Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Desconcierto oposicional (Diario de Carolina)
Sí, el primer ejercicio para los opositores, un ejército de opositores para
ocupar migajas de plazas para el Excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad.
Nerviosismo a flor de piel. Se dan cita para la realización del primer
ejercicio a las dos de la tarde. Qué bien, a las dos de la tarde, ¡no podría
ser otra hora! El lugar para realizar el primer ejercicio es en el Palacio de
Congreso de la ciudad.
Lo digo, sentía desgana, comí con mucha antelación, sé que dicen que es a
las dos pero luego se alarga el tiempo. Se retrasa. Comí algo.
Competencia entre opositores. Desconcierto. En el hall del Palacio de Congreso,
se abren puertas, acceden los opositores, estábamos como sardinas en latas,
aprisionados, desconcertados, todos buscaban una referencia, o sea, la
referencia era el panel donde ponían los respectivos apellidos por orden alfabéticos
y salas a ocupar. En principio ese panel de tamaño rectangular, de un metro de
altura por dos de largo, era un escollo para la entrada de los opositores,
estaba en la entrada y se ralentizaba la entrada de los opositores, a algún
funcionario se le ocurrió la feliz idea de desplazar el panel a varios metros
de la entrada y así agilizar la entrada de los opositores, (quién no recuerda
esos sucesos de los Estados de Fútbol a causa de aprisionamiento de gentes, de
esa avalancha, y mueren gentes por aplastamientos y asfixias –se me vino a la
cabeza ese recuerdo televisivo, quizás recordaba cosas exageradas, no ocurrió
eso con los opositores...-) La masa social opositores. El sonido de la megafonía
era apenas audible y bastante desconcertante. Me perdí, el panel dice tal
apellido a tal planta menos dos y por allá, o sea, que me perdí literalmente,
y no paraba de dar vueltas por el edificio. Entre una cosa y otra, a través de
una amable opositora pude orientarme y dar con mi lugar. Y me senté... y esperé
y esperé, el examen empezó aproximadamente a las cuatro de la tarde. Una de
las funcionarias examinadoras desconcertó a los opositores, diciendo que si
responden tales preguntas te dan eso y aquello, si responde mal te quitan puntos
y obligatoriamente habría que responder equis preguntas y media hora después
rectifica diciendo que era otra cosa. Los opositores pataleando y gritando, por
un lado por el retraso del examen y por otro lado por que los examinadores no
saben dónde se encuentran y no saben realmente que dicen o qué tienen que
decir en relación a normas para las realizaciones de ejercicios y otras
historias. Realmente me divertí bastante con el desconcierto.
Para eso prefería un concierto de Rock.
O un bocadillo de mortadela.
Si respondes veinte preguntas bien te darán quesos, y si responde diez mal
vuelva mañana otra vez y si respondes cincuenta bien hay que tener en cuenta
los criterios de valoración del comité invisible. Realmente esas expresiones
no son a causa de un enojo personal, me importa un bledo, sino por que
esas cosas desquiciantes y desconcertantes provocan palabras burocráticas y
kafkianas y desconcertantes y...
De cada miles de opositores corresponden equis plazas, esa avalancha opositora,
hay que regular el caudal, el Estado se lava las manos frente a las
frustraciones sucesivas de los opositores, y una vez metido en el meollo del
temario, no dice la Constitución que todos tienen el Deber y el Derecho de
Trabajar, por lo visto no se cumple, entonces por qué meten a la cárcel a los
que no cumplen el Servicio Militar.
Opositores, caras soñolientas, caras cansadas, frustrados, sucesivas pruebas,
una mala hora, desconcierto, desconcierto opositor.
Un mecanismo especial de tortura psicológica, opositores que se tiran años
tratando de superar oposiciones, pruebas o pamplinas. También pateras de
impaciencias, desconcertante, para cruzar el mar y pisar lugar paradisiaco
vendido por televisión, la maquinaria estatal es una fábrica de ilusiones, por
muchas leyes que rigen por la igualdad, principio de igualdad, proporcionalidad
o no sé ni me interesa, un doctor en Derecho para superar oposiciones de
Auxiliar Administrativo, un Ingeniero para superar pruebas de subalterno, no hay
igualdad, puesto que el Doctor en Derecho supera en conocimientos al simple
graduado escolar.
Lo que me desconcierta es que el Estado no tenga sensibilidad por las
frustracciones sucesivas de los opositores, mejor que se suiciden
colectivamente.
En el mundo no hay derechos iguales para todos, o sea, tengo el derecho de
rascarme la nariz. O sea, señores opositores, en vez de patalear y gritar como
ha ocurrido esta mañana, pues a otras cosas, no pongáis caras pálidas, no estéis
en la onda del Estado, el Estado está para los funcionarios, con todas sus
dietas, sus pocas horas a la semana, sus pagas, sus vacaciones, sus formaciones,
sus cuidados al niño, sus tocarse el ombligo, sus protecciones estatales y médicas,
sus desarrollos intelectuales en función de puntuaciones en proporción a la
gracia burocrática, inventemos un lenguaje, destapemos las miserias del Estado.
¿Tomar el poder?, no, por que nos burocratizamos, nos imbecilizamos, si nos
hacemos funcionarios, si somos tocados por la gracia, para no imbecilizarnos
seguir con la subversión, o hacernos funcionarios para liquidar ese ambiente
pegajoso burocrático y político y hagamos arte.
Bueno, son especulaciones mías, especulaciones literarias, me permite expresar
cualquier cosa...
Erase una vez uno que está en un lugar de trabajo en la cual los trabajadores
son ladrones, roban todo lo que pillan, incluso roban a ellos mismos. Bien. Ese
uno se encuentra en una situación privilegiada por que no es robado y es
respetado por los ladrones, y sacó tres conclusiones, que más bien, satíricamente,
sería amor propio, humorístico. Las tres conclusiones son: 1)Siempre y cuando
no me roben todo está permitido. 2)La propiedad privada es un robo. 3)En caso
de que me roben, entonces diría... ¡Todos son unos degenerados! ¡Y además
anulo la primera y segunda conclusión!
Bueno, estoy cansada.