Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
“En el tablado del paseo
alzado a la gloria de Orfeo,
los músicos municipales,
si no con gran ajuste, con el mejor deseo,
soplan en sus metales.”
Salvador González Anaya.
LA FIESTA ES PARTICIPACION
El pueblo como conjunto es elemento indispensable para la realización de
una fiesta. Sin gente no hay fiesta pública. La fiesta a diferencia del
espectáculo es participación, aunque ésta sea a niveles tan elementales
como pasear con la familia por la plaza y sentarse en un velador de una
caseta. La presencia de las gentes es para muchos el único elemento
calificador que permite hablar de una fiesta como muy alegre o muy
animada. La presencia multitudinaria del pueblo anima de por sí a muchas
fiestas.
Este ser indispensable del pueblo no significa, en manera alguna, que sea
tomado en cuenta ni participe en la elaboración de los programas, sino
que normalmente es sólo “comparsa” de unos pocos que organizan y
participan activamente. “La feria consiste en la mitad del pueblo
divirtiéndose y otra mitad mirando a los que se divierten”, así definía
un jornalero andaluz la feria de su pueblo.
Por otra parte, los Ayuntamientos difícilmente podrían justificar
ciertos gastos de los que sólo se benefician pequeños sectores de la
población, si no es en el marco de unas fiestas locales que se organizan
teóricamente para todos, pero de las que queda excluida la mayoría. ¿Cómo
podría justificarse, si no es dentro del contexto de unas fiestas
locales, los gastos que se originan con motivo de las cenas y festivales
en honor de la reina de turno y sus damas? Sería interesante estudiar las
relaciones de parentesco entre las reinas y damas y los organizadores de
las fiestas o veladas populares.
En algunas poblaciones, durante la feria, los Ayuntamientos montan una
caseta conocida como oficial o municipal, que en ningún caso, que se
sepa, ha estado abierta al público sin limitaciones ni restricciones. En
muchos casos la caseta oficial es sólo lugar de recepción o descanso de
autoridades e invitados oficiales. Por lo general, las casetas oficiales
son casetas para unos pocos.
Todavía son muy frecuentes las Juntas de festejos o Comisiones de
fiestas, que son unos organismos delegados de los Ayuntamientos en las que
junto a miembros de las corporaciones figuran otras personas que suelen
estar relacionados con los primeros. Los gastos que las Juntas o
Comisiones programan dependen de los presupuestos municipales y su control
escapa a la generalidad de los ciudadanos.
En muchos pueblos de nuestra geografía los emigrantes tienen todavía una
presencia real en las fiestas locales. La presencia de los emigrantes no
es algo anecdótico, sino con implicaciones muy decisivas en orden a la
realización de las mismas. No es gratuita la reiterada mención, por
parte de los alcaldes en los programas de fiestas, a los ausentes y a
aquellos emigrantes que les visitan durante las fiestas. Piénsese que
muchas poblaciones llegan a duplicar el número de habitantes durante las
fiestas. La aportación económica de los emigrantes a las fiestas es
decisiva hasta el punto que de no asistir a ella perderían su brillantez
y en algunos casos dejarían de celebrarse.
Pero no es el aspecto económico el único a destacar en relación con la
emigración. El emigrante tiene demasiadas cosas en su localidad que le
ayudan a no perderse en la gran ciudad o en otra cultura. Estas
cosas se renuevan cada año durante las fiestas, que actúan como cordón
umbilical entre el pueblo en el que nació y creció y la urbe que le da
trabajo. No en vano, dijo el poeta:
“Calles, plazas y torres / se me aparecen más / hermosas. Me pregunto /
si habrá llovido mucho. / Quién habrá muerto, cómo / resultará la
feria”.
Francisco Arias Solis
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