Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.
Una vida de armonía
sobre una tierra dichosa!”
Rafael Alberti.
LA PAZ ES EL FUNDAMENTO MISMO DE LA VIDA
Todos sabemos que si este mundo elige con acierto -es decir: elige la paz- este mundo se salvará.
También sabemos que las raíces solas no levantan un árbol: hay que agregarles el abono y el
riego. Toda comunidad es un árbol. Es un árbol que necesita ser abonado con la paz y regado
con el diálogo. Una comunidad sin paz enajena su identidad. Una comunidad sin tolerancia
acaba aniquilando su destino. El respeto por el lugar donde se nace no puede prescindir del
respeto por la vida del semejante, de todo semejante.
La muerte ha sido siempre, es hoy y será siempre, un acto irreparable. La regla más elemental de
quien ame la paz, es decir, de quien ame sus raíces y a su propio destino, es saber que la muerte
de un semejante nos aleja de todo, incluso de nosotros mismos. De la paz, del diálogo, los
fundamentos de la vida, nace todo futuro. De la violencia, de la muerte, sólo nace más muerte.
La paz es revolucionaria. La paz es el fundamento mismo de la vida, de la identidad, del destino.
Optar por la vida, por ese elemental e inmortal sentimiento que significa no querer morir, y no
querer que nadie muera, es optar por nuestra tenacidad de amantes, de esposos, de hijos, de
padres, de personas. La paz es algo más que una necesidad política, la paz es algo más que una
necesidad social: es cosa más visceral y más profunda: es el derecho a no querer morir y es el
derecho, el sagrado derecho, a no entender jamás la violencia y la muerte.
Una comunidad que reclame su lugar en el mundo, que reclame su árbol, necesita de la paz, su
alimento más venerado, más fraternal y más alegre. Sentir perpetuamente el amor a la paz es un
requisito esencial a la propia autoestima. Renunciar a la paz es sofocarse en la vergüenza.
Renunciar al diálogo es negarse a crecer. Renunciar a la tolerancia es alejarse del destino. En la
paz, la discrepancia, cualquiera discrepancia, se convierte en diálogo, y sólo en el diálogo
habitan la identidad y la alegría. En la paz todo es cierto. Una verdad que recurra a la violencia
deja de ser verdad para ser solamente violencia. La paz consiente, y más aún, estimula la libertad
de todas las ideas, el acuerdo de toda discrepancia, el desarrollo de todo destino. Cualquier
verdad, cualquiera, que procure imponerse mediante la violencia, acaba convertida en mentira.
El camino de la violencia no conduce al reino del porvenir ni configura el propio rostro: sólo
conduce al infierno del miedo, de la angustia, de la amargura y de la muerte. Porque no es un
lenguaje. La violencia es ruidosa, pero es muda, y a todo lo enmudece. La paz es silenciosa, pero
habla y todas sus palabras tienden hacia la eternidad. La violencia, además, es regresiva: siempre
se vuelve contra quien la ejerce. La paz camina lentamente, pero siempre en la misma dirección:
hacia la tolerancia; el diálogo, el alivio infinito de la fraternidad. A fin de cuentas, el lenguaje
entero se apoya únicamente en una solitaria, prodigiosa palabra: es la palabra amor. La paz no es
otra cosa que la hermana pequeña del amor. Pero cualquier comunidad que no ponga el amor en
el centro de su horizonte, y en cada uno de los pasos de su camino, ha de saber que no camina,
que va a ninguna parte. Ni siquiera conserva su pasado, porque sin paz incluso las raíces se
secan, se confunden, se mueren.
Hoy, en este mundo torturado, una gota de paz, una sola gota de paz, es la puerta de la esperanza. Desde que el mundo es mundo, esa gota de paz nos
ha hecho humanos, duraderos, y nos ha socorrido de esperanza. Y como dijo el poeta: “Pido
la paz y la palabra”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
En Navidad:
Paz y libertad.
Aviso: Se ruega a los poetas que participen en el IV Festival Poético por la Paz y la Libertad,
cuya convocatoria figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/poemaIV.htm.
Invitación que se extiende a tod@s l@s niñ@s.
Gracias.