Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
A ver qué cara te vas a poner hoy, vamos con los
nervios encendidos, hombres de acción, me asustan los hombres de acción,
en vez de pensar actúan. Acting. Tuve esa especie de “acting” por
llamarlo de algún modo, que era escaparme por varios días de mi casa, y
no era ir lejos de la ciudad, sino refugiarme en un barrio de mi ciudad, y
buscarme la vida como pueda, bueno, en realidad conocía el barrio por que
allá estudiaba en un instituto de enseñanza secundaria. El barrio es
viejo, histórico, de casitas bajas, con muchas calles laberintosas, te
metes por una calle y terminas sabe dios donde, como ratón en un
laberinto, cosas de los musulmanes, así cualquiera no sabe por donde
empezar o terminar, con esos vericuetos, con esas calles tan laberínticas,
si me perdía tenía un método para llegar al centro de la ciudad, que
era bajar y bajar, si encuentras cuestas abajo pues seguir con la
pendiente, luego llanura, pues sigas buscando cuestas abajo, así, por ese
lado, y luego te acostumbra, ya, bajo y bajo y encuentro la salida, de las
cientos de salidas... Un día estaba en el mirador, luego en un edificio público
que entras y no es un edificio de nadie, pero en un santiamén te
encuentras en ese edificio, y así, como un mundo en sueño hecho
realidad, las calles tan pedregosas, apenas circulan coches, no hay
asfalto salvo determinadas calles que pasan microbuses y automóviles...
Estar en esos laberintos es encontrarte con caras conocidas o no
conocidas, pero el suspense era qué cara iba a encontrarme, ese es el
problema, con tantos laberintos qué caras te encuentras así de buenas a
primera. Mi estado era cada vez más lamentable, sin dinero, con la misma
ropa que desde hace meses dejé la vivienda, me dediqué a mendigar en tal
barrio, trataba en la medida de posible guardar las formas, la compostura,
pero todo se me caía como un castillo de arena cuando es lamida por el
mar, siempre había alguien que me proporcionaba ciertas comidas,
bocadillos y tal, o algún que otro que me proporcionaba dinero para
comprarme algo. Pero no era una vida fácil, siempre había otros que eran
demasiado canallas, y aprovechaban mi debilidad, me hacían marear con sus
mentiras, querían gozar de mi humanismo... y a la vez como mandarme al
cubo de basura. Parecía que no estaba en ningún bando, ni de los
marginados, macarras, fuera del sistema, ni de los acomodados, con sus
hogares y viviendas y trabajos; no me adaptaba en ningún lado, como si
estuviera en medio de bandos contendientes y recibiera balas de todos los
sitios. De todos esos meses difíciles fuera de mi hogar y vida vagabunda,
había un determinado momento humano, salía de un viejo edificio
abandonado, y una vez en la calle me topé con una mujer de unos cuarenta
años con su hijita de unos siete años aproximadamente, pedí a la mujer
algo de monedas, y pensé que me iba a rehusar, rechazar, mandarme a la
mierda, y sabes lo que pasó... me invitó una cerveza en el bar más próximo,
con su hija delante. En la barra del bar, ella me hablaba de muchas cosas,
y estaba muy interesada en mí, mi vida en plan vagabunda, la niña estaba
callada pero su mirada era tremenda, taciturna... Era raro encontrarme
gentes así cuando estaba en plan vagabundo por ese barrio. Era difícil
acostumbrarse a lo sórdido.
Muchos amigos míos abandonaron los hogares familiares, y en plan
vagabundo, recorrían la geografía europea, especialmente algunos iban a
París, otros pues a otras ciudades, cogían trenes o hacían autoestops y
cambiaban de ciudades... Uno en especial me dijo que fue una mala
experiencia eso de largarse del hogar así de buenas a primeras y
encontrarse situaciones diferentes, hasta el límite de lo inhumano para
algunos... Ser vagabundo es una profesión admirable para algunos, que actúen
en función de su deseo, o por lo que sea, pero eso que va muy con los
tiempos que corren, los cabezas rapadas esos, y gentes así, hacen la vida
imposible a los vagabundos, incluso a otros vagabundos hacen la vida
imposible, entre vagabundos hay cosas raras, vidas imposibles, rencores,
un poco de todo. No sé por que te cuento todo esto, quizás por que te
veo venir, como que en ti no hay nada claro, no tienes deseo de trabajar
ni de estudiar y estás toda la hora como remoloneando... Es un poco caótico
lo que pretendo decir, creo que fue un error en mi vida, ese no era mi
deseo en realidad, sino era sencillamente salir del ambiente asfixiante
familiar, e influido por ciertas lecturas.
El otro, que escuchaba esa confesión del exvagabundo le importaba un
bledo la confesión del vagabundo, más que nada lo que le interesaba es
por qué le contaba esas cosas, el otro sabe que su conducta va contra
todo, no es algo medible, no es algo normal, y entonces el exvagabundo
sospecha o ve venir la vida difícil... Y tan complicado todo. Lo
incompresible es que uno llegara de ser vagabundo a director de una
sucursal bancaria. Pero que ahora el director venga diciendo su
experiencia pasada, y no muy satisfecho con su profesión, a qué viene
contando esas cosas, está bien, con su verborrea con muchos números por
medios y estadísticas, el otro se largó por que parecía todo tan de
pesadilla, las palabras pesaban mucho, y bueno, no sabía cómo se topó
con el exvagabundo que cuenta esas cosas. Por fin se escurre entre el
grupo de gentes que estaban en la sucursal y sale al exterior, a la calle,
un paseo no viene mal.