EXPERIENCIA
Por: I. Gray Milsztain
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EXPERIENCIA
Estoy seguro de que comencé a razonar el día que sufrí el primer engaño. No tengo recuerdos acerca de la edad que tenia, ni memoria de eventos cercanos.
Era realmente pequeño y creo que hasta ese momento el mundo para mi era mi percepción inmediata. Las cosas no eran otras cosas, ni venían de ningún lado, ni se iban a lugar alguno. Ni siquiera el tiempo.
En aquella ocasión unos amigos de mis padres estaban cenando en nuestra casa y me llamó la atención el chasquido de dedos que el amigo de mi padre hacia mientras caminaba por la antesala. Su mujer, Mabel, estaba con él y observaba mientras Mauro intentaba enseñarle a alguien que aun no poseía razón, como se debían poner los dedos para el chasquido y cual era el efecto final.
Aquella primera idea la había entendido, seguramente creí poder hacerlo. Mabel, quizá por la relación que tenia con mis padres, ocupaba en mi universo conocido un gran lugar, la llamaban sólo tía en mi presencia, y ella no tenia ni sobrinos, ni hermanos.
Desde el lugar en que ella estaba me dijo en tono familiar - mira: si te pones agua y jabón en los dedos, te va a salir mas fuerte y mas fácil-, los vi reír. Ese segundo razonamiento también lo entendí. Había relacionado dos ideas, las había hecho causa y consecuencia, las tuve juntas en un mismo espacio donde todo se separa; y sin embargo estaban unidas.
Pasó mucho tiempo después de eso, comencé a relacionar cosas, a comprender de alguna forma. Me autoexplicaba y repasaba mentalmente los cómo será y los porqués, y ensayaba y me equivocaba. En este crecimiento donde los objetos que antes pertenecían a sus propios universos, ahora todos podían y debían ser relacionados, y empezaron de a poco a formar parte de un gran universo. A medida que conocía mas cosas, mi universo se iba expandiendo; cada una de ellas pasaba a formar parte de mi mundo conocido: de mi todo, mi Universo único.
Imposible es evocar temporalmente aquella oportunidad en que, gracias a esto, conocí la experiencia. Recordé, en medio de un pozo ciego del tiempo, la oportunidad en que los amigos de mis padres me habían explicado cómo chasquear los dedos, recordé a Mabel, y recordé el "Mira: si te pones agua y jabón en los dedos...", estaba yo por experimentarlo.
I. Gray Milsztain -