Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Pues eso habéis de pensar,
que pasando los tiempos,
yo me sucedo a mí mismo.”
Lope de Vega.
NO PODEMOS PERDER EL TIEMPO
QUE NOS FALTA
Solemos decir que nos falta tiempo para todo, que no tenemos tiempo para nada. Y es verdad, y
precisamente porque nos falta tanto tiempo no podemos perderlo; pero no porque no queramos,
sino porque no podemos. No podemos perder el tiempo que nos falta. ¡Pues que más
quisiéramos que perderlo! ¡Que poderlo perder!
Vivir es tener tiempo que perder, por eso dice Lope: “Yo me sucedo a mí mismo”. ¡Perder el
tiempo! ¿Y qué es el tiempo? Alguien ha dicho: “Es imposible hablar de una realidad que dura
sin introducir en ella una conciencia”. Sin una memoria elemental que enlace el antes con el
después no podría haber más que uno de los dos, un instante único, y, por consiguiente, no
habría antes y después, no habría sucesión, no habría tiempo.
Yo me sucedo a mí mismo, quiere decir que hay entre el pasado y el porvenir, entre el antes y el
después de lo que vivimos, de lo que duramos, como un puente, un trazo, una sucesión, que es
nuestra conciencia por ese elemento espiritual, que es la memoria; es decir, el alma.
Todo sucede. Se sucede, en el tiempo, de una manera visual, espacial; teatral, en suma:
dramática. No es lo mismo pasar que suceder. Cuando algo nos sucede en la vida, una desgracia
o una aventura, un placer o un daño, cuando algo nos sucede, no sabemos lo que nos pasa. Y es
que nada nos pasa; precisamente porque algo nos queda: que es lo que nos está sucediendo. Lo
que pasa, pasa, o lo que pasó, pasó, como diría algún personaje perogrullesco de Shakespeare.
Lo que sucede, queda. Y no pasará nunca. Al que pasa por todo, no le sucede nada, en efecto. El
tiempo no pasa por nosotros cuando algo nos sucede: entonces el tiempo nos traspasa de
permanencia; nos sucede en nosotros, a nosotros mismos.
El hombre nunca tiene la culpa de lo que le pasa: porque tiene siempre la culpa de lo que le
sucede. En la comedia o tragedia griegas, el destino del hombre actúa sobre el hombre. Al
desenmascararse el destino, el destino humano es la propia libertad del hombre. Y a este hombre
que rige libremente su destino nada puede pasarle, sino sucederle, porque él ya no pasa por el
mundo, sino que se sucede en él: el mundo es su herencia. Es una sucesión de amor. “Yo me
sucedo a mí mismo”, decía clamoroso Lope. “Todo pasará -dice San Pablo-, y sólo quedará el
amor”.
Lo que le sucede en el tiempo al hombre libre, le sucede en él a sí mismo: y a él mismo solo, por
la culpa, totalmente suya, de lo que le sucede; de lo que le está sucediendo. No hay conciencia
sin culpa. La conciencia humana es un estado de culpa permanente. Eso que llaman conciencia
tranquila yo no sé lo que es. La conciencia es intranquila o no es nada. Y tengo la conciencia
intranquila porque por no perder el tiempo estamos perdiendo lo que no se debería perder, lo que
no se quiere perder: la vida. No en vano, dijo el poeta: “Por no querer perder el tiempo / pierdes
el tiempo y el alma. / Estás perdiendo la vida / de tanto querer ganarla”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
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Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad
Aviso: Se ruega a los poetas que participen en el IV Festival Poético por la Paz y la
Libertad, cuya convocatoria figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/poemaIV.htm
Invitación que se hace extensiva a los colegios para que también todos los escolares del mundo
pongan en el corazón de los valores universales la paz y la libertad.
Gracias