Por: Carmen Ramos
carmenramos@teleline.es
Marguerite Duras "El Amante"
No consultemos a filósofos, médicos, pensadores, sociólogos, poetas...
técnicos en luces rojas o amarillas, la palabra amor no admite
encasillamientos, reivindicando constantemente una libertad que le es
negada, porque todos queremos opinar sobre este hecho en el que la palabra
se transforma, creyendo aportar un dato más a algo tan antiguo como la
vida misma y que camina por la senda de los dioses o sobre el liviano
pecho de cumbres soleadas.
Pero de pronto, en medio de estas polémicas aparece un libro con
ingredientes escandalosos adscrito a una variedad de amor narrado a manera
singular: El amante de M. Duras. ¿Y por qué tanto aleteo, ruido
orquestado, desafinado a veces, alrededor del texto? Porque simplemente es
un amor prohibido: una niña blanca de quince años y un comerciante chino
en el Vietnam llamado por aquel entonces Indochina, la Indochina de
Catherine Deneuve. En él la palabra amor se disfraza de perversión, para
servirnos en bandeja de teca un libro conmovedor. Advierto al lector ávido
de erotismo, que éste no se le va a presentar, al menos en la forma que
él espera, pero me consta que lo arrastrará a los límites de oscuros
pasadizos en los que el placer y el deseo se mezclan, se avasallan,
descienden o se elevan para crear una historia compleja y extraordinaria
de liberación.
La delicadeza de las imágenes cambia por completo los esquemas y destruye
el equilibrio expresivo. Es una prosa concebida para desbordar cualquier límite
de categoría erótica.
Este libro va más allá de la línea de un horizonte real que separa el
cielo de los abismos, supera su propio formalismo estilístico así como
su deliberado lenguaje íntimo.
Cuando El Amante consigue el premio Goncourt en 1984, rompe los
convencionalismos pero no agrandó la figura de Duras porque ella ya había
demostrado ampliamente, sobradamente, a pesar de la Real Academia de la
Lengua Francesa, su capacidad artística, pero sí la erigió en
protagonista indiscutible del mundo intelectual francés.
Esta mujer, nacida en Gia Dinh, cerca de Saigón el año 1914 en el seno
de una familia de funcionarios galos se establece en París en los años
30.
Inicia su carrera literaria en el 43 cuando publica "Les
impudents". Con esta novela abre las puertas a sus siguientes
escritos dramáticos, desolados, novelísticos, construyendo personajes y
decorados para el cine. El arte narrativo de Duras ya es pleno y si hay
palabras que anuncian el silencio, las suyas lo rompen a ráfagas de
viento indómito.
Con un lenguaje tan variopinto como el de su vida, y colmada ya de rosas
sobre escarcha, no es difícil imaginar a la escritora de años difíciles,
de guerras, de matrimonios frustrados, de alcoholismo que rasgaba las
entrañas sin titubeo, de prodigios de ternura, de misterio en los
sentimientos, de luz poderosa reflejándose en vidrios molidos por la
historia.
"Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde", dice Marguerite en
el tercer párrafo del amante. Esta novela aparece en la clandestinidad de
una Francia ocupada por Hitler. Los intelectuales y los escritores habían
fundado "Ediciones de Medianoche", luchando desde la resistencia
contra el nacismo, publicando sus obras con seudónimos envueltas en un
clima fantasmal: Camus, Louis Aragon, Paul Eluart y tantos otros
comprometidos.
El Amante, llevada al cine recientemente, así como otras muchas obras
suyas, sufre una pérdida de diálogo interno de los personajes. No es lo
mismo que ellos se paseen por las páginas de un libro, a que caminen por
calles empedradas, o suban a coches lujosos de celuloide. Al final te
queda la incongruente sensación de si son ellos mismos u otros seres. Una
cosa es lo que crea la imaginación ante la letra impresa y otra muy
distinta las imágenes que crean para ti los artífices del séptimo arte.
En ellas el vanguardismo de su obra adquiere tintes anoréxicos, así la
sobriedad y delicadeza de los diálogos resulta mucho más experimentales
que en sus libros, sin trucos de estética o sorpresas intelectuales.
El Amante puede ser una recopilación intermitente de datos autobiográficos
o la ensoñación de una escritora que recuerda su candoroso rostro
juvenil de dulce primavera a través del reflejo vidriado de una botella.
Esto fue sólo el principio, el libro por sí solo hizo todo lo demás.
¿Es este libro una verdadera novela? Pero, ¿qué es una verdadera
novela? En verdad el relato se nos presenta fragmentado, disperso como si
un viento huracanado y perverso lo hubiese desmembrado.
Para el lector acostumbrado a las osadías narrativas de Marguerite, esto
no es sorpresivo, pero para el nuevo esta desconexión le puede resultar
extraordinariamente bella y aún más si se deja arrastrar por el fluir
escénico de imágenes y sensaciones.
La escritora confiesa que empezó el libro como si fuesen comentarios
encadenados de viejas fotografías, arrugadas, sonrientes, enmohecidas y
tranquilas por el paso del tiempo. Pero a pesar de la aparente ruptura de
estos relatos, la realidad es que están férreamente ligados por un
mecanismo misterioso interior. "Yo soy el centro de este libro",
aunque niega que ella sea su protagonista. Su existencia, la de
Marguerite, gira alrededor de conceptos universales, reales e imaginarios
al mismo tiempo.
Los protagonistas de esta novela viven parte de un mundo real, ¿quién es
el seducido?, ¿quién o qué obliga a cada uno?
No hay conclusión final, ellos son elementos de una situación de
presente destinado a desaparecer en un momento dado.
Duras abarca lo colectivo a través de lo individual, muestra la
pervivencia del amor frente a sus propios fracasos, "el amor es un
privilegio del sufrimiento".
Mucho se habla de literatura femenina, ¿y por qué no? Dando cotas tan
altas como la Duras tenemos que pensar que este mundo, el de las letras,
puede albergar sencillez, emoción y reconocer la existencia de una
literatura donde la mujer es la forma misma, lo contrario sería mutilar
una parte de nosotros, renunciar a las facultades de renovación y optar
por la fidelidad convencional.
Cuesta, pero vale la pena.
CARMEN RAMOS
carmenramos@teleline.es
http://www.cajamagica.net