GAVIOTAS EN NOVIEMBRE


Por : Eduardo González Viaña
gonzale@wou.edu


Dos letras "c" mirando el suelo son un ave
volando. Cuando están de
pie, avanzan al oeste. Cuando hay decenas de
ellas, son una bandada, y no
se puede saber si van o vienen. Se sabe que uno
está triste o nostálgico,
o simplemente aburrido, cuando todo el tiempo
dibuja la letra voladora en
el periódico, en la guía telefónica, en la
agenda, en el cuaderno de
apuntes o en los apuntes que usted supuestamente
toma mientras escucha
una sesuda conferencia.

   El ave depende de cada uno. En mi caso, las
dos letras "c" solamente
han significado gaviotas porque, en el puerto
del norte peruano donde
viví mi infancia, fueron ellas mis amigas en la
tarde, en la soledad, en
el dolor, en la ilusión y en la silenciosa
pregunta que ellas y yo nos
hacíamos en torno de qué es lo que hay detrás
del cielo, y qué pasaría si
no hubiera nada ni nadie.

   Las recuerdo ahora porque el año pasado, en
mi tierra, visité algunas
librerías de textos usados de aquellas a las que
suelo ir para encontrar
algunos libros que quisiera leer de nuevo, o
alguna obra de mi propia
autoría que, por descuido o préstamo a tiempo
indefinido, no está ya en mi biblioteca.

   Tuve suerte. Encontré un ejemplar de mi
novela "Identificación de
David" dedicado por mí a una amiga -inolvidable
en ese momento- cuyo nombre
trato ahora en vano de identificar con unos ojos
o un rostro que tardan
en llegar. Sin embargo, no es nuestra recíproca
ingratitud lo que me
llama la atención sino la cantidad de ces
voladoras que hay debajo de mi
firma. Esas las pude haber hecho yo, pero quizás
mi amiga agregó las que
hay detrás de la página final y las que, a
manera de comentario, rodean
algunas frases felices.Aunque la explicación
inmediata es triste, trato
de consolarme con la idea de que tantas alas en
un solo libro tienen que
habérselo llevado volando desde su estante
primero hasta los ojos de
algún otro lector que tuvo la idea de ponerlo en
el circuito de los
libros condenados a la perpetuidad del olvido.

   Compré mi libro y también, vaya casualidad,
"Juan Salvador Gaviota" que no
había vuelto a leer desde hace más de 20 años.
Lo hice porque tengo una
vaga y bella añoranza del texto de Richard Bach
y, porque, sinceramente,
no me acuerdo en qué termina. Y todavía no lo sé
porque recién he abierto
este paquete de libros que traje del Perú, y
apenas he tenido tiempo para
abrir el correo electrónico y comenzar a
escribir este correo.

   Lo que recuerdo es que Juan Salvador, una
joven gaviota atraída por la
pregunta de cómo es el cielo, decide abandonar
un día su vida rutinaria,
deja a un lado las obligaciones para con los
suyos e inicia un nuevo
vivir que consiste en aprender nuevas técnicas
de vuelo. Su castigo será
la condena a vivir lejos de la bandada, en
permanente exilio, en un lugar
que se halla detrás de los Lejanos Acantilados.

   Mientras escribo este correo, recuerdo
algunas frases al desgaire como
aquella que responde a la pregunta de qué es
volar y de dónde está el
cielo sin atender a las coordenadas de espacio y
de tiempo que rodean
siempre esas nociones.

   No se vuela de un lugar a otro porque el
movimiento no es necesario, le informan a Juan
Sebastián:"Tu cuerpo entero,de extremo a extremo
del ala..
no es más que tu propio pensamiento, es una
forma que puedes ver. Rompe
las cadenas de tu pensamiento, y romperás
también las cadenas de tu cuerpo".

   En cuanto al cielo, no es tampoco un destino
que se halle más allá de
uno mismo:

   "No, Juan, no hay tal lugar. El cielo no es
un lugar ni un tiempo. El
cielo consiste en ser perfecto."

   Volar. Eso es lo único que tiene sentido.
¿Hay alguna razón para
hacerlo? La libertad es la única:

   "Cada uno de nosotros es en verdad una idea
de la Gran Gaviota, una
idea ilimitada de la libertad... y el vuelo es
un paso hacia la expresión
de nuestra verdadera naturaleza. ... Tenemos que
rechazar todo lo que nos
limite."

   Todavía no he ido más allá de hojear las
primeras páginas, y sé que
cuando lo comience, no lo dejaré hasta el final
como pasa con todas las
lecturas cuando uno les encuentra el sentido y
el sabor... o acaso el
mensaje escondido… ¿Será eso lo que en realidad
he hallado en este libro de gaviotas?

Lo leo en una tarde de noviembre, próximo ya
mi cumpleaños.
La montaña de enfrente, la temperatura en cero y
el bosque infinito me
hacen recordar que también estoy condenado a
vivir sin amparo lejos de mi bandada. El viento
que viene de lejos me trae voces queridas y el
rumor
misterioso de la tierra que cubre los sueños de
mis padres.

Y sin embargo… cuando termine este artículo,
muchos de ustedes
se encontrarán dibujando tal vez dos, cuatro y
ocho letras “ce” mirando al suelo, muchas alas
volando, y eso será una señal de que están en el
secreto porque:


   "El secreto, según Chiang, consistía en que
Juan dejase de verse a sí
mismo como prisionero de un cuerpo limitado...
El secreto era saber que
su verdadera naturaleza vivía, con la perfección
de un número no escrito,
simultaneamente en cualquier lugar del espacio y
del tiempo."






(*) Catdrático en Oregon (USA) Se le puede
escribir al e-mail:
{ HYPERLINK mailto:Gonzale@wou.edu }Gonzale@wou.edu
Los lectores peruanos están invitados a la
presentación de su libro
“América, América” Edit. Alfaguara, 2000, el 12
de diciembre a las 7pm en el Centro Cultural de España, en Lima.