EL GENERO, EL AMOR Y LAS COMPUTADORAS


Por : Eduardo González Viaña
gonzale@wou.edu


Ocurrió ayer en una clase de francés de la universidad donde trabajo.

La profesora explicaba que los sustantivos en francés tienen género (lo cual es difícil de comprender para los angloparlantes) y que, por ello, casa en ese idioma es femenino, "la maison" y lápiz es masculino, "le crayon".

-¿De qué género es "computer"?- preguntó uno de los gringuitos, y la profesora no supo qué responder porque era una palabra que ella no había estudiado y que tampoco podía hallar en su diccionario francés-inglés.

Entonces, para divertirse, dividió la clase en un grupo de chicos y otro de chicas, y les pidió que decidieran si "computer" debía ser masculino o femenino. Ambos grupos estaban obligados a dar cuatro razones para su recomendación.

El grupo de los muchachos decidió que "computer" tenía que ser, definitivamente, del género femenino porque:

1) Nadie, sino su creador, comprende su lógica interna.
2) El lenguaje que usan para comunicarse entre una y otra "computer" es incomprendible para cualquiera que no sea ellas.
3) Incluso tus más pequeños errores son almacenados largo tiempo para un posible recuerdo posterior.
4) Tan pronto como te comprometes con una, te encuentras gastando la mitad de tu salario en accesorios para ella.

Sin embargo, las chicas concluyeron en que los "computers" son masculinos porque:

1) Para conseguir su atención, primero se tiene que prenderlos (to turn them on).
2) Tienen muchísima información (data), pero ninguna pista (clueless)
3) Supuestamente, ellos deben ayudarte a resolver todos tus problemas, pero la mayor parte del tiempo, ellos son el problema.
4) Tan pronto como te comprometes con uno, te das cuenta que si hubieras esperado un poquito más, habrías conseguido un modelo mucho mejor.

Lo escuché ayer, y se me ocurrió relatarselo a mi colega que enseña Estudios de Género en esta universidad, pero eso fue una pésima idea. Mientras le iba narrando la primera parte de la historia y le daba los argumentos de los varones, Maureen con cierta furia me dijo que esas opiniones procedían de un intolerable machismo.

Entonces, pensé que la iba a hacerse sentir mejor con las respuestas de las chicas, pero mi amiga se enojó aun más, y aseguró que ambos grupos se habían dedicado a lanzarse estereotipos hirientes que perpetúan una noción errónea de los géneros… 

¿Qué hacer al día siguiente en esas circunstancias? ¿Enviarle unas flores? De ninguna forma porque esa conducta no es bien vista en algunos ambientes académicos y podría ser calificada de chovinismo machista. ¿Desdecirse de una broma escuchada a terceros, o tratar de explicarla sociológicamente?… Todo eso me parece muy tirado de los pelos, y me quedan muy pocos… Por todo eso, he preferido venir a la oficina y escribir este correo.

Quiero decir, primero, que coincido con Maureen en desdeñar los estereotipos. Creo que son patéticos intentos de encasillar y fijar, yendo de un extremo a otro, lo que es ser hombre y lo que es ser mujer porque le quitan espacio a la vida misma y a la ineludible libertad de cada ser para hacerse y rehacerse.

Pienso en libros como "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus", o el más reciente "Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas"…Las excepciones que, cada día, conozco son tantas y tantas que convierten a la regla en una excepción. Alguien que de veras ame al ser humano y a la libertad que es su fundamento, podría además responder al título de ese texto que quien tiene dentro una brújula no necesita leer mapas y quien posee un corazón sensible escucha aunque esté durmiendo.

En unas cuantas décadas, el movimiento feminista ha producido un cambio irreversible en la historia del mundo y una espléndida reiteración de la libertad humana en todas sus posibilidades. Falsas percepciones, mitos, trabas e incluso traiciones lingüísticas han sido arrancadas de raíz como fruto de una revolución que tiene su epicentro en los Estados Unidos. Las revoluciones, sin embargo, tienen un defecto del cual ésta no se salva: lo primero que expropian es el sentido del humor, y ésta es la razón por la cual en este país no se puede hacer bromas de género ni siquiera con las computadoras.

Esa rigidez, más la prohibición de reírse y además algunos estereotipos que han reemplazado a los antiguosestán causando un problema que puede ser devastador para chicos que, en la clase de francés, decidieron el género de las computadoras.

Ocurre, en primer lugar, que en esta generación, los hombres no saben cómo ser hombres. Una de las más brillantes académicas de este país, quien prefiere que no cite su nombre, me dijo ayer por teléfono desde Nueva York, que la tradicional conducta masculina está prácticamente prohibida. Enviar rosas, escribir cartas, suspirar y todas las formas clásicas del galanteo son consideradas hoy como un chovinismo machista. Por lo tanto, los muchachos deben abstenerse del idilio y proponer directamente: "I want to have sex with you". Por su parte, la chica debe aceptar la propuesta para no parecer anticuada ni dominada por los padres.

En esas condiciones, el amor romántico está muerto o condenado como una fantasía sexual que pertenece al patriarcado. El sexo es considerado, además, como una actividad gimnástica sin más dignidad ni misterio que la que tienen la natación, el golf o el básquebol. Adelantando el sexo al amor, el amor no llega nunca.

No creo que la droga, tan generalizada aquí, pueda suplantar ese pozo sin fondo, y es difícil, muy difícil, sobrellevar la vida sin amor. 

Espero que Maureen no me considere patriarcal ni obsoleto por todo lo que estoy diciendo, pero creo sinceramente que para honrar la maravilla de la vida, hay que dejar en ella un espacio suficiente para el misterio y para lo numinoso, para el romance y para la explicación poética del mundo. Más nos valdría, dice la escritora griega Sofía Giannatou, continuar creyendo que Zeus se transforma en lluvia para seducir a Dánae y que cada palabra de la poesía es capaz de conmover el mar que perder el impulso y la fluidez de la existencia forzados por una especie de totalitarismo racional.

Hay que huir de las prescripciones de cómo debemos y no debemos ser las mujeres y los hombres. Hay que preferir la cosmogonía a las computadoras. Hay que desechar la lógica y refugiarse en la poesía porque, aunque no encuentre amparo en los cielos ni en el sueño, el hombre que ama aun cuando fuera a un imposible prefiere creer que la amada es la noche y un astro que vuela y también un mar cortado y doblado y un firmamento con dos lunas y un cielo que ha guardado en el corazón con toda la firme y fatal dulzura de la noche. 

(*) Se le puede escribir al e-mail: Gonzale@wou.edu

Para encontrar su más reciente libro:
"Los sueños de América"
Editorial Alfaguara, 2000

En el Perú: las tiendas Wong o sitio web del diario "El Comercio":
http://www.elcomercioperu.com
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En los Estados Unidos:
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