DEDICATORIAS - A VERONICA


Por : Diego Cruz
diegocruz1@mi.madritel.es


A: Verónica

Verónica es la niña bien, morena y pícara, que ha dejado esta mañana una sensual estela de lirismo aupada hasta mis ojos. La he oído hablar con su voz en tono consentido, ámbar del mimo que vive entre cristales, alrededor de palabras que salen de la conversación hacia la nada.



    Verónica, con su vaquero ceñidísimo, marcando esa penumbra oscura que uno es capaz de adivinar o soñar desde el cerebro, y todo su ritual de gesto al socaíre de la mañana ya mucho menos rutinaria. Danza de aquí para allá como una ninfa parapetada en la seguridad de su dinero, viendo la vida desde la fila más cómoda y menos concurrida, mientras sus labios casi obscenos se van posando alrededor de una botella de agua, sin gas, de la cual bebe con desgana.



    Verónica, sí, como ideal lírico que me he autoprodigado alrededor de unos instantes, mermando así la astucia canalla que uno suele ver en tantos ojos, o esos modales cínicos que se prodigan siempre en sucesión continua, embebidos en cifras y tramas de negocios, dejando siempre al margen el himno silente de esta vida que, por encima de todo, siempre séra irrepetible y única.



    Para Verónica, pues, esta prosa doméstica que se abriga entre los flecos de la edad y algún gesto capaz que se erige en sensitivo. La musa de una justa porción de tiempo proclive al erotismo, saliéndonos así de la clónica vereda de las jornadas laborales, en cuyo fondo hay un alquiler de nómina y hastío donde se guardan muy bien las formas que prestan su usura al vasallaje.



    Verónica, cuyo nombre siempre me ha sonado a íntima música que uno puede permitirse celebrar con los labios; cuerpo que incita a la pasión sensual que luego nos chorreará una prosa parda para llevarla hasta la página. Verónica, ay, percibida en tono macho y golfo, secuencia que fluye, y trepa, hasta las cómplices veredas del ensueño...