Por: Mariano Arnal
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Definimos la astrología en oposición a la astronomía, aunque en rigor léxico los contenidos de una y otra disciplina podrían mantenerse inalterables aunque se intercambiasen los nombres. La asignación de la desinencia logos (= razón, estudio) a uno, y nomos (= ley) a otro, no obedece a razones objetivas, sino a la simple necesidad de diferenciar entre sí dos momentos históricos distintos de una misma disciplina en primer término; y luego dos disciplinas absolutamente distintas que versan sobre la misma materia: las estrellas. Astron /ástron es en griego el genérico de estrella, que incluso se usa como colectivo para designar toda una constelación. Se distingue de asthr, asteroV astér, astéros en que éste se usa sólo para designar a las estrellas individuales, y es también el que se emplea para denominar las demás cosas que por analogía se llaman "estrella", desde piedras preciosas a flores, pájaros y animales marinos. Los griegos usaban indistintamente los nombres de astrologia (astrologuía) y astronomia (astronomía); pero preferían el primero para los discursos y disquisiciones sobre los astros (astrologein (astrologuéin) significa en especial disertar sobre los astros); y el segundo lo preferían para referirse a su estudio (astronomein (astronoméin) significa estudiar los astros).
No está en los griegos el origen de la astrología, sino en los caldeos y en los egipcios, de quienes la recibieron. Las preocupaciones cosmogónicas de los primeros filósofos griegos, en que se mezclan teorías y visiones religiosas de carácter panteísta con disquisiciones geológicas y astrológicas, tienen mucho que ver con la invasión de sacerdotes astrólogos procedentes del imperio asirio-babilónico (¿fue la torre de Babel (Babilonia) un altísimo observatorio astronómico desde el que querían tocar el cielo?). Incluso el carácter críptico que tuvo en los primeros tiempos (Pitagorismo) se debería a la condición de secreto, oculto, mistérico, que tenía en estos pueblos. La gran proliferación de estos sacerdotes sabios a que dio lugar la caída de ese imperio mesopotámico, popularizó de tal modo estos conocimientos, que perdieron su carácter de secretos. Hay que observar a este respecto que tratándose de una cuestión adivinatoria que afectaba a la salud y a la suerte de cada uno, un reverencial secreto formaba parte de su forma ritual. Hasta el mismo Platón tuvo que ocuparse de la astrología como de un cuerpo de doctrina filosófica. Tampoco Aristóteles pudo luchar contra la astrología. Se limitó a separar la meteorología del bloque único que formaba con la astrología y la astronomía. Incluso hubo una escuela médico-folosófica-astrológica, la de Alejandría, que diagnosticaba las enfermedades por medios puramente astrológicos (no olvidemos que toda la medicina tenía carácter especulativo, y era normal que el médico no viese ni tocase al enfermo). También fue singular la relación de los romanos con la astrología. Se persiguió repetidamente a los astrólogos como gente peligrosa por difundir doctrinas contrarias a la religión del estado. Tuvieron sus mártires, lo que atrajo aún más la curiosidad de los romanos por esas artes; pero fueron las romanas las que más atención les prestaron: no se atrevían a dar un paso sin consultar previamente a los astrólogos, a los que llamaban matemáticos (mathemátici; así Tácito y Juvenal, que les dedica sus sátiras). (Continuará)
Mariano Arnal
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