Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
“Sentía los cuatro vientos,
en la encrucijada
del pensamiento.”
Antonio Machado.
LA ULTIMA DE UNA SERIE DE ENCRUCIJADAS
Es una frase hecha la de que el hombre está hoy en una encrucijada, pero
es la pura verdad. Ello no es alarmante, porque estar en una encrucijada
quiere decir tener aún posibilidad de elegir. Lo peor sería estar en un
callejón sin salida.
La encrucijada en que estamos, o vamos en camino de estar todos, es la última
de una serie de encrucijadas. El curso histórico se ha convertido en
proceso geológico; el poder no es, pues, más que la presión enorme que
unas capas de la sociedad ejercen sobre las otras, y viceversa, sin que
pueda saberse quién cabalga sobre quién -quién manda-. Y de ahí que la
expresión “el poder por el poder” sea insuficiente para describir tal
situación histórica. Pues cuando aparece el poder que pretende
justificarse a sí mismo, el hombre que lo ejerce es capaz de
mantenerse por lo menos en equilibrio, de tener bien firmes, en nombre del
poder autojustificable, las riendas no sólo de la sociedad, sino también
de su propia persona. Nada de eso sucede en la conmoción “geológica”.
Algunos hombres, en vista de la situación, “se deciden” por el poder.
Bien. Desde el primer instante descubren que esta “decisión” no tiene
de tal sino el nombre. Se ha dicho que en tales momentos el poder es
usurpado. Esto sería sólo un modo de decir. Y sería mejor decir que el
hombre mismo se deja arrebatar por el mando. El hombre que sobre él anda
posee sólo la apariencia de la dominación y las fingidas riendas de la
desbocada cabalgadura.
¿Por qué, sin embargo, se decide por ello? La raíz psicológica es casi
siempre la misma: se trata de “medrar”, de “situarse”. Estos
hombres parecen tenerlo todo menos escrúpulos. Si la vida lo pide,
parecen decirse, démosle lo que pida. Dejémonos llevar por la corriente
del tiempo si no queremos ser anegados por ella. Algunos hasta llegan a
combinar la frivolidad y el mando; los ejemplos abundan desde Alcibíades.
El poder se consigue también con el cinismo; no es muy seguro que así
pueda conservarse. El frívolo pretende sólo vivir bien; el poderoso
quiere vivir.
En los momentos en que todo parece “inevitable”, el poder no se ejerce
ni como un medio ni siquiera como un fin.
El “político” no es el inadaptado: es el perfectamente adaptado, el
único que ha logrado verdaderamente “colocarse”. Corre el riesgo de
despeñarse pero si tal sucede será porque no habrá sido lo bastante
“político”, porque, conscientemente o no, habrá resistido a la gran
ola que de continuo lo empuja, o se le habrá ocurrido reflexionar sobre
ella y buscarle un “sentido”. En los momentos que nos ocupan, el
sentido de loa acontecimientos es que carecen de sentido. En esta situación
no es extraño que algunos se digan: ya que nos podemos tener el poder,
tengamos por lo menos su apariencia.
¡La apariencia del poder! He aquí el “secreto” de esta época. Vista
superficialmente, la política se hace en ella lo que es siempre de algún
modo, pero jamás tan desvergonzadamente: “realista”.
Se desentiende de toda la “idea”, de todo “programa”, de toda
“utópica palabrería”. Los “políticos” ya tienen bastante que
hacer con mantenerse en el sillón. Es la época de los “políticos”,
hábiles, astutos; los tiempos, relativamente “felices”, de los
“maquiavélicos”.
En ciertas épocas, la sociedad tiene un solo problema, urgentísimo:
subsistir. No se puede pensar en otra cosa; los “políticos”, los
“poderosos” no hallan ante sí otra cuestión. Más a poco que
reflexionen sobre su existencia y sobre la de los hombres en torno,
advierten que el vacío es igual en todos y que la gran ola del tiempo los
arrastra a unos y a otros, sin pausa y sin misericordia. Su ventaja -por
supuesto, nada desdeñable- es que se hallan “encima”, y de ahí que
se mantenga para ellos la motivación psicológica antes referida: el
“situarse”. Para el hombre cuya existencia consiste en escalar las
inestables cimas del mando, no hay modo de desdoblar la realidad de la
apariencia: lo que la sociedad parece ser, eso es lo que es. Y es que,
como dijo el poeta: “Según se vea / puede ser que una cosa / sea lo que
sea”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o
banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.