Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Temiendo tu valor, tu ardiente espada,
sublime Carlos, el bárbaro africano,
y el bravo horror de ímpetu otomano
la altiva frente humilla quebrantada.”
Fernando de Herrera. A Carlos V Emperador.
LA VOZ DEL EMPERADOR
Entre los aspectos positivos de la personalidad de Carlos V se citan la religiosidad, su amor a la
justicia, su gusto por los negocios de Estado, al tiempo que se enfatiza el gesto de su abdicación
de Bruselas, un adiós al poder que revela su “épica grandeza”, para concluir con la halagadora
constatación de su “sentido ético de la existencia” como principal elemento de definición. Entre
los defectos, se mencionan la sequedad de su trato, su tendencia a olvidar las recompensas
merecidas por sus servidores o su afición a la guerra y su ansia de protagonismo militar.
Finalmente se reseñan su inclinación a las mujeres y su apego a los relojes y los mapas, mientras
sus gustos artísticos se ejemplifican en su amor a la música y en su conocida estima por Tiziano.
Carlos I de España y V de Alemania nace en Prisenhod (Gante), el 24 de febrero de 1500. Hijo
de Felipe el Hermoso, de la casa de Habsburgo, y de Juana la Loca, de la casa de Trastamara.
Hereda: de Maximiliano I, su abuelo paterno, los territorios del archiducado de Austria; de
Fernando el Católico, su abuelo materno, los reinos y posesiones de la Corona de Aragón, y de
Isabel la Católica, su abuela materna, Castilla y todas sus posesiones. Rey de España en 1516 y
emperador de Alemania en 1519. Era el rey más poderoso de su tiempo, con dominios en
Europa, Africa y América, pudiendo decir que no se ponía el sol en su Imperio.
Su reinado consagra la idea del Estado nacional renacentista, a la que Carlos V añade la idea
imperial europea, de restauración de un Imperio cristiano regido temporalmente, a la que se
oponen Francisco I de Francia, el Papa y el espíritu nacionalista de la época, contrario al Imperio
medieval pretendido por Carlos V. Su sueño de dominación universal le obligó a luchar contra
Francisco I en cuatro guerras, logrando vencer al monarca francés en Pavía y obligándole a
firmar el Tratado de Madrid (1526). También peleó contra Solimán II, sultán de los otomanos, y
contra los luteranos de Alemania. Detiene el avance hacia Viena de los turcos, a quienes
conquista Túnez y La Goleta. Con los protestantes firma la paz de Nuremberg (1532), les derrota
en Ingolstadt (1546) y Mühlberg (1547), pero en 1548 concede un estatuto de igualdad de
derechos entre católicos y protestantes.
No supo hacerse querer por sus súbditos de España, a quienes agobiaba con excesivos impuestos
originados por su ambiciosa política exterior, y a los que desagradaba sobremanera la corte
flamenca que introdujo en el país. A principios de su reinado estalló la sublevación de las
Comunidades que termina ahogada en sangre. Los comuneros fueron derrotados en la famosa
batalla de Villalar (1521), siendo condenados inmediatamente a muerte y ejecutados sus jefes
Padilla, Bravo y Maldonado. Igualmente las tropas del rey derrotaron el movimiento de las
Germanías de Valencia y Mallorca, en 1521 y 1523 respectivamente.
No pudiendo, a pesar de su autoridad y su gran energía realizar completamente sus proyectos
ambiciosos, y cansado del poder, abdicó en 1556 y se retiró al monasterio de Yuste (Cáceres),
donde murió el 21 de septiembre de 1558. El retiro de Carlos V, y sobre todo sus funerales, a los
que, según una tradición reconocida hoy por falsa, quiso asistir en vida, han sido objeto de
frecuentes alusiones. Le sucede en España su hijo Felipe II, en Alemania su hermano Fernando I.
La idea imperial de Carlos V muere con él, pero sus sucesores en España pretenden continuar
siendo el brazo armado de la Iglesia y de todos los reinos católicos frente al protestantismo.
El siglo XVI es el siglo de la historia americana e imperial más fecundo y nutrido de los tres
siglos de poderío territorial de los españoles en el mundo. En este siglo se perfila de un modo
claro el mapa de los dominios españoles y se definen las rutas de expansión. En realidad, en
1517 comienza la ola de las exploraciones americanas fructíferas, Grijalva, hombre de Cuéllar,
como Diego Velázquez, es el verdadero descubridor de México, llegando mucho más allá de
donde luego Cortés fundara la villa rica de la Vera Cruz. El año 1519 es el jalón inicial de la
conquista de México, llevada con pericia singular, tacto, y valor no igualado sino por Pizarro,
por Hernán Cortés. En la misma fecha se iniciaba el crucero, que había de ser inmortal, dirigido
por Magallanes y en cuyo curso había de descubrirse la comunicación entre los dos “mares” -el
del Sur y el Atlántico-, las islas Filipinas, islas e islotes oceánicos, comprobándose además de un
modo práctico la esfericidad terrestre.
A partir de entonces ya se sabe en la Casa de Contratación de Sevilla -y por lo tanto el Consejo
de Indias, el rey y los organismos solventes de España- cuáles son las fronteras geográficas del
mundo que comenzaba a señorearse. En 1526 se lanza la expedición que tenía por objeto
completar el dominio colonial de España con la Florida.
La Edad de Oro (lo de siglo suele resultar poco exacto) de las letras españolas comienza en la
época de Carlos V, emperador que cuenta entre sus más heroicos capitanes con Garcilaso de la
Vega, que ante su vista cayó herido peleando en la campaña de Provenza, y que fue considerado
tanto por Cervantes como por Lope de Vega, el primero de los poetas castellanos.
El reinado de Carlos V podría resumirse en dos frases: El gran legado de Carlos V fue la unidad
espiritual de Europa y España tuvo una influencia muy significativa en la confección de la
política imperial. Y es que, como dijo el poeta: “Alce España los arcos en memoria / y en
colosos a una y otra parte / despojos y coronas de victoria, / que ya en la tierra y mar no queda
parte, / que no sea trofeo de tu gloria, / ni le resta más honra al fiero Marte”.
Francisco Arias Solis
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