Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Unos en velas, otros dormidos,
el mundo sigue su rodar.”
Shakespeare.
UN PEQUEÑO MUNDO DE TEATRO
Góngora nos dijo: “Que yo soy el que se va y el tiempo el que se queda”. El hombre el que se va
el tiempo el que se queda. El tiempo es el que queda preso en el mundo mágico del teatro. Esto
es lo que demuestra Shakespeare cuando va a situar ante nosotros una historia viva: cuando, en
vez de contárnosla solamente, va a tratar de hacérnosla presente; de representárnoslas, de
actuarla por la ficción escénica.
La teatralidad shakesperiana nos ofrece -nos pone por delante-, un mundo frente a un cosmos. Y
este mundo que así se nos ofrece preso en su mágico empeño ilusorio de su propio ser para
existir, ¿es un mundo cerrado, un mundo aparte?; ¿un mundo de vida o de verdad?; ¿de razón o
pasión?; ¿de realidad o de apariencia vana?; ¿de poesía, de frenesí, de sombra, de ficción, de
sueño?
¿Cómo era o fue o es, sigue siendo para nosotros este mundo? O, por mejor decir, ¿qué mundo es
este? En vano nos esforzaremos por interpretarlo construyendo o tratando de reconstruir
históricamente el otro mundo humano social vivo, que lo rodeaba y sostenía. De aquel mundo
social, histórico, mundo de espantos y mentiras, pero también de hambre y de amor o de hambre
de amor, mundo de mendigos vivos de sangre, sabemos mucho y sabemos poco. Lo que nos
quedó de aquel mundo, como de tantos otros mundos vivos, son aquellas obras poéticas que
cierran un tiempo mágicamente preso en su destino; obras de mentira o mentiras, expresamente
tales, obras teatrales, en suma, escritas para ser representadas o verificadas mentirosamente por
las apariencias escénicas. Dicho en términos calderoniano: en el gran teatro del mundo, un
pequeño mundo de teatro.
En el tiempo, en la época de Shakespeare, el pequeño mundo, que conocemos hoy por teatro
isabelino, se caracterizaba según su contemporáneo Florio por su mixtificación dramática, aparte
de su inmoralidad y de su charlatanería. Leamos su propio texto: “En efecto, pero estas obras
teatrales -escribe Florio en su manual de conversación inglesa (hacia 1598)- no son verdaderas
tragedias, ni verdaderas comedias. -Entonces, ¿qué son?-. Son representaciones de historia sin
decoro. ¿Sin decoro o sin decorado o decoración apropiada?
Representaciones de historia, sin decoro: de historia desnuda. ¿Y es cosa posible tratar de
desnudar el tiempo en el teatro, por el teatro mismo, por la máscara? Si el tiempo en el teatro se
nos enmascara de costumbre, haciéndosenos visible de ese modo, haciéndolo visible por esa
misma máscara, y por ella resonar en nuestros oídos, ¿cómo puede, entonces, por el espectáculo
teatral que es verificación mentirosa del tiempo, aprisionársenos su imagen muda y pasajera,
desnudándose esa viva temporalidad fugitiva, desnudando la historia o una historia?
Y, sin embargo, lo que nos salta a la vista, como a los oídos, en el teatro shakesperiano, al leerlo,
como al oírlo y verlo representar, es un grito vivo que sale de ese mismo canto profundísimo de
la temporalidad pasajera. Porque si el pensamiento cuando se hace hondo, se hace grito: y grito
vencedor de un silencio; se hace, en una palabra, teatralidad: pura teatralidad.
Si la poesía es “diálogo del hombre con su tiempo”, como nos dijo Machado, este diálogo,
cuando se teatraliza por la poesía y para la poesía, puede decirse, sin paradoja, o con ella, que
desnuda la historia. “La poesía y la historia todo puede ser uno”, nos dijo Lope: que también
como Shakespeare, desnudaba la historia, temporalizándola en poesía, y naturalmente; como
sobrenaturalmente, en dramática teatralidad.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Pinochet sigue entre rejas en Internet: Campaña de la Asociación Internacional de
Usuarios de Internet Internautas por la Paz y la Libertad en solidaridad con las
víctimas del ex dictador chileno.
URL: http://www.arrakis.es/~aarias/pinoche2.htm