Por : Aana
anas33@hotmail.com
Un sábado cualquiera, día de descanso laboral para mí. El aroma del café contenido en la taza que sujetaba con mi mano derecha me reconfortaba. Encendí un cigarrillo y con la mirada perdida traté de reflexionar, pensar, opinar, criticar,..., sobre algo. ¿Qué podía intranquilizarme un día como hoy?.
Muchas ideas surgieron. Muchos aspectos sobre los que opinar. Nada se presentaba ordenado pero tenía mucho en común.
Todas las ideas que vinieron a mi pensamiento forman parte de nuestra sociedad, todas nos afectan, todas son mejorables. Todas son conocidas por todos nosotros. Al cabo de unos minutos, me pregunté: ¿Qué opinarán los demás?.
Quiero exponerlas y permitirme que lo haga tal y como me surgieron, dentro de su desorden, dentro de su desorganización. Después, me gustaría que alguien respondiera a mi pregunta, que me comunicara sus acuerdos y desacuerdos.
En la escuela, la transmisión de valores es una de sus muchas y complejas tareas educativas y formativas. Valores de solidaridad, tolerancia, respeto a la diversidad y capacidad de diálogo y de participación social. Pero es necesario que el concepto de
Paz no se identifica meramente con el de ausencia de guerra, sino que se oponga al de
violencia.
Partiendo de este posicionamiento, no podemos transmitirles a nuestros jóvenes que el
conflicto es siempre un hecho negativo. No, si lo que queremos es formarlos como seres críticos. Una situación conflictiva es un proceso natural y consustancial a la existencia humana. Lo que debemos procurar es encauzar bien esta situación, para que ayude a clarificar intereses y valores, convirtiéndose en un proceso creativo.
Debemos formar a nuestros jóvenes para que sean personas capaces de construir racional y autónomamente su propio sistema de valores, para que a partir de ellos sean capaces de enjuiciar críticamente la realidad que están viviendo e intervenir para transformarla y mejorarla.
Nuestra actual realidad está llena de violencia. Así la percibimos a través de situaciones cotidianas, a través de los medios de comunicación que nos describen situaciones de injusticia a nivel local, nacional, mundial,... Todos los días cuando leemos el periódico, cuando vemos la televisión, cuando escuchamos la radio,..., la sección de
sucesos es la que mayor espacio ocupa y los titulares suelen anunciarnos todas aquellas acciones, actos y hechos delictivos, conflictivos, violentos que se producen. Pero lo realmente preocupante, o así lo percibo yo, es que parece que cada vez nos volvemos más insensibles ante dichas noticias. ¿Será que nos hemos acostumbrado a ellos y hemos asumido que deben existir?. Recuerdo los primeros atentados, por ejemplo, de E.T.A. A todos se nos
ponían los pelos de punta. Ahora, el comentario que se suele escuchar es:
... un nuevo atentado terrorista....
¿Eso es lo que queremos cuando intentamos hablar de paz a nuestros jóvenes?. ¿Lo negativo que es la violencia, limitándonos a narrar los hechos, sus consecuencias negativas para unos más que para otros?. No, yo creo que la información es necesaria pero no podemos limitarnos a ella. Hay que utilizarla para llegar a la formación. Y realmente no creo que esta formación sea exclusividad de la escuela, sino de todos los agentes socializadores (escuela, familia, medios de comunicación de masas, nuevas tecnologías,...). No olvidemos que somos todos los que estamos inculcando a nuestros jóvenes una cultura, la que nosotros y ellos vivimos, la que parece que hemos elegido, la que ¿intentamos, no queremos o no sabemos como cambiar?. ¿Ésta es la sociedad que nos gusta vivir?. ¿Ésta es la que queremos que vivan nuestros jóvenes?.
¿Y qué opinan nuestros jóvenes de ella?. A veces, sobre todo los padres, se quejan de que sus hijos son rebeldes contra las normas sociales. Pero, ¿nos hemos parado a pensar si ellos están de acuerdo con estas normas, si las asumen, si las comparten,... ¿No queremos formar jóvenes críticos y responsables?. ¿No sería mejor formarlos para que intenten cambiar, a mejor, lo que nadie cumple, lo que nadie asume... para avanzar hacia un mundo mejor para todos?.
Pero lo más triste es que pocos son los que se encargan de ello. Es cómodo dejar este papel a la escuela. Y ella es una representación de la sociedad, donde sus valores son los mismos, donde a su vez, los valores familiares parten de los sociales. Todo es un
círculo de valores. Y yo me pregunto, ¿y nuestra capacidad de crítica ante las injusticias sociales?. ¿Existe, realmente?, o es que todos nos hemos vuelto conformistas, pasotas, ..., ¿sentimos indiferencia ante ellas?. No, no lo creo. O al menos eso es lo que prefiero pensar.
¿Cuáles son las conversaciones que los padres normalmente tienen con sus hijos?. ¿Se habla de éstas en casa?. ¿Cuáles son los comentarios ante alguna escalofriante noticia?.
Es curioso como son las propias familias las que se niegan a que sus hijos compartan la educación que reciben otos niños de distinta raza y cultura. ¿Qué valores les estamos inculcando al vernos actuar de esta forma?. ¿No es mucho más enriquecedora este tipo de educación?. ¿Por qué estas otras razas, culturas,... deben adaptarse a la nuestra?. Tampoco pretendo decir que nosotros nos adaptemos a la suya, si no simplemente, ¿qué podemos hacer para respetarnos, para vivir en diversidad?. Tal vez podamos enriquecernos conociendo otras formas de vivir.
Sí, realmente todos parecemos ser muy altruistas, humanitarios ante las desgracias ajenas..., pero curiosamente siempre se produce cuando las miramos desde lejos. Cuando las tenemos cerca, ¿qué hacemos?. Si afectan a nuestros intereses personales, sociales, familiares,..., eso ya es otra cosa.
Curiosamente, el otro día, a un grupo de alumnos le planteé un dilema moral para promover en ellos el desarrollo de su juicio moral. Se basaba en que experimentaran un conflicto cognitivo que les obligara a cuestionar creencias, convicciones o razonamientos aceptados acríticamente. La actividad consistió en hacer una breve narración de una situación en la que se daba un conflicto de valor. Concretamente fue la siguiente:
El ayuntamiento ha promovido la construcción de 100 viviendas para adjudicarlas, en régimen de alquiler, a personas con bajos recursos que vivan en la localidad y no cuenten con vivienda propia ni con medios para adquirirla o alquilarla en el mercado libre. Se calcula que en esa situación se encuentran alrededor de 500 personas con cargas familiares.
Entre las personas más necesitadas se encuentra un colectivo de marroquíes que viven en chabolas y no consiguen alquilar una vivienda a algún particular porque todos ellos se niegan a facilitársela, a pesar de que estarían dispuestos a pagar varias mensualidades por adelantado.
Cuando estas personas se han dirigido al Ayuntamiento para solicitar una vivienda de propiedad municipal, se les ha comunicado que no pueden optar a ellas por no estar empadronados, requisito imprescindible que han de cumplir todos los solicitantes. Ahora bien, estos marroquíes, que trabajan y residen en el municipio desde hace muchos años y lo pueden acreditar, no figuran como empadronados debido a que, cuando han intentado inscribirse en el padrón, no se les ha permitido por no habitar en un domicilio reconocido como tal oficialmente. Es decir, vivir en una chabola le ha impedido empadronarse.
Este colectivo apoyado por determinadas asociaciones, reclama su derecho a solicitar esas viviendas, aunque no cumplan formalmente un requisito exigido. Por su parte, los servicios jurídicos municipales plantean que eso supondría un agravio comparativo por violar normas establecidas para todos.
Cada alumno debía imaginarse que formaba parte de la Corporación Municipal y tenía que tomar una decisión al respecto: ¿qué haría él?
(Actividad extraída de las Cajas Rojas editadas por el Ministerio de Educación y Ciencia)
Cual fue mi sorpresa, cuando una de las primeras respuestas que escuché fue:
pues si se hubieran quedado en su país no pasaría esto.
¿ Cómo hubierais reaccionado vosotros ante tal respuesta?. ¿Es este el tipo de respuesta que queremos escuchar de nuestros futuros políticos, futuros dirigentes de nuestra
sociedad ?