemente en el mundo, y guerra interior, dentro, en el hogar claustrofóbico que habitan. Es en fin -decían en la nota de prensa- una delicia para los sentidos desde el juego dramático vivo. Vista la función resultó menos dramático y poco vivo, y es que no siempre coinciden los proyectos e incluso las sinopsis que ofrecen las compañías en los programas de mano o gacetillas con lo que realmente se nos ofrece en escena. La pequeña Sala La Grada (Calle Ercilla, 20 - Madrid) estaba repleta de público la tarde de la última función; sin duda las nuevas propuestas escénicas llaman la atención de los aficionados frente al exceso de títulos y espectáculos teatrales de puro consumo. Pero hubo cierta desilusión: más que a una función de teatro pronto tuvimos la sensación de asistir a una proyección cinematográfica. Tras un oscuro inicial, con una actriz estática en escena, comienza la proyección de unas imágenes que uno piensa que servirán de inicio la interpretación pero que se prolongan hasta el extremo de que, reloj en mano, pasados 25 minutos aún seguía el “cine” sin que se iniciara lo que es teatro: la interpretación, en vivo y en directo, sin el soporte del celuloide (hoy será vídeo) que ninguna falta hacía pues parte (o todo) de lo que se rodó en su día y se proyectaba en la sala podía haberse interpretado sobre el escenario. El escaso tiempo que se dedicó a la escena (que no a la pantalla) estuvo arropado por una excelente iluminación y atractiva escenografía que apoyó el trabajo gestual de las dos actrices, quienes cumplieron sobradamente el cometido al que las llevó el director, Mateo Feijoó; no podían hacer más, ni siquiera expresase con el cuerpo, aunque lo intentaran, ya que quien diseñó el vestuario las “envolvió” en unas túnicas negras que si bien dramatizaban la situación impedía que entendiéramos lo que cada músculo, cada contracción, deberían expresar. Desde mi punto de vista es un despropósito dar prioridad al cine sobre el teatro cuando se está haciendo teatro, pero no fue una casualidad ni un error de cálculo al realizar la puesta en escena ya que, muy conscientemente, en el reparto del programa figuran también, como actores y actrices, quienes interpretaban el “corto” además de las dos actrices que estaban en escena. No está mal, hasta es necesario, incorporar a la escena las nuevas tecnologías (aunque el cine no es nada nuevo) pero hay mezclas que solo llevan al aburrimiento y el público así lo debió entender pues, al final, sólo se escucharon unos discretos aplausos, esos que se dan de cumplido, y que no pidieron siquiera la salida a escena de las dos actrices para saludar.
Salvador Enríquez e-mail: senriquez@worldonline.es
Por Salvador Enriquez http://www.webcindario.com/senriquez/ Publicado Viernes 7 de Junio de 2002 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |