Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras la nube no se pierdan.”
Miguel de Unamuno.
PENSAMIENTOS ESTREMECIDOS
“Como un perfecto químico y como un alma santa”, dice Baudelaire que debe actuar el poeta.
Para Poe el poeta es un “jardinero paisajista”. La invención poética se la figura el autor de El
Cuervo como un paisaje cuidadosamente cultivado. Como a Cervantes sus novelas. Lo que en el
paisaje pone la labor de jardinería es algo finamente espiritual. Un alma santa o santificada, un
químico o alquimista del lenguaje es el poeta, según Baudelaire; pero también un jardinero que
al lenguaje, como a la naturaleza vegetal encauza y dibuja en perspectiva de paisaje vivo, de
estado de alma.
Estas dos definiciones del poeta y de la poesía tienen resonancia romántica. El poeta de Las
flores del mal se aparece a nuestros ojos como un monje que, en su celda, trabaja, elabora
químicamente, extraños, sutiles, ingredientes misteriosos, cuyo resultado es el poema. El
profundo narrador imaginativo de Una revelación magnética o El escarabajo de oro combina
semillas rarísimas, cultiva en un vivero vegetal sorprendentes injertos y traza, dibujándolo sobre
la tierra un cauce vivo de arboledas y fuentes, a los riachuelos y estanques, a los arbustos y a las
flores, componiendo, inventando, como un paisaje, una poesía recreada, o de creación,
invención, creciente.
Esta alquimia, esta química elaboración poética elemental, imitativamente creadora, ¿convierte
el barro, la tierra, en oro de la poesía? “Algo que es tierra en nuestra carne siente -escribe
Machado- la humedad del jardín como un halago”.
En su Principio de la poesía, en su Eureka, Poe nos habla de jardinería espiritual, de ese paisaje
del alma, que es la poesía. Un concepto puro o depurado de la poesía, del fenómeno poético
como tal, lo mismo en Baudelaire que en Poe, se nos afirma radicalmente. La poesía es algo
leve, breve, rarísimo, que se manifiesta en el relampagueo fugitivo, con estremecimiento rápido,
fugaz. Esta idea de lo poético responde a lo que los románticos (Leopardi sobre todo)
denominaron lirismo. Los románticos daban a la música suprema alcurnia espiritual. La poesía
es canto y hasta el pensamiento cuando es más profundo -dice el romántico Carlyle- canta; con
lo que se identifica con la poesía, se hace pensamiento poético. Los sentimientos -nos dirá
Unamuno- “son pensamientos en conmoción”, pensamientos estremecidos, temblorosos. De este
temblor, de ese estremecimiento, se hace lírica, melodiosa, la dicción poética.
Los poetas líricos mejores fueron estupendos prosistas. O al contrario. El poeta lo es en verso y
prosa indistintamente. El prosaísmo es una planta parasitaria de la poesía cuando se injerta en
ella o la abraza y ahoga como una mala hierba trepadora. Porque hay prosa y prosa. Y acaso sea
justamente el ritmo -como certeramente vio Menéndez y Pelayo a propósito de nuestra prosa
renacentista-, el acento lírico, el determinante fronterizo de su separación.
La poesía se dice y hasta define, de ese modo, en verso y prosa. como, por definición misma,
antiprosaica. Cuando el poeta rompe la rima y el acento traspasa tal vez sin saberlo la frontera de
la prosa poética. Y una colocación tipográfica no es bastante para sostener la diferencia.
A su formula definitoria versificada de la poesía como “palabra en el tiempo”, añade Machado
como formulación completa, al decirla en prosa, el sustancioso calificativo de “esencial”:
“poesía, palabra esencial en el tiempo”.
Volviendo a Baudelaire y a Poe diríamos que toda la poesía moderna tuvo por poesía lírica a esa
forma o fenómeno poético por ellos designado y practicado como poesía “esencial”. Hasta el
surrealismo. En su admirable prologuillo a la Primera antología de la poesía del pasado, que
nos dejó Paul Eluard, poco antes de morir, casi como un testamento poético, nos habla de la
poesía como de “un lenguaje universal de la inocencia y de la razón desmesurada que es el del
hombre a quien repugna el prosaísmo”. Anteriormente nuestro Unamuno nos recordaría en su
“Credo poético”: “el lenguaje es ante todo pensamiento, / y es pensada su belleza”.
Francisco Arias Solis
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Invitación que se hace extensiva a los colegios para que también todos los escolares del mundo
pongan en el corazón de los valores universales la paz y la libertad.
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