Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
“Ahora me vienes diciendo
que el tiempo pierdo contigo;
¿cómo se puede perder
lo que nunca se ha tenido.”
Augusto Ferrán.
ES IMPORTANTE SABER
SELECCIONAR NUESTRO TIEMPO
El tiempo es un recurso escaso, limitado e irreversible, testigo
implacable de nuestras obras.
Hablar de su gestión y de su empleo es hablar de nuestra vida.
El tiempo mal utilizado es el principal causante de la insatisfacción, la
angustia y la depresión; lo que origina un comportamiento de huida que
provoca el activismo (múltiples y variables actividades improductivas).
Nuestra sociedad se caracteriza por una impresión generalizada de falta
de tiempo. El fenómeno es relativamente reciente y somos la primera
generación en acusar ese problema. Con la aceleración del tiempo se crea
una situación social de estrés negativo, cuya consecuencia inmediata es
una sensible disminución de la calidad de vida.
La abundancia de información -ordenadores, telecomunicaciones- nos crea
nueva necesidades que nos somete a trabajar sin poder discernir las
prioridades y nos produce un estancamiento general debido a la aceleración
del ritmo de trabajo.
La reciente encuesta realizada por el Institut de l’Expansión,
especialista europeo en la gestión del tiempo, nos muestra que un
directivo es interrumpido cada siete minutos en su trabajo. Al vivir en
esta dispersión y atomización del tiempo, en una cronología de
instantes (activismo), perdemos el sentido de la acción. Saber lo que
hemos hecho es una cuestión de sentido, de imagen global.
Cuando vivimos día tras día este tipo de situaciones, por la noche
solemos tener la sensación de haber hecho muchas cosas, pero sin sentido
real, acompañado de una sensación de vacío.
Frente a este fenómeno, y para poder enfocar cualquier situación,
es necesario desarrollar la capacidad de poder estructurar nuestro empleo
del tiempo, no solamente en eficacia, sino también en disponiblidad.
También es importante saber seleccionar nuestro tiempo y dar prioridad a
determinadas cosas.
No es la función, ni la profesión, ni el puesto de trabajo lo que define
la estructura del tiempo; sino el enfoque que cada uno tiene de su puesto
y la función y la forma en la que concibe su papel.
Hoy, ser eficaz es gestionar el flujo del trabajo con más inteligencia
que los demás, sabiendo elegir entre aquellas acciones que producen mayor
impacto. Debemos reapropiarnos de nuestro tiempo y dirigirlo en función
de lo que queramos ser y realizar.
Hay que pasar de esta situación de tensión penosa a un estado de
serenidad y, a la vez, de mayor eficacia. La presión del tiempo reduce el
horizonte temporal y nos hace sentir impotentes incluso en las cosas
importantes.
La buena gestión del tiempo es un ejercicio de determinación, reflexión
y creatividad. Para ello, hay que saber distribuir los tiempos de los que
disponemos: los necesarios, que son las preparaciones de reuniones,
expedientes para clientes, etc., y el tiempo de creación, que suele ser
el más nos gusta y es en este tipo de tiempo donde el inventor inventa,
el vendedor vende, etc. Este suele representar el treinta por ciento del
tiempo total de trabajo; el secreto para conseguirlo consiste en generar
tiempo de creación, transformando lo obligado en creativo para ser el
creador de nuestro tiempo y de nuestra vida. Y como dijo el poeta: “El
tiempo no es lo que importa: / lo que importa es que la vida / con el
tiempo se te acorta”.
Francisco Arias Solis
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