Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.”
Miguel Hernández.
EL AZOTE DE NUESTROS DIAS
Azote de la vida moderna, en mayor o menor grado el estrés nos afecta a todos. Los programas
destinados a combatirlos en el centro de trabajo son muchos más rentables de lo imaginado.
Cuando los trabajadores no padecen estrés y sus tareas se hacen más variadas y satisfactorias,
todos salen ganando: los propios trabajadores en primer lugar y luego la empresa y toda la
sociedad.
El estrés derivado de la actividad laboral no se considera ya aisladamente sino en el contexto del
que se origina fuera del centro de trabajo. De ahí la creciente atención que se presta a las
categorías vulnerables de trabajadores: los que tienen responsabilidades familiares, los de mayor
edad, los inmigrantes, los minusválidos, los afectados por las nuevas tecnologías y los no
especializados. Junto con la generalización del estrés van apareciendo nuevas pruebas de los
daños que causa y de su costo para los trabajadores, las empresas y la sociedad en conjunto.
En el Reino Unido se calcula que el 40% de los casos de ausencia del trabajo puede atribuirse a
problemas de orden psicológico o afectivo. En Estados Unidos más del 15% de las demandas de
indemnización se deben al estrés provocado por el trabajo, y la indemnización pagada fue el
doble de la pagada por daños físicos. Un informe realizado por el Instituto de Compensaciones
Laborales de California (CWCI) da cuenta de un aumento del 700% en nueve años, de las
demandas de indemnización por razón de orden psíquico-mental.
En muchos países se están elaborando programas para combatir el estrés. En Suecia, la ley sobre
medio ambiente laboral, invita a los trabajadores a adecuar su entorno laboral a sus necesidades
y a los directivos a promover tales adaptaciones, a fin de reducir las tensiones psicológicas y
sociales así como los riesgos de accidentes.
Sin embargo, es muy frecuente aún que no se tomen medidas, o muy pocas, para combatir el
estrés en los centros de trabajo. Incluso cuando se toman, no siempre son las más adecuadas. Por
impulso de personas que se autotitulan expertos y a través de la elaboración de programas
prefabricados que presuntamente se adaptan a cualquier situación, con intervenciones
correctivas dirigidas más a los efectos que a las causas, se ha constituido una auténtica “industria
del estrés” que frecuentemente resulta tan costosa como ineficaz.
Pero también van surgiendo nuevos medios de lucha que se dirigen a las raíces del problema, lo
atacan de forma sistemática y preventiva e incluyen una evaluación a largo plazo de los
resultados de cada intervención.
Es indudable que la prevención del estrés, en todos los ámbitos de la vida humana, constituirá
uno de los aspectos fundamentales de las relaciones laborales del futuro. Y es que, como dijo el
poeta: “Cansado de andar y andar / es tanto ya mi cansancio / que estoy empezando a estar /
cansado de estar cansado”.
Francisco Arias Solis
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