Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Llora el Amor en su navío errante
y a la tormenta libra su cuidado,
porque son dos: Amante desterrado
y Amado con perfil de navegante.”
Leopoldo Marechal.
LA VOZ DEL AMOR DIVINO Y HUMANO
“Leopoldo Marechal -escribía Ernesto Sabato- pasará a la historia de la lengua castellana como
insigne hito de la poética y la narrativa. A ese monumento que le tiene reservado el tiempo no se
le pueden arrojar bombas de alquitrán, y ha de ser invulnerable al insulto, la ironía, la envidia y
el silencio: esos premios que con harta frecuencia los hombres de letras de nuestro país
confieren a los que deberían honrar”.
Leopoldo Marechal nace en Buenos Aires el 11 de junio de 1900. Hijo de padre uruguayo, de
ascendencia francesa, y de madre argentina, de ascendencia vasca. En 1913 terminada la escuela
primaria quiere inscribirse en la secundaria, pero al no tener la edad reglamentaria tiene que
esperar dos años. Intenta trabajar en una fábrica de la que a los pocos días es despedido por
arengar a los trabajadores para que pidieran mejoras salariales. En 1916 ingresa en el Instituto
Mariano Acosta. Al poco de la muerte de su padre, ocurrida en julio de 1919, Marechal
comienza a trabajar en la Biblioteca Popular Alberdi. En 1921 da clases en la escuela Juan B.
Peña. Un año más tarde publica su primer libro de poemas Los aguiluchos. Inicia su
colaboración en las revistas Proa y Martín Fierro.
En 1926 viaja a España de donde se traslada a París.
A su regreso a su país retoma la docencia y trabaja como redactor fundador del diario El
Mundo. Junto a Francisco Luis Bernárdez funda la revista Libra. Viaja nuevamente a Europa. En
1934 se casa con María Zoraida Barreiro, joven profesora de Letras. En 1940 recibe el Primer
Premio Nacional de Poesía. En plena juventud, en 1947, fallece su esposa. Un año más tarde
viaja a Europa y dicta conferencias en Madrid y Roma. El 8 de diciembre de 1948 sufre un grave
accidente automovilístico, en las cercanías de Torquemada. Antes de dejar España recibe la
condecoración de Alfonso X el Sabio. En 1951 se estrena, en el Teatro Nacional Cervantes,
Antígona Vélez que luego recibirá el Primer Premio Nacional de Teatro. En 1967 viaja a Cuba
invitado por la Casa de las Américas para formar parte del jurado del certamen anual de
literatura. Leopoldo Marechal muere en Buenos Aires el 26 de junio de 1970.
Marechal militó en las filas del catolicismo nacionalista y de justicialismo peronista. Durante el
período 1944-1955 ocupó cargos oficiales. Esta última circunstancia lo llevó al enfrentamiento
político con antiguos compañeros de generación literaria y relegó su propia obra al olvido
durante dos décadas. Las nuevas generaciones, en cambio, redescubren la obra de Leopoldo
Marechal, precursora -sobre todo en la narrativa- de las búsquedas de la literatura
latinoamericana. La estrecha relación vida-obra, el voluntario exilio espiritual, la firmeza de sus
convicciones, deben sumarse a los datos concretos de su biografía. La obra de Leopoldo
Marechal puede observarse como una totalidad, como una Poética que incluye la poesía y el
teatro, el ensayo y la novela. Más allá del mayor o menor mérito que corresponde a cada uno de
los trabajos, lo que importa señalar como detalle significativo es la coherencia de la obra, su
elaboración a partir de ideas y sentimientos que conforman una concepción del mundo. En esta
concepción confluyen diversos intereses estéticos, filosóficos y religiosos que se integran en la
madurez vital y creativa del poeta Leopoldo Marechal empieza a escribir por el ultraísmo, que luego abandona y después de haber
militado en el grupo de Martín Fierro y de Proa, se volcó hacia la poesía mística española del
siglo de Oro, cantó el amor humano y divino en versos de exquisita factura clásica. Con todo,
pese al afinamiento en las formas, su poesía no alcanza tonos extraordinarios ni en Días como
flechas, ni en las Odas para el hombre y la mujer, ni tampoco en Laberinto de amor, Cinco
poemas australes y Sonetos a Sofía. Mayor importancia tiene, por la variedad de los temas y por
la audacia de la forma, la colección de poemas Heptameron.
Marechal es uno de los más notables narradores argentinos. Su novela Adán Buenosayres (1948)
es un descubrimiento todavía reciente para las crítica hispanoamericana. La obra sigue siendo,
incluso hoy, lo mejor de la narrativa de Marechal por su interpretación del alma múltiple de la
capital argentina y la sorprendente novedad del lenguaje. Adán representa al argentino con su
idiosincracia, sus problemas sin resolver, sus angustias, su inadaptación y sus aspiraciones. Esta
obra marca para muchos el inicio de la época dorada o “boom” de la narrativa
hispanoamericana.
Transcurridos varios años desde su primera novela, Marechal vuelve a la narrativa con El
banquete de Severo Arcángelo y luego con Megafón o la guerra. La precisión aritmética, el
ostentoso juego de fórmulas, humorismo o ironía, hacen que los libros de este escritor sean una
lectura siempre estimulante.
Cortázar ha declarado que con Adán Buenosayres, Marechal entra resueltamente en una vía por
la que deben obligatoriamente transitar, sin excepción, quienes pretendan escribir novelas
argentinas, la vía de no tratar de resolver las antinomias y los contrastes con un estilo
comprometido, sino de expresar “rapsódicamente las maneras que van correspondiendo a las
situaciones sucesivas, la expresión que se adecua a su contenido”. Y como dijo el poeta
argentino: “Si fuera uno, Amor, no existiría / ni llanto, ni bajel ni lejanía, / sino la beatitud de la
azucena”.
Francisco Arias Solis
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Invitación que se hace extensiva a los colegios para que también todos los escolares del mundo
pongan en el corazón de los valores universales la paz y la libertad.
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