LA CLARIDAD
Por : I. Gray Milsztain
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Ivnem Izrha abandonó la tranquilidad de su aldea para halla la paz del desierto. Entrada temprano la noche con la luz del sol velada por la cara opuesta de la tierra halló a un anciano de una aldea vecina conocido de años. Lo vio triste y sumamente introvertido en sus pensamientos. Ivnem Izrha dudo en interrumpirlo, mas al notar que el anciano comenzaba a agitarse haciendo movimientos bruscos con los brazos, adelanto unos pasos y le dijo: Buenas noches Ejel Lek, ¿que es lo que te atormenta?
El anciano se puso de pie al reconocer a su igual y lo saludo con un gesto de cabeza: Te invito a que me hagas compañía querido Ivnem, pues si quieres ayudarme debes saber que mi vida se halla desvelada del reposo por una cuestión de confianza, podría decirte si quisiera más, que es un tema de intuición o supervivencia. He de decirte que si la razón no me resuelve este problema, o sí no lo responde en forma correcta convenciéndome de cualquier afirmación que ella haga en contra o a favor de la existencia de Dios, no podré tenerla como norma de vida para mi bienestar, dado que temo no me lleve por los caminos correctos hacia la felicidad. Sea lo que fuere que ésta sea.
Hace no muchos días estuve meditando sobre tal cuestión que llamas Dios. Le dijo el recién llegado mientras se acomodaba entre las hierbas, sé certeramente que Dios existe.
¿Y cómo sabes que Dios existe?. ¿Lo has conocido?. Lo interrogó Ejel Lek
Si, respondió, y quiero presentártelo. Afirmaré aquí: Dios existe. Demuéstrame lo contrario, y entregare mi vida a la sin razón de la locura.
Ejel Lek no supo cómo demostrar inmediatamente la no existencia de Dios. Arguyó los mas variados argumentos sin principios, y cayó constantemente en la falta de conclusión coherente. Al ver que con esto no podría refutar la afirmación de su amigo llevó la discusión con esfuerzo hacia el plano de la existencia, y trazó con ella una recta que tocaba un sólo punto en aquel plano infinito. Y aún así no llegaba a demostrar que Dios no existía. Por fin afirmo: No puedo negar que Dios exista, y así por lo tanto, no puedo afirmar que Dios no existe. Sólo puedo dudar de su existencia, más sé que esta no es ninguna certeza. Ahora déjame probar esto que me planteas con algo semejante. Afirmaré yo: Dios no existe. Demuéstrame lo contrario.
Ivnem Izrha miró un rato a lo lejos y a la nada para volver la vista al suelo y detenerse allí unos instantes. Sin alzar el semblante iluminado por las ideas y en tono amigable dijo a su amigo: Mira la tierra madre de todas las cosas. Y Ejel Lek miró al suelo, reflexionó largo rato acerca de éste. Recordó haber argumentado antes y concluido en nada, con la extensión de las tierras y los hombres que las habitan. Ivnem Izrha le solicito luego que mirara el firmamento, que se fijara en el horizonte. Que cerrara los ojos inclusive y que imaginara o pensara cuanto su alma le sugería o su voz interna le reclamaba.
Ejel Lek abrió los ojos luego de un largo rato y hallo a su compañero sonriente y distraído jugando con su bastón y la sombra de la luna. No he visto ni pensado nada – exclamó serenamente – sólo he naufragado en el divague de la sabiduría falsa. Así es, le dijo Ivnem Izrha, permiteme ayudarte con esto. Dios existe, pues no hay hombre que haya creado todavía la tierra que viste, no hay hombre que haya dado vida a la primera planta, ni a árbol alguno. No hay animal en el planeta que haya sido creado por el hombre, ni siquiera el hombre mismo. Los planetas y estrellas que conocemos no son obra humana, menos, tu lo sabes bien, el cosmos puede haber sido creado por humano conocido. Permiteme agregar, te lo ruego, que al formar parte de una determinada naturaleza característica de un determinado planeta, se hace imposible que hayamos creado cualquier otra de estas con tales o cuales características, en cualquiera de los tantos lugares habitables que ofrece el universo. La razón no nos fuerza, sino que agraciadamente nos ayuda a comprender el camino más feliz en función de las características innatas del espíritu. La razón misma te dirá: Existe la exigencia de la existencia de uno o varios seres superiores al hombre y a la raza humana. Si quieres que hablemos de los atributos y características de tales seres, ya es una cuestión radicalmente diferente. Pues para hablar de ellos debes primero creer en su verdadera existencia, y de esa forma ya no puedes argumentar que Dios no existe. Por lo tanto, existe.
Ejel Lek que tenia anulada la mirada en el vacío y la percepción completa puesta en lo que oía se acerco a Ivnem Izrha sólo para estar más cerca de él. Bien puedo concederte eso, le dijo pausadamente. Pero por qué hablas de un Dios cuando afirmas que existe, y no hablas de fuerzas o de poderes desconocidos. Tu sabes que no puedes darle la forma correcta a lo que no conoces, ni atributos como has dicho, a seres que sólo son por lo inevitable de su existencia.
Ivnem Izrha lo miro unos instantes: Debes pensar que el razonamiento que aceptaste para conceder la existencia de lo superior, se da también en esa constelación de seres que, como tu bien dijiste, son indeterminados. Pero ninguno de esos seres puede haber sido creado por él mismo. Consecuentemente, ya vimos, debe existir un Ser esencia y creador de todas la cosas. Inclusive, se quieres, podemos poner en duda esta dirección ascendente en cualidades. Cualquiera podría decirnos que no existe razón para que halla una escala de divinidades. Es cierto, y no podremos negar en ese caso que existe la posibilidad de que cualquier clase de ser genere en todos los aspectos y niveles otros seres semejantes o inferiores a ellos, pero no podremos jamas afirmar que éstos crearon en algún momento a quienes les dieron existencia. Pues es imposible que el hijo cree al padre, simplemente por que hasta que el padre no exista el hijo es pura e inquietante posibilidad. Así, la presencia y magnificencia de Dios se me presenta como inevitable, y aquí es donde te lo presento para que nunca mas lo niegues.
I. Gray Milsztain