HISTORIA EN UN PLANO
Por: I. Gray Milsztain
bolo@ciudad.com.ar
Se encontraron un día, ya que estaban de paseo, el signo porcentual, y los signos más y menos. Entablaron conversación imposible en ronda de ideas descubriendo las suyas por ser en parte otras. "No hablemos de razón - dijo el signo porcentual - mejor dialoguemos racionalmente", a lo cual ni el más ni el menos se opusieron. "Somos razón, dijeron, lo racional somos." y no obtuvieron respuesta. Comenzaron entonces a interrogarse, a diferenciarse, a oponerse, sin separarse nunca. "El universo es porcentual - enunció a modo de presentación - ni elemento, ni fuerza, ni orden hay en él. Soy el todo, la mezcla; en definitiva - aclaró orgullosamente - si las ideas deben de algún modo ordenarse o sistematizarse deberían hacerlo según mis concepciones, sólo para no contradecirse, a saber: que lo Uno no existe. "Si lo Uno no existe nosotros no somos, por lo tanto entablar conversación contigo seria un imposible, nosotros te pedimos no te contradigas para no confundirnos- agregó luego al tiempo aprovechando el silencio el menos - "Según lo que dices debemos entender que las ideas deben ser totalmente coherentes con la experiencia, más tu mismo eres hijo de la razón, y nos dices aún que hablemos de lo que no podría suceder y estamos viviendo. Estamos aquí, inevitable y condenadamente sujetos a este instante".
Cerca de allí paso un ave cruzando el cielo y un fruto cayo de un árbol, "Vosotros sois mi hijos, deben comprender que como abstracción, como sistema nacido de sus mismas raíces, como mundo perfecto que representan y no intentan alcanzar, no existen, por lo tanto no pretendan se los ruego, ser reales". "De todas formas hacia lo Uno vamos, la unidad no es la primera instancia, es la última" agregó el más, y el menos no pudo contener la risa hasta tanto dijo ya relajado: "No podrás negar tú, que como padre y madre te presentas al tiempo ante nosotros, que no eres ni uno ni otro, que imposible serias sin nosotros; nadie te concibe plural, eres sumatoria. Por tanto no pretendas abarcarnos." "¿Cuantos hijos pueden dar ustedes?- interrogó porcentual atentamente. "Yo puedo dar infinitos hijos" dijo el más, "Yo también puedo darlos infinitos" resto el menos. "Y cuantos productos de ustedes mismos podrían procrear si empezaran a contradecirse y reproducirse? "Creo que infinitos..." afirmo tímidamente el más, "Así es, infinitos también" - creyó concluir el menos. "Sepan que si vuestra combinación es infinita es sólo debido a que en vosotros mismo sois divisibles, pero ninguno de ustedes podría ser divisible sin haber sido forzosamente antes Una misma cosa. Lo múltiple, jóvenes amigos, no tiene unidad, por ser infinito en si mismo sólo crea lo múltiple, ninguno de vosotros es acabado." "¿Y como deberíamos ser entonces dime - interrumpió el más - para ser uno solo, acabado y perfecto?". "Ya lo eres, ambos lo son, por ser la misma cosa, por ser uno y por ser otro, que se alejan y se acercan sólo en puntos (como si fueran pocos) pero nunca se separan. Como si quisiéramos dividir el universo, sin saber que al dividirlo, deja de ser universo para ser otra "cosa" accesible únicamente desde la realidad ideal. El universo, ustedes mismos lo afirmaron en otra ocasión, no es comprensible sin ser separado en planos y espacios medibles, porque en caso contrario seria, si bien innegablemente lo es, una inmensa masa amorfa e indistinguible. Si no hubiesen necesitado sistematizarse para comprender mi multiplicidad y mi unidad, posiblemente no habrían nacido. No busco escandalizarlos, se los aseguro, pero aunque ustedes de vean diferentes son los mismo, no son dos cosas, son un fragmento de mi, reflejado por mi mismo, sobre mi propio cuerpo. Tu, querido más, que siempre necesitaras ser un poco menos para ser tu mismo, y tu, querido menos, que crees ser necesario para que el más sea perfecto, deben comprenderse fragmentados como parte de un caos completo, donde sólo yo soy. Yendo de un lado hacia otro e inclinando la balanza de las fuerzas que hacen que los elementos se combinen para volver a ser nada." En ese momento, antes de que el más replicara respuesta, llegó el número dos (2) que de paseo observaba también, desde algún imposible ángulo impreciso, un ave que cruzaba el cielo y un fruto que caía de un árbol. Creo que algo no nos va a cerrar, dijo el nuevo integrante del grupo "Nada cierra dijo el menos" "Todo cierra, dentro de lo conocido, por eso los hombres sabios necesitan saber siempre más", - "¿qué?"- preguntó el más -, a lo que continuo el Dos "Esos hombres creen en algo que llaman principio de no contradicción, y encima se contradicen diciendo que la contradicción es producto de algo que llaman imposibilidad retórica, tanta verdad tienen en ambos casos que yo creo que si no hacen algo con ese principio no van hacia un buen final..." (CONTINUARA)
Infinitos fragmentos en si mismos del próximo capitulo
- "¿... cuanta vida hay en ese árbol, en ese fruto?.
- ¿Diferente a la del ave, a la de la tierra me dices?