Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Me levanté temprano, forzadamente temprano, para
darme tiempo vestirme y asearme y desayunar y encender un cigarrito y
pensar, mientras tomo café me pongo a pensar, un mogollón de
pensamientos se me viene a la cabeza, un ataque de pensamientos, por las
mañanas recién temprano después de tomar mi café de la mañana como
desayuno me vienen un tropel de pensamientos, aún no se está despierto
del todo, por tanto la maquinaria del pensamiento está en plena ebullición,
como una olla exprés, se está sentado en una silla incómoda junto a una
mesita minúscula, el espacio físico de la cocina no da para mucho, la
mitad del espacio útil son ocupados por muebles de cocina, esa afición
de amueblar las gentes las cocinas como si fuera un emblema grandísimo,
mi piso de alquiler con su cocina bastante amueblado, demasiada madera por
medio.
Por los resquicios del suelo y pared hay cucarachas muertas, ese polvillo
color amarillento es un método eficaz para matar cucarachas, en este piso
viejo, cualquier cosa pasa, por que también por esas tuberías
inservibles que hay en el ojo patio es un lugar ideal para escalar ratas,
nunca imaginé la capacidad de escalar que tienen las ratas, decidí
adoptar gatos (bueno, en realidad compré un par de gatos en la tienda de
animales domésticos, en la pajarería de la esquina). Mis gatos son muy
nobles, como no me meto en su mundo pues nada me pueden hacer, están cómodos
en mi piso, les echo muchos de menos, esos de los ratones echo muchos de
menos a mis queridos gatos. Ratones y ratas. Los peores son las ratas. Son
tan independientes mis gatos... Les pongo platitos de leches, para que se
alimenten bien, pero con lo otro, los bichos repugnantes esos son
suficientes como fuente de alimentación. Mis gatos engordan demasiado, sí,
bastante.
El balcón que da con la sala de estar es un lugar ideal para acceder
ladrones, entran como Pedro por su casa, pero comprueban que no hay mucho
que llevarse, se llevaron como mucho un pequeño televisor que apenas
funcionaba, decidí ir a la “Pajarería” de la esquina para comprar un
pastorcillo alemán, que por el tiempo ha ido creciendo hasta tener un
tamaño descomunal, siempre moviendo el rabo de alegría, siempre está en
el balcón, he construido para él una caseta de perros, a base de madera
que he ido consiguiendo en el rastro he ido construyendo una caseta de
perros, no es una gran cosa pero siempre el perro se mete ahí, dentro hay
una mantita por si el frío... A partir de lo del perro apenas entran
nadie por el balcón a robar. Los gatos tienen fobia cuando ven al Pastor
Alemán, pero al final se llevan muy bien, se conocen, se han criado
juntos, no hay problemas. Las gentes de mi barrio dicen que soy una vieja
loca, despeinada, y que va por la calle como una loca, no les hago caso,
por lo que me queda de vida disfruto a mi manera la vida, con la pensión
de viudedad malvivo pero bueno algo es algo, y si no pues voy a alguna
asociación benéfica haber qué hay, no me quejo, no hay remedio.
El barrio se transforma a una velocidad galopante, se ven edificios de
cristales, que tocan los cielos, nunca imaginé que iban a llegar tan
lejos, poco a poco llegarán al cielo, por encima de las nubes, como la
Torre de Babel, ¡Y si llegamos al cielo!, pues nos ahorramos espacio y
tiempo para llegar al cielo, subo por uno de esos ascensores que va a la
velocidad de la luz y llego al cielo y le preguntaré a Dios: ¡Hola, se
está bien arriba!, ¿Una pregunta, cómo nos ven? Es una gozada. Hay en
mi barrio una invasión de coches que los ensucian todo, los ponen todo
negro, les digo a los coches que por qué no van a otros lugares, y que no
pasen por mi piso, que los gatos se asustan de los coches, ya, los coches
no me hacen caso, me contestan con unos bocinazos que me manda al otro
mundo con mucha probabilidad. ¿Y los adolescentes, esos adolescentes?,
han cambiado mucho, llevan aparatitos electrónicos que emiten música, y
hablan con una cosa que llevan en las manos, encima me llaman loca, y no
ven que son ellos los locos, que hablan con nadie, con una cajita, hablan
con una cajita, es como si hablara con una pared, encima me llaman la loca
del barrio, es increíble. La pescadera hoy me ha regalado unos cuantos
boquerones, sardinas y calamares, a la hora del cierre de la peluquería
cuando sobra algo siempre me da algo, y en la panadería habitualmente me
regala una barra de pan, más que nada para ahorrar el número de
clientes, si estoy en la panadería inmediatamente me regala una barra de
pan, dicen que huelo mal, y cuando me dan una barra de pan me voy.
El policía municipal que controla el tráfico me ayuda a cruzar la
calle... y siempre me dice ¡Tenga cuidado al cruzar, que vas a provocar
un atasco descomunal!, realmente no entiendo nada. Quienes mes llevo muy
bien son con jóvenes que llevan cadenas y pelos encrespados, que beben
muchas cervezas, y siempre liándose cigarrillos como hacía mi padre
antes de dormir permanentemente en la tumba, con ellos me llevo muy bien,
hablamos de cualquier cosa, les digo que hay una invasión de marcianos en
el barrio y ellos asienten y se parten de risa, ¡Pero abuela, que estamos
en el año 2001! Les pregunté si han visto a mi sobrina Carolina, ya que
anda muy perdida, mi querida sobrina, que hace meses que no la he visto,
siempre la veía con un boli en la mano o una máquina de escribir portátil,
le digo que adónde van con esas cosas, ella no me contestaba, se dedicaba
a dar leche a los gatitos, y luego inmediatamente cogía papeles y anotaba
cualquier cosa, la echo muchos de menos, por que tengo en mi piso varios
papeles que he ido encontrando por ahí, ya como siempre las veo con
papeles, y en la tienda de Todo a Cien, he comprado varios bolis. El cielo
se ennegrece, claro, y se pone a llover, es una respuesta del cielo frente
a la invasión de coches, un castigo divino, mis macetas no son como eran
antes, antes eran una delicia pero ahora están tan negras y tristes, y
los canarios no cantan como antes, y los niños dicen palabras raras como
¡King Fu!, Mate... Hace poco hubo fuegos artificiales, aprovisioné
alimentos por que pensaba que el fin del mundo estaba próximo, y no,
dijeron por las calles que estamos en el año 2001 Odisea en el Espacio.
(Fin del día, a dormir).