INFORME Nº001


Por : José Luis Mejía
jlmh@ezperu.com


Excelentísimo General Cirilo Napoleón:

Conforme a sus instrucciones, el día 16 de julio, tan sólo veinticuatro horas después de haber arribado a estas tierras, presenté ante las autoridades correspondientes las credenciales que me confieren el alto honor de representar a la república de Racataplania ante el gobierno del Perú.

En conformidad a lo conversado con V.E., procedo a reseñar los acontecimientos políticos acaecidos en esta americana capital, los que servirán de experiencia y ejemplo en el desarrollo de las actividades que a su elevado cargo corresponden.

Creo imprescindible tomar en cuenta la información que adjunto puesto que será de mucha utilidad para la posterior elaboración del PAI (Plan de Acción Interna) que devuelva a nuestra adorada república de Racataplania la honradez, tecnología y trabajo que los políticos corruptos y tradicionales conculcaron.

Para alcanzar su tercer periodo presidencial, el ingeniero instruyó a sus fieles parlamentarios quienes, haciendo gala de una creatividad sin precedentes, interpretaron auténticamente la Constitución Política del país (que ellos mismo redactaron) y concluyeron que el artículo donde se estipula que el Presidente de la República sólo puede ser electo para dos periodos consecutivos no tenía carácter retroactivo (ergo, la primera elección del ingeniero realizada bajo la vigencia de la Constitución del 79, que él mismo liquidó y reemplazó por la del 93, no valía...). Los miembros del Tribunal de Garantías que votaron contra esa "interpretación auténtica" fueron enjuiciados por el Congreso y defenestrados por violar las leyes... Una acción plebiscitaria respaldada por más de un millón y medio de firmas fue detenida en el parlamento por no contar con cuarenta y ocho votos que manda la ley (que dictó este gobierno)...

Convocadas a elecciones, cuya viabilidad y legalidad cuestionaban todos en la oposición, se inscribieron una decena de listas... Nadie estaba de acuerdo, pero todos participaron. Algo así como declarar que la lotería es una estafa y comprar un boleto "por si acaso...". Durante meses, los demócratas de la oposición se reunieron para sacar adelante la candidatura única; finalmente, todos postularon...

Mientras una decena de opositores, cada uno con la necesidad de financiar sus respectivas campañas, empezaron a lanzarse puyas; la candidatura oficialista, única y poderosa, empezó a copar todos los medios de comunicación masiva. Así, según los analistas independientes, la aparición del ingeniero en la prensa nacional alcanzó niveles de más del 90%, mientras los demás se arañaban por el resto.

La heróica prensa amarilla se encargó de liquidar a los dos opositores con más oportunidades. El regordete alcalde mayor y el inexpresivo expresidente de la seguridad social, fueron satanizados y caricaturizados hasta el ridículo; ambos pasaron, sucesivamente, de ocupar los primeros lugares en las preferencias electorales a confundirse con los otros grupúsculos en competencia. No deja de ser cómico que, respectivamente, los que más trabas pusieron al proceso de la unidad de la oposición fueron los que, en su momento, iban mejor en las encuestas. Sintomáticamente, al mismo ritmo que iban perdiendo votos iban ganando entusiasmo por la candidatura única.

Luego vino el asunto de las listas parlamentarias. Cada agrupación inscrita (que los partidos políticos fueron liquidados en el Perú y eso merece un informe desarrollado que enviaré a V.E. posteriormente) tenía la oportunidad de presentar ciento veinte candidatos al Congreso. Al ser sólo grupos heterogéneos pobremente cohesionados alrededor de un caudillo si mayores pretensiones ideológicas, hubo que ofrecer los cupos a cualquiera que estuviera dispuesto a solventar su propia campaña y donar una determinada cantidad "para la causa". En buen romance, en la mayoría de las tiendas políticas se remató, al mejor postor, el sitio en la lista. Se tiene noticias, no confirmadas, que un empresario local invirtió fuertes sumas de dinero en la campaña presidencial de su grupo, finalmente, distanciado de los líderes por cuestiones económicas, exigió los tantos espacios en la lista como su inversión alcanzaba. Con sus veinte número bajo el brazo se dedicó a repartir candidaturas entre amigos y conocidos; hasta un desconocido poeta local fue tentado por la oferta parlamentaria...

El día de las elecciones, el economista, un tercer candidato opositor de origen humilde y provinciano que alcanzó notoriedad las semanas previas al acto de sufragio, obtuvo, según la información otorgada por las tres empresas encuestadoras "a boca de urna", la mayoría relativa frente al ingeniero. Sorprendentemente, una hora después el cómputo oficioso de votos volteó el resultado y el candidato gobiernista logró la victoria, que fue confirmada por un cantinflesco jefe de la oficina electoral, quien tardíamente, anunció que la segunda vuelta era necesaria al no obtener ninguno de los candidatos el 50% más un voto (el ingeniero se "quedó" por dos décimas –y por el escándalo en ciernes- y la votación del economista se desinfló por completo). En la segunda vuelta, semanas después, el ingeniero obtuvo el triunfo frente a un opositor inconsistente que se la pasó contradiciendo sus propias palabras durante toda la campaña. Así, los opositores no supieron nunca si debían votar por el economista (que siguió en campaña hasta el último día) o votar en blanco como exigió exaltado en sus comunicados.

Todos cuestionaron la elección, se gritó fraude en todos los rincones del país pero nadie renunció a lo obtenido. Los parlamentarios de la oposición juraron sus cargos (ya cobraron cuatro mil dólares por "instalación") y, escándalo más, escándalo menos, todo sigue igual.

La elección parlamentaria, los "tránsfugas" y la "Marcha de los cuatro Suyos" son temas que requieren, V.E., de un largo y posterior análisis. En el informe Nº002, trataré de abordarlos.

Hasta acá lo que debo informar. ¡Larga vida a don Cirilo Napoleón, esperanza y orgullo de la república de Racataplania!

Y, si me permite la libertad, ¡chao papá!, me voy a la juramentación de los ministros y después te sigo contando... Besos,

Segundo Cirilo

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Nota: Entre marzo y agosto de 1934, el escritor costumbrista Adán Felipe Mejía y Herrera, "El Corregidor" (Lima-Perú, 1896-1948), publicó por partes, en el semanario limeño "El hombre de la calle", la novela trunca: "Vida y milagros del general Cirilo Napoleón, esperanza y orgullo de la república de Racataplania", este es mi torpe homenaje.

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