Por : Diego Cruz
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Se le fue. Sabía que se le había ido por completo, entre los flecos del tiempo y la ciudad salvaje, por donde aún creía verla en todas partes. Se le fue entretenida entre sus cosas; entre las innumerables citas y otros numerosísimos estímulos que ahora eran su más somera competencia. Se le fue, pensaba, como una muerte en miniatura que apartase de él un cáliz entero de liturgia.
Sólo acudía su nombre por el albergue de la noche, son su aroma de sílabas, a acariciarle el manto abismal de su silencio. Sólo un sueño, tal vez de música y palabra, forjado de raíz en la médula absoluta de los huesos. Sólo un hueco, de temblor y escalofrío, rondando fugitivo en la memoria. Sólo una horfandad extraña, con su ancho orgullo grisáceo de canalla, dejándole como una Penélope maltrecha, varado en su espera incondicional e infinita.
Se le fue, pensaba, aunque siempre quedaría una mirada colgada de una tarde; o un beso de almíbar en la penumbra de los labios; o una mano crucial que teje en directo su caricia; o un abrazo sin que que se ubica en la morada de la sangre; o un temblor en la sien cuando juegan a llamada los recuerdos. Se le fue como se marchan los años desgastados hasta el fondón insaciable del olvido; como se van tantos seres a la última reunión de la absoluta mayoría; como se pierden en el aíre las palabras que carecen de sustancia; como se van haciendo polvo cualquier existencia de materia.
Sólo quedaba la voz y la palabra. Sólo quedaba el andamiaje querencioso de las sílabas. Sólo el tiempo silencioso que desnudo se derrama para vestirse en unas páginas. Sólo la música del sueño, el ideal, el amor, la utopía.... sólo la patria leal de tantos versos, su fe sin garantías. Sólo el recuento de las pérdidas, la hora más salvaje, el puñado infatigable de la arena, el sonido del mar, el color de un paisaje, el lenguaje de unos ojos, la tarde que vuelve, el brindis por la paz, el instante perpetuo que se nos recrea, el ejemplo de un niño, la añoranza eterna, el calor de una conversación, dios que no vuelve, una lágrima cierta, la añoranza del sur, amor y equivalencia, vivir en azul, temblar cuando besas, donar las entrañas... poema. Sólo eso queda.