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Ud. puede enviarnos su artículo relacionado con cualquier tema de su
interés ya que aquí "Toda
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FELICIDAD
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Colaborador,
con artículos de opinión, narraciones cortas y poemas, en las revistas:
"Ateneo del Norte" -editada en Irún-; "Alba Internacional de
Poesía" -editada en Torrejón de Ardoz-; "Alba" -editada en
Colmenar Viejo-; periódico local de Coslada "La Tribuna" y "La
Quincena", así como en la revista del Ayuntamiento de Coslada.
Miembro de la Asociación
Literaria "Etcétera", de Coslada, donde, entre otras, se hicieron la
siguientes actividades: Tertulias literarias, vídeo forum, taller de cuenta
cuentos y ciclos de conferencias, donde contamos con la presencia de: Rafael
Amor, Eduardo Chamorro, Pureza Canelo -miembro del jurado Adonais de poesía- ,
Fernando Savater -filósofo- y Antonio Núñez -antiguo miembro de la revista
Insula y que ahora colabora en la Cadena Ser en un programa cultural-.
Colaborador en Onda Cero de
Coslada en diversas tertulias radiofónicas, organizando la asistencia de
diversos grupos culturales así como escribiendo breves textos para la
presentación de algunos programas.
1º premio de poesía de la Casa de Andalucía de Coslada en el año 1991. Mención
especial en el XII certamen de poesía del Centro Cultural La Bufanda de
Coslada. Mención especial en el Consejo de Comunidades Extremeñas, III
Certamen de Narraciones, por el relato "La edad de siempre", que fue
publicado en un libro llamado: "Extremadura en la distancia" -de
varios autores- Depósito Legal BA-326/1996 y finalista en el Certamen "Háblame
de amor y de amistad", convocado por la Compañía Telefónica Nacional de
España.
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Por : Diego Cruz
diegocruz1@mi.madritel.es
Un día que buscaba la felicidad, sólo tuve que esperar sentado en mi mesa de trabajo, hasta que transcurrieron por allí unos instantes muy puros. Para ello aderecé el silencio con el concierto de coronación de Mózart, no sin antes entretenerme en mirar un oleo sobre lienzo de Vicent van Gogh, nominado Les Vessenots en Auvers.
Fue entonces, mirando aquella obra, cuando se produjo el milagro. La techumbre rojo intenso de una de las casas se me fue filtrando por los ojos, hasta que su brillo se iba licuando poco a poco en mi cerebro. Una vez absorbida toda aquella tonalidad, hasta interiorizarla por completo, las mucosas de la imaginación se pusieron a trabajar activamente, y por aquel paraje de niebla yo sentía que un sueño incontaminado era en ese momento el acto más importante que te llevaba a ser feliz.
Desde una barcarola ya fundida con el pensamiento, mi mejor amiga me invitaba a cebar mate en su piso de Pozuelo, y tras aquellas palabras se fue quedando en el complejo entramado de las neuronas un halo de espuma muy literario y marítimo. Así las cosas, preparé algunos versos de Neruda por si mi amor quedaba a poca altura, me vestí para ocasión tan esperada y sobre las sienes coloqué un equipaje muy lustroso de amistad. De tal forma que aquella tarde trajo hasta nosotros un lance de amor muy poco cotidiano, cuyos minutos esmerilaron cientos de horas muy mohosas, de las cuales, de vez en cuando, en necesario desprenderse. También hubo besos eminentamente líricos, con humedades de melocotón y mar, que por peldaños de los labios querían ascender en aquellos momentos hasta la atalaya más elevada del espíritu. Y nuestros nombres fueron una significación poética trenzada en la penumbra.
Un día que buscaba la felicidad, sólo tuve que esperar sentado en mi mesa de trabajo, hasta que transcurrieron por allí unos instantes muy puros. Desde entonces, ante demanda tan espiritual y metafísica, yo suelo condimentarla con briznas de instantes, que no son sino perlas de tiempo que a veces nos pasa desaparcibidas. La felicidad, pues, puede comenzar a sentirse cuando pricipia el concierto de coronación de Mózart, brillar más aún en el tejado rojo que un día pintase Vicent van Gogh, hasta llegar a ser un todo en tu imaginación que, se acaso eres creyente, te haga entonar un tedéum muy puro de agradecimiento. Todo es cuestión de vivir, y estar atentos...
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