Por: El Chasqui Latinoamericano
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Argentina: De la Rúa presidente
En medio de una de las crisis más profundas de su historia, asumió la presidencia de la República, Fernando de La Rúa. En una opaca ceremonia con mínima repercusión popular, el gobierno de la Alianza, triunfadora en los comicios del pasado 24 de octubre, inicia su mandato enfrentando, ya antes de empezar a gobernar, los primeros signos de decepción que embargan a su propio electorado. No se trata ya de la confirmación del modelo menemista neoliberal, que el flamante gobierno se comprometió a continuar con más prolijidad, ni de la presencia nutrida de personeros directos del imperialismo en el gabinete( Lopez Murphy, Rodríguez Giavarini, Machinea, Santibañez) sino de anuncios concretos que afectan el bolsillo de la misma clase media que lo votó masivamente con la vana ilusión de un “cambio”.
Impuestazo, ajuste y cesantías son las palabras de orden con que se “estrena del mando” la coalición de radicales y progresistas. Pero si entre sus seguidores no puede sino prosperar una mezcla de desilusión e impotencia, los “mercados” disfrutan de uno de sus mejores momentos. Por primera vez en muchos años se realiza un tránsito tan ordenado y pacífico de un gobierno a otro de diferente signo político. Otro mérito adjudicable a la lista de “Menem lo hizo”, pues después de todo es por obra de la profunda “transformación” resultante de una década de gobierno menemista que, en la democracia colonial argentina cambian los gobiernos, pero el poder sigue en las férreas manos del imperialismo. Mientras los bancos, el FMI, el BM y las trasnacionales gobiernan la economía, una partidocracia satélite del poder económico mundial gobierna la política argentina y vigila que la voluntad popular, formalmente respetada, no se salga de cauce.
Pareciera que está todo en orden, pero en el subsuelo social del país crepita un descontento tan profundo como extenso. No tuvo un partido que lo expresara en las últimas elecciones y ciertamente el gobierno de la Alianza carece de
respuestas y soluciones para esos millones y millones de compatriotas que componen el mapa de la exclusión social, de esa Argentina marginada de desocupados, pobres críticos, trabajadores sin derechos y también de científicos, profesionales, técnicos e intelectuales sin destino en un país entregado a la dictadura mundial de la globalización.
A su turno el PJ, divorciado tantos años del nacionalismo popular peronista,
parece en camino de sumergirse en una despiadada lucha interna con vistas al 2003, en la que tercian Menem y varios gobernadores “exitosos” ( De la Sota, Ruckauf, Reuteman).Pero si esta lucha prevalece en la
superestructura, en los estratos sociales más profundos del peronismo se abre paso un debate que, entre otras cosas, plantea definir la identidad peronista de cara al nuevo siglo. Lo que en definitiva equivale a optar entre las banderas históricas, independentistas y sociales de Perón o una nueva versión del “menemismo de mercado”.
Por su lado las tendencias nacionales más consecuentes, entre las que se enrola CAUSA POPULAR, enfrentan el desafío de elaborar el nuevo proyecto patriótico que encare con sentido de grandeza y perspectiva latinoamericana, el viraje, el giro histórico que los acontecimientos preparan con su silencioso trajinar diario.
Algo se percibió en el frío clima que rodeó el traspaso de gobierno. Ese sordo rumor que anuncia desde abajo el crecimiento de la protesta y la impugnación al orden existente, que no se resigna a una Paria oprimida, empieza a buscar su forma de expresión, y es seguro que si no encuentra elcamino de las urnas, no tardará en ganar la calle.