Por: Mariano Arnal
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Del árabe al-manaj, (círculo de los meses). El
diccionario lo define como "catálogo que comprende la distribución
del año en meses, semanas y días, con noticias astronómicas, meteorológicas,
agrícolas, de fiestas y otras". Han existido también almanaques
literarios, artísticos, políticos, etc.
Pero no hay certeza de que se la inventaran los árabes, esta palabra. En
latín existe el término mánacus y la expresión mánachus círculus,
para denominar el círculo de un meridiano que servía para indicar los
meses. Al no pertenecer esta terminología al latín clásico, hay
razonables dudas de que no proceda del griego mhnakoV (ménacos), cuya
forma dórica es manacoV (mánajos), derivados ambos de men (men) que
significa mes, y su adjetivo mhniaioV (meniáios), que significa mensual.
Es posible que hayan pasado al latín y al griego a través del árabe.
Eusebio, en el siglo III usa la palabra almenacika (almenajiká) para
referirse a los "almanaques" en que los egipcios se informaban
de los horóscopos, de los "señores del ascendente", de las
facultades curativas que tienen, de los presagios. Éste podría ser el
precursor de nuestros almanaques y calendarios, sin parecerse todavía
excesivamente a ellos, sino más bien a un horóscopo cíclico.
Justamente a partir de este hecho, argumenta Corominas la verosimilitud
(aunque reconoce que es imposible probarla) de que la palabra árabe manah
(que nos dará con el artículo almanah), que significa exactamente
"lugar donde se para en un viaje", "residencia",
"campamento", "descanso del camello", haya sido la
utilizada por los astrólogos para denominar las constelaciones, que eran
entendidas por los antiguos como las doce "paradas" que hace la
tierra en su recorrido alrededor del sol. De ahí pasamos a las mansiones
(palabra derivada del latín manere = permanecer, quedarse), elegida
probablemente por su similitud tanto léxica como semántica con el término
manah de los árabes. De las "mansiones" se pasó a las
"casas", que es el término que actualmente se usa en astrología.
Como dicen los italianos, se non é vero, é ben trovato. Esta explicación,
además de tener grandes visos de verosimilitud, es preciosa. Nos hace
venir el almanaque de la astrología, que al fin y al cabo es la madre de
la astronomía, y ésta el origen de la medición del tiempo. El hecho de
que en sus inicios los almanaques fuesen astronómicos y meteorológicos,
aplicados especialmente a la agricultura, abona la bondad de este origen.
La palabra calendario procede del latín calendas, que es como se
denominaba el primer día de cada mes, que al ser lunar, se correspondía
con la luna nueva. El día 5 ó 7 se llamaba las nonas y el 13 ó 15, que
correspondía a la luna llena, los idus. "Hacer almanaques" es
"hacer castillos en el aire". En eso estamos. En la onda.
Mariano Arnal