Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
UN COMPROMISO PARA LA PAZ
Paz en todos los hogares.
Paz en la tierra, en los cielos,
bajo el mar, sobre los mares.
Rafael Alberti.
EDIFICAR LA PAZ
EN EL ESPIRITU DE LOS HOMBRES
Vale la pena insistir en que la paz es el problema central y que toda solución enraíza y
culmina en la paz. En otro caso es una solución fugaz para problemas urgentes, para temas
apremiantes, pero no esenciales para el futuro de la humanidad. Y la paz no es algo que
depende exclusivamente de las superpotencias o de los otros. La paz implica un
compromiso personal.
Es necesario trabajar por la paz. Pero trabajar por la paz es, sobre todo, esforzarse a
fin de que se superen los prejuicios, las ideas falsas y la intolerancia que son fuentes
de agresividad y de guerra. Por eso es preciso, ante todo luchar contra las injusticias,
las desigualdades y las causas profundas que atentan contra la dignidad humana y crean un
clima propicio para la guerra y la incomprensión.
Es extraordinariamente importante sensibilizar a la opinión pública mundial respecto a
los beneficiosos lazos que podrían establecerse entre desarme y desarrollo. En efecto, la
noción de desarrollo está indisolublemente ligada a la de los derechos sociales,
económicos, culturales, civiles y políticos, y al advenimiento de un nuevo orden
internacional. Hay unos vínculos estrechos entre el desarme, la protección efectiva y
los derechos del hombre y el desarrollo.
Es necesaria, pues, una toma de conciencia y un compromiso de activismo ético.
El desarme no es un objetivo imposible ni la paz en la justicia es una aspiración
inaccesible. La violencia y la guerra no deben entenderse como instintos inevitables y
fatales, sino como inventos históricos utilizados por quienes detentan el poder en
beneficio de sus intereses. La educación está en la base de la justicia, la educación
está en la base de la paz; la educación está en la base del nuevo
orden. Para construir las defensas de la paz en el espíritu de los hombres hay que hacer
una llamada a los enseñantes, a los medios de comunicación, a los padres, a los
científicos, a los intelectuales.
Es necesario -asumiendo el impacto económico que produzca- terminar a rajatablas con el
bochornoso espectáculo de la venta de armas por parte de países y de partidos políticos
que manifiestan teóricas posiciones pacifistas y que condenan a bombo y platillo la
guerra nuclear... cuando no importa la modalidad con que te matan, sino morir.
Edificar la paz en el espíritu de los hombres... Una paz que se apoye sobre las bases
irremplazables de la educación, la ciencia y la comunicación. Una paz construida sobre
la piedra angular de los derechos del hombre, entendida en el sentido más amplio del
término que no admite ni restricción ni concesiones. Una paz que supone la transparencia
de los actos, la precisión y el rigor de los proyectos, en la que no se confunda
desarrollo con crecimiento económico, bienestar con riqueza, educación con
adoctrinamiento, transferencia de conocimientos con colonialismo tecnológico. La paz no
puede ser entendida como una simple ausencia de guerra, como el resultado de un cierto
equilibrio de terror a cuyo amparo, por otra parte, las guerras locales y las agresiones
locales limitadas se multiplican y se extienden. La paz es un concepto eminentemente
positivo, e implica un inmenso esfuerzo de respeto mutuo, de compresión compartida, de
cooperación leal, por el que los hombres y los pueblos aprenden a desarrollarse juntos.
Así, la paz podría ser definida como una de las condiciones esenciales de la plena
realización de los derechos del hombre, de la afirmación de la identidad personal de
cada individuo y de la identidad colectiva de todas las naciones.
Somos nosotros los que debemos poner en práctica la escueta y grandiosa llamada de
Bertrand Russel y Albert Einstein en su manifiesto de 1955: Apelamos como seres
humanos, a seres humanos: recordad vuestra humanidad y olvidar el resto.
No se trata de reproducir recomendaciones bien elaboradas sino, sobre todo, de su puesta
en práctica. Cada uno de nosotros, cada científico, cada enseñante, cada padre, cada
autoridad, cada pueblo, cada organización internacional debe evitar que se le pueda
aplicar el antiguo poema de Wu: Sus palabras son bellas... pero luego no cumplen sus
promesas.
A escala nacional, es necesario adoptar un criterio global de defensa de la libertad
nacional e individual, que comprende la disponibilidad en tiempos de paz de los resortes
para la guerra.
Así; ¿qué hace un helicóptero varado, esperando una guerra que no debería llegar
nunca, cuando hay mujeres y hombres que requieren con urgencia, por razón de vida o
muerte, sus servicios?...
En la lucha contra el narcotráfico, etc. todos los mecanismos de defensa deberían
actuar...
A escala internacional, es preciso participar, con acrecentado vigor, en el esfuerzo por
instaurar un nuevo orden que se funde sobre una comprensión más y más profunda y una
colaboración cada día más intensa entre países desarrollados y países en desarrollo
en los campos de la educación, de la ciencia, de la cultura y de la información, para
buscar en común, en un clima de paz, soluciones satisfactorias a los problemas que se
enfrenta la comunidad internacional. Se trata de reforzar la paz y la seguridad
internacionales, asegurar el respeto a los derechos del hombre, combatir el colonialismo y
el apartheid, rebelarse contra las múltiples formas de dominación de un grupo humano
sobre otro. En esta perspectiva se hace necesario incrementar los esfuerzos de la
comunidad internacional para estimular en todas partes, un desarrollo centrado en el
horizonte del tiempo del derecho de los hombres a la paz. Y como dijo el poeta:
¡Paz, paz, paz! Paz luminosa. / Una vida de armonía / sobre una tierra dichosa.
Francisco Arias Solis
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