INVENTO


Por: I. Gray Milsztain
bolo@ciudad.com.ar


Soñador, todavía. Escritor de poesías sueltas y de una futura novela, solitario, sólo.
Era un buscador de verdades que quizá no existan, silencioso. Que recorrió caminos de la mística, y en mas de una ocasión, pero en pocas oportunidades, se declaró abiertamente como un semi religioso nihilista por obligación ética.

En una lucha interna se debatía su ser, siempre, ante cada decisión, entre las rectas y ángulos de las formas lógicas que eran absorbidas por ellas mismas, y las formas circulares de lo ultimo de los pensamientos agotados en sí mismos. Lo que era totalmente abarcador y mínimo bajo la misma forma para todos los tamaños, lo circular y el punto eternamente infinito, chocaba y se rechazaba por voluntad propia en una mente finita - a causa de su autodesarrollo -, con los ejes erectos que se levantaban en llamas circulares como pilares de fuego fatuo, hasta donde el oxigeno las absorbía.

Cuando las llamas de los pilares ardieron de oscuridad y la noche, que tiene la forma de los ojos, fue también el día, vio lo profundo de un punto. Una casi imperceptible claridad como lejana en un largo camino, un faro en medio del ocenano, o la tierra ;dijo alguna vez, vista desde Marte, por ejemplo. Cuando la nada tomo forma y se deshizo de si misma en un instante que no es medible por el tiempo, el vacío de las formas que reinaba en la noche de sus pensamientos le presentaba una luz, un punto, un circulo, una dirección obligatoria a seguir en algún momento.

Pasaron, por afuera, años. No siguió otra luz, no deshizo mas elementos, y el hecho de que se deformaban y rehacían eternamente en si mismas todas la cosas, ya no afecto más lógica ni pensamiento alguno, el sabia ver, allí en el fondo, una luz a donde dirigirse y nada más sabia su alma perseguir.

El preguntar le trajo respuestas con el viento. De las hojas de las preguntas crecían arboles de respuestas, y el azar del peso del aire o del batir de un insecto, sembraba frutos y flores, como la naturaleza sabe hacerlo, entre las nuevas preguntas. Las formas del mundo se resumían y se ampliaban en esa visión... ilusión. Y la curiosidad inexplicable bordeó la circunferencia de todas las ciencias, y estableció un eje curvo que se proyectaba sobre todas las ideas. El azar, lo circular, o el destino, hicieron que supiera que su cuerpo no funcionaria sin oxigeno, lo cual lo hacia a él mismo sólo probable y no necesario. Supo que en el universo existen las temperaturas más extremas y que su planeta se encontraba a la distancia adecuada de una estrella para que su organismo fuera nuevamente sólo probable. Supo, no hace mucho, que los oídos no resisten el silencio y que en ausencia de ruidos producen éstos sus propias vibraciones, creyó creer que el universo era silencio, o que el silencio no existía. Penso que el sonido podría ser el motor de Todo, y conoció, ya cerca del camino, que los ojos, así como no resisten el blanco absoluto, tampoco resisten la oscuridad total. Producen ellos mismos, como del silencio al sonido, su propia luz desde la nada, ponen una imagen donde no esta, circular, tenue, frágil... finita, y no sólo posible, sino que parte y por lo tanto necesaria, para que sean ambas.