Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Cerca del Billar/Sala Recreativa de mi barrio, apenas
diecisiete años o menos, solía frecuentar el Billar/Sala Recreativa,
punto de reunión de bastantes jóvenes/adolescentes, cerca de ese lugar,
en la acera y asfalto, mientras andaba, veía papeles esparcidos, de tamaño
más o menos la mitad de un folio, donde se anunciaban una manifestación
a favor del consumo público del Hachís, me llamaba mucho la atención
esos folletos, nos informaban el lugar donde parten la manifestación y
donde culmina (empieza en Plaza Nueva, cerca del Palacio de Justicia y con
vista amplia de La Alhambra, recorriendo Gran Vía hasta llegar como punto
final de la manifestación en el edificio del Gobernador Civil –hoy se
llama Subdelegado de Gobierno nacional-). Nos pedían esos folletos que
nos lleváramos algo de hachís para hacer el Gran Porro en Plaza Nueva.
Actualmente llevo varios años sin fumar porros, a veces doy caladas si
alguien me ofrece, pero a pesar de que me gusta no me siente muy bien. Y
dejé de frecuentar ciertos lugares para adquirir hachís, las cosas se
tornaban muy complicadas.
Se lo comentaba a mi pandilla (la pandilla que habitualmente fumábamos
excesivos porros seguidos, como modos de reunión y de unión)... y
decidimos participar (al final decidimos solamente tres personas, los
otros andaban perdidos o no tenían ganas de levantarse a las doce de la
mañana para recorrer una manifestación o no estaban enterado
suficientemente...). Realmente a parte de que nos interesaban, teníamos
enormes curiosidades por la manifestación, esos folletos en plan
semicomics, estética más o menos Mili-k-k....
Ahora lo recuerdo, estuvimos en Plaza Nueva, un grupo numerosos pero
minoritarios, eran cientos, no demasiados pero si muchos, fumadores de
hachís, gentes comprometidas con la libertad, con la no represión del
consumo de drogas, en Plaza Nueva, la verdad es que liamos porros, estábamos
de guasas, mis dos compañeros y yo, observando el panorama, y viene uno
pidiéndonos, como recolecta, trozos de hachís para hacer el Gran Porro
(es una imagen bastante subversiva) cosas que negamos, y negamos todos, no
estábamos dispuestos a dar trozos de hachís, fue un fracaso, no importa,
hacemos el Gran Porro sin hachís, solamente con tabaco... Fuimos andando
en la manifestación, uno de mis compañeros se partía de risa, por que
las gentes nos miraban como bichos raros (más que raros, especialmente
subversivo, anarquistas, mili-k-k., estética punk, etc. Me acuerdo de
todo eso. Estuvimos en la verja del edificio Gobernador Civil como
trayecto final, era una manifestación pacífica, los policías
antidisturbios estaban pendientes de nuestras reacciones, no queríamos
movidas, nadie prestaban atención a nuestros actos (una manifestación
tan atípica), critiqué en el fondo a muchos intelectuales que no
participaron, a muchos que dicen defender el consumo libre de drogas no
participaron, no importaba, por que éramos nosotros los verdaderos
protagonistas de esa marcha... En los años ochenta y siete o
aproximadamente, con el gobierno socialdemócrata en el poder parecían
decidir la prohibición del consumo de hachís en lugares públicos... Por
eso manifestamos, a favor de nuestros derechos de consumir porros en un
pub, en una cafetería, en la peluquería, donde nos antojen y más. Al
final, no sé qué más pasó, si nos atendieron los ocupantes importantes
de tal edificio Gobernador Civil (se supone que cómo tratarnos que
somos como la escoria de la sociedad como piensan muchos, nadie se dignan
codearnos con nosotros, o como el protagonista de la novela de
Dostoievski, Memoria de Subsuelo, donde quién tratará de hacer un duelo
o pelearse con el insecto del protagonista que en cuanto a la estima no
llega ni a la suela del zapato...) Me importa un bledo todo.
En esos desvíos, cuando fumaba marihuana y asistía a frecuentes fiestas
de barrios, de la ciudad, conciertos, la marihuana me daba una visión cómica
de la realidad, y siempre estaba en pleno movimiento, mientras que el hachís
era todo lo contrario, me producía verdaderas pesadillas de la realidad,
lo veía todo tan negativo, que veía amenazas provenientes de todos los
lugares, con el hachís veía realmente que el hombre es un lobo para el
otro hombre y ataques continuados de ansiedades y delirios en mis edades
adolescentes y primera juventud.
Meses posteriores, recuerdo, tuve un sueño, que era la de comandar esa
manifestación y protagonizar un nuevo Mayo 68 francés, sí, me veía en
ese sueño comandando, como líder del grueso manifestante y con mi voz
tratar de derribar muros, protagonizar verdaderos piquetes, no solamente
para la liberación del consumo de drogas, sino también para la liberación
total de la sexualidad, por una educación con métodos pedagógicos más
permisivos, un acceso mayor a la Cultura con mayúscula, transformar
edificios abandonados en verdaderos edificios culturales, etc., extraño
sueño, pero en la realidad en esa manifestación real no tenía nadie
protagonismo, solamente las pancartas, pero nada más, no sabían las
autoridades a qué cabecillas dirigirse... ¡No teníamos cabecillas!,
todos éramos cabecillas, si lo decimos de esta manera, si me permite la
expresión, y somos los protagonistas en esta ciudad, por mucho bla, bla,
bla que existieran en otras instancias, pero a nivel de la calle éramos
los verdaderos protagonistas...
Me dejaba llevar, pero esas cosas pasaban, pasaban en el instituto,
pasaban en el barrio, pasaban en cualquier parte.