Por: Julián Sabogal Tamayo
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Este artículo ha sido motivado por la lectura de un excelente libro titulado Marx en su (Tercer) Mundo. Hacia un socialismo no colonizado, del escritor argentino Néstor Kohan, algunos de cuyos puntos de vista comparto. Se trata de una invitación a la relectura de Carlos Marx desde América Latina, con el propósito de que las heroicas y abnegadas luchas protagonizadas por los revolucionarios latinoamericanos tengan un correlato en el plano teórico . Tal relectura tendría algunas condiciones. En primer lugar, es necesario comprender a Marx como un pensador que elabora su teoría basado en la realidad de su época y no como el profeta encargado de anunciar un futuro predeterminado; esto es válido también para Engels y Lenin. Lo anterior implica igualmente que estos pensadores elaboraron su pensamiento a lo largo de su vida, bajo la influencia de circunstancias concretas, por lo cual no están exentos de que lo que dicen en un momento determinado contradiga lo que dijeron en otro momento.
Estoy seguro de que muchos de mis colegas preguntarán, qué importancia tiene volver sobre el pensamiento de un europeo del siglo pasado, si se tiene en cuenta que el Socialismo Real, como intento de poner en práctica su pensamiento, terminó en un rotundo fracaso. Pienso que hay, al menos, dos razones para volver sobre Marx. Algunas de las preguntas fundamentales que se formuló Marx en su momento para el capitalismo europeo tienen validez frente a la actualidad latinoamericana y, de otra parte, aún no se ha evaluado suficientemente lo sucedido en el experimento Socialista en la Europa Oriental. Un lugar importante en esa evaluación debe ocupar la connotación religiosa que le dio el estalinismo al pensamiento de Marx y de Lenin.
Empecemos por decir que el pensamiento de Marx ha sido desnaturalizado por la versión estalinista, la cual fue difundida a través de los manuales producidos en la URSS, en lo que se dio en llamar el Materialismo Dialéctico (Dialecticheski Materialism- DIAMAT) y Materialismo Histórico (Istoricheski Materialism- ISMAT). En América Latina estos manuales fueron distribuidos por las organizaciones políticas que recibieron su influencia de la Tercera Internacional.
Veamos con algún detalle la historia de esta versión del marxismo. El problema más discutible en la versión del DIAMAT, es la concepción materialista de la realidad. En cualquiera de los manuales se puede leer lo siguiente:
El reconocimiento de que el mundo es material y existe fuera e independientemente de la conciencia es un rasgo característico de la teoría materialista. Esta tesis científica fundamental constituye la base de la doctrina leninista sobre la materia .
La naturaleza existía no solo antes que los hombres, sino antes que los organismos vivos en general, en consecuencia, independientemente de la conciencia. Es lo primario. Y la conciencia no podía existir antes que la naturaleza. La conciencia es lo secundario .
El anterior planteamiento es propio del DIAMAT, el cual se traslada al ISMAT de la siguiente manera:
La propia historia de la sociedad es una parte indivisible de la historia de la tierra y la naturaleza. Al haber aparecido el hombre en el globo terráqueo como resultado de una larga evolución de la naturaleza, la humanidad ha recorrido un camino muy largo, desde la supeditación y la adoración de las fuerzas de la naturaleza hasta la consciente transformación tanto de la naturaleza como de la sociedad .
De este planteamiento se infiere que en un modo de producción lo fundamental, lo determinante, son las fuerzas productivas y la forma externa las relaciones de producción. Esta forma de razonar significa, según Kohan, un traslado lógico-formal de las leyes de la naturaleza a la sociedad, lo cual convierte el materialismo histórico de Marx en un materialismo vulgar. El materialismo de Marx tenía connotaciones muy diferentes. No hay prueba de que la existencia de una materia física anterior al hombre, infinita en el espacio y eterna en el tiempo, hubiera sido la preocupación científica del pensador alemán. Todo indica que la pregunta de Marx se centraba en la materia creada por el hombre, en el producto de su trabajo. La pregunta fundamental para él no sería entonces: ¿qué fue primero, la conciencia o la materia?, sino: ¿qué fue primero, el sujeto o la producción? Y la respuesta sería: el sujeto. Esta lectura de Marx cambia completamente las cosas.
Ya en La Ideología Alemana, en polémica con Feuerbach, Marx había dicho:
No ve que el mundo sensible que lo rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en el sentido de que es un producto histórico, el resultado de toda una serie de generaciones... Hasta los objetos de la ‘certeza sensorial’ más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el intercambio comercial .
¿... qué sería de la ciencia natural, a no ser por la industria y el comercio? Incluso esta ciencia natural ‘pura’ adquiere tanto su fin como su material solamente gracias al comercio y a la industria, gracias a la actividad sensible de los hombres .
En este mismo sentido apuntan las Tesis sobre Feuerbach, escritas en 1845 cuando Carlos Marx tenía solo 27 años, donde defiende vehementemente la transformación consciente de la realidad social por la actividad humana y, sin duda, El capital, la obra más importante del marxismo y la menos leída por los militantes revolucionarios de América Latina. Como bien dice Néstor Kohan, siguiendo en la misma línea de Gramsci:
El materialismo remite a lo social, a lo histórico, no al elemento natural físico-químico. La materialidad de la que nos habla Marx es la de la praxis social. ...
A partir de estas consideraciones sería oportuno repensar el status filosófico que corresponde a El Capital y qué es lo que analiza Marx en él. Si su filosofía fuera ‘materialista’ en el sentido tradicional de la palabra, entonces el objeto de estudio de El Capital sería el estudio de la relación del ser humano con la naturaleza objetivo-material pensada a partir de la centralidad de la categoría de fuerzas productivas .
La discusión de este problema tiene importancia no sólo por la posible tergiversación de Marx en el DIAMAT, sino por el significado histórico y político del planteamiento. Es posible que en la época de Federico Engels en Alemania, la discusión filosófica sobre el origen del mundo haya tenido alguna importancia política.
Detengámonos un poco en la historia de los manuales del Partido Comunista Soviético (PCUS). El pensamiento expresado en ellos se deriva sin duda de algunos apartes del pensamiento de Federico Engels, fundamentalmente de su conocido folleto Ludwing Feuerbach y el fin de la Filosofía Clásica Alemana, publicado en 1888, cinco años después de la muerte de su amigo Marx, y del Anti-Düring, publicado en 1879. En la primera de estas obras su autor sostiene que la pregunta fundamental de la filosofía se refiere a la determinación de la primacía entre el ser y la conciencia. Otro trabajo importante de Engels que apunta en este mismo sentido son sus notas de Dialéctica de la naturaleza, pero estas fueron publicadas por primera vez en 1934.
Es posible que el medio en el cual creció Engels haya influido en su preocupación por discutir con los principios religiosos. Según sus biógrafos, su niñez transcurrió en un medio reaccionario y de una religiosidad pietista excesivamente limitante, a diferencia de Marx que creció en un medio familiar bastante liberal. Cuando Engels se encontraba en Bremen adquiriendo sus conocimientos de comercio para trabajar en los negocios de su padre, a la edad de 19 años, le escribe a su amigo W. Gräver en los siguientes términos:
En este momento soy un partidario entusiasta de Strauss: estoy protegido por una coraza y un casco, y me siento seguro de mí. Ahora pueden venirme con toda su teología; les daré una tunda tal que no sabrán dónde meterse. ... Si logran ustedes refutar a Strauss, me comprometo a volver a ser pietista .
No sería extraño que la preocupación antirreligiosa de su juventud haya influido más tarde en su pensamiento filosófico.
La forma de expresar la concepción materialista de Engels fue seguida, después de su muerte ocurrida en 1895, por los principales representantes de la Segunda Internacional, como el alemán Kautski y el ruso Plejánov. Carlos Kautski planteaba que:
El gran mérito de Marx y de Engels consiste en Haber hecho entrar, con más éxito que sus antecesores, los hechos históricos en el dominio de los hechos necesarios, elevando así la historia a la categoría de ciencia .
Ahí podemos ver en Kautski muy clara la idea de que el mérito del marxismo es trasladar a las ciencias sociales las leyes de las ciencias naturales. Algo así como hacer en Historia lo que Darwin en Biología. Esa es la misma idea de Plejánov:
Feuerbach declara que las ‘verdaderas relaciones entre el pensar y el ser deben ser expresadas de la manera siguiente: El ser es el sujeto y el pensar es el atributo. El pensamiento está condicionado por el ser, pero no el ser por el pensamiento. El ser está condicionado por sí mismo ... tiene su fundamento en sí mismo’.
Estas concepciones de las relaciones del ser con el pensamiento puestas por Marx y Engels en la base de la interpretación materialista de la historia, constituyen el resultado más importante de esta crítica del idealismo hegeliano que en sus líneas principales había sido hecha por Feuerbach mismo... .
Lenin sintetiza magistralmente esta manera de entender el materialismo en su obra Materialismo y Empiriocriticismo, publicada en 1908. El autor es enfático en defender en la obra lo que él llama el materialismo dialéctico. Aquí es donde se encuentra la famosa definición de materia, que es recogida por todos los manuales de DIAMAT Veamos:
La materia es una categoría filosófica para designar la realidad objetiva, dada al hombre en sus sensaciones, calcada, fotografiada y reflejada por nuestras sensaciones y existente independientemente de ellas .
Ahí está muy claro lo que se ha llamado la teoría del reflejo en la teoría del conocimiento, según la cual el papel del sujeto pensante es el de reflejar o fotografiar la realidad. En esta obra Lenin se presenta explícitamente como deudor de Plejánov.
Como es bien sabido Materialismo y Empiriocriticismo es una defensa del materialismo dialéctico de Engels de los ataques de los rusos Bazárov, Bagdánov, Lunacharski, Berman, Guélfond, Yuskévich, Valentínov, Chernov, etc., quienes criticaban la teoría del reflejo a la luz de los planteamientos de los empiriocriticistas alemanes Ernest Mach y R. Avenarius. Lenin, al tiempo que critica a los empiriocriticistas, defiende a Plejánov. A lo largo del libro hace referencia al filósofo ruso en más de veinte oportunidades y sólo en una de ellas tiene una observación relativamente crítica, aclarando que no se refiere a algo fundamental. Es el caso en que Plejánov habla de jeroglífico en lugar de fotografía. Veamos la cita:
Nuestros machistas, que desean ser marxistas, han arremetido con especial júbilo contra los ‘jeroglíficos’ de Plejánov, es decir, contra la teoría según la cual las sensaciones y las representaciones del hombre no son copias de las cosas y de los procesos reales de la naturaleza, no son sus imágenes, sino signos convencionales, símbolos, jeroglíficos, etc. Bazárov se burla de este materialismo jeroglífico, y es preciso señalar que tendría razón si impugnara el materialismo jeroglífico a favor de un materialismo no jeroglífico .
La obra Materialismo y Empiriocriticismo, como queda dicho, es la base del DIAMAT. Bujarin lleva al VI Congreso de la Internacional Comunista, en 1928, la doctrina materialista de la mencionada obra y la propone como la doctrina de la organización política. Estas son las palabras de Bujarin:
Como base de todo el proyecto de programa, colocamos el análisis concreto realizado según el materialismo dialéctico, en tanto método y como concepción general determinada establecidos por Marx y Engels .
Los Partidos Comunistas de América Latina, pertenecientes a la Tercera Internacional, difundieron en todos sus países los manuales soviéticos y formaron en ellos a su militancia.
Lo que habría que discutir del DIAMAT, que viene de Engels a Lenin, no es precisamente si la materia realmente existe en las condiciones en que Lenin lo plantea en el párrafo citado más arriba; lo que se pone en duda es la validez de tal planteamiento en el materialismo histórico de Marx y, sobre todo, la pertinencia histórica y política de esa visión del problema en la elaboración de una teoría revolucionaria en las condiciones de América Latina.
Kohan piensa que Lenin, después de sus lecturas de Hegel en 1914, cambió la posición de 1908. Veamos el concepto respectivo:
Seis años más tarde, Lenin tendrá la oportunidad en el exilio de leer la Lógica de Hegel y su filosofía sufrirá un viraje de ciento ochenta grados, en medio del cual realizará una auténtica y sentida autocrítica...
Estoy de acuerdo en que Lenin no conocía suficientemente a Hegel al momento de escribir Materialismo y Empiriocriticismo y que su lectura le planteó problemas nuevos, desde el punto de vista metodológico, pero no veo muy clara su autocrítica. Es cierto que, por ejemplo, en sus notas Sobre la dialéctica, publicadas en 1915, acusa a Plejánov de no haber entendido el método dialéctico. Estas son sus duras palabras:
La dialéctica es la teoría del conocimiento de (Hegel y) el marxismo. Este es el ‘aspecto’ del asunto (no un ‘aspecto’, sino la esencia del asunto) al que Plejánov, por no hablar de otros marxistas, no prestó atención .
No obstante, en el prólogo a la segunda edición de Materialismo y Empiriocriticismo, escrito en 1920, no se muestra muy autocrítico y por el contrario afirma:
Confío en que no carecerá de utilidad ... en calidad de manual que ayude a conocer la filosofía del marxismo, el materialismo dialéctico, así como las conclusiones filosóficas que se deducen de los recientes descubrimientos de las Ciencias naturales .
Sin embargo, no se puede negar que los planteamientos filosóficos hechos en los años veinte muestran un Lenin muy diferente al de 1908. En este sentido es muy válido, como lo dice Kohan, que:
Lenin vuelve a intervenir en el terreno de la polémica política a través de la filosofía. En esta oportunidad –enero de 1921-, discutiendo con Bujarin y con Trotsky acerca de los sindicatos, Lenin despliega su argumentación desde las posiciones filosóficas asumidas a partir de 1914, subrayando las cuatro características que, en su opinión constituyen el núcleo esencial del marxismo y de la lógica dialéctica de Hegel. Estas últimas serían: 1) la importancia central de abarcar y estudiar la totalidad de los aspectos, junto con todas sus vinculaciones e intermediaciones; 2) la necesidad de estudiar los procesos en su historicidad, en su ‘automovimiento’ y ‘desarrollo’; 3) el insustituible lugar de la práctica de los hombres, que debe estar siempre presente en la definición de los objetos y en su vinculación con lo necesario par el hombre, y 4) el carácter concreto de la verdad .
Néstor agrega la siguiente cita de Lenin:
La política es la expresión concentrada de la economía... La política no puede dejar de tener supremacía sobre la economía. Pensar de otro modo significa olvidar el abecé del marxismo .
Esta afirmación, como se puede ver fácilmente, no tiene el tono del materialismo mecánico de Materialismo y Empiriocriticismo.
El otro aspecto del marxismo que vale la pena leer con sentido crítico, ya no en sus amigos sino directamente en Marx, es su visión eurocentrista y el camino rígido que le impone a la historia. Marx efectivamente veía la historia desde Europa y el capitalismo como el punto de llegada del desarrollo, se trata del punto al cual deben arribar todas las civilizaciones. En el manifiesto se puede leer:
Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras .
Esa tarea civilizadora del capitalismo, como su papel de portador de desarrollo, también fue vista por Lenin en el mismo sentido.
La exportación de capitales repercute en el desarrollo del capitalismo dentro de los países en que aquéllos son invertidos, acelerándolo extraordinariamente .
Esta idea de Lenin, expresada en 1916, del capital como mensajero de desarrollo, es exactamente la misma visión de Marx. La idea de Marx, según la cual el sistema capitalista es camino obligado del desarrollo, se encuentra en forma explícita en El Capital; en el prólogo a la primera edición del primer tomo dice:
Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad. Los países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante de los países menos progresivos el espejo de su propio porvenir .
No obstante, Carlos Marx y V.I. Lenin, como grandes pensadores que fueron, estuvieron siempre prestos a reelaborar su pensamiento cuando las circunstancias lo exigían. En el caso de Marx, por ejemplo, los interrogantes que planteaban algunos revolucionarios rusos lo hicieron repensar algunos aspectos sobre la rigidez de las leyes de la historia.
En el caso de Lenin, nada hay más diciente que su actitud teórica al proponer la Nueva Política Económica (NEP) en 1921. Al respecto, decía Lenin en 1921:
La nueva política económica implica sustituir el sistema de contingentación por un impuesto, implica pasar en grado considerable, si bien no sabemos en qué grado concreto, al restablecimiento del capitalismo .
En nuestro himno cantamos ‘agrupémonos todos en la lucha final’, mas, por desgracia, eso es una pequeña mentira; por desgracia, esta no es la lucha final. O sabéis agrupar en esta lucha a los obreros y los campesinos o no obtendréis la victoria .
Este no es el Lenin de 1908, quien veía el movimiento de la historia en correspondencia única con leyes objetivas, sino un Lenin que avanza y retrocede en correspondencia con las condiciones concretas. Un líder que organiza e invita a organizar los procesos, recordando que el éxito dependerá de su capacidad para agrupar a las masas alrededor de determinadas consignas.
El pensador colombiano Antonio García decía que el Lenin creador del Estado soviético, fue el mejor rectificador de Lenin teórico del Estado y la revolución proletaria .
Un primer aspecto que seguramente debemos aprender en América Latina, tanto de Marx como de Lenin, es su capacidad de replantear sus formulaciones a la luz de las realidades cambiantes, lo cual es propio de los grandes maestros. Otro aspecto que debe ser retomado del marxismo, y este es tal vez el más importante, es el método con el cual enfrenta el conocimiento de la realidad. Más que repetir sus conclusiones, debemos adoptar el camino que siguió para llegar a ellas. Marx enseñó, siguiendo a Hegel, a no detenerse en lo evidente, sino avanzar hacia lo esencial; es por ello que Kohan califica a Marx como el Sherlock Holmes de las ciencias sociales y Boaventura de Sousa Santos dice que Marx nos enseñó la hermenéutica de la sospecha, la cual debe ser usada en el análisis del mismo Marx:
La solidez del marxismo reside esencialmente en que necesitaremos esta hermenéutica de la sospecha para decidir sobre qué partes del marxismo deben desvanecerse en el aire. Emplearla contra el marxismo, con el objeto de agudizar, no de obnubilar, la voluntad de utopía es, hoy en día, tal vez la mejor manera de honrar la brillante tradición que él implantó. Sobre todo hoy cuando, como decía Walter Benjamín, la crisis, la verdadera crisis, es que todo continúe como está .
De la misma manera que Marx trabajó sobre la realidad de su tiempo y la historia de la misma para descubrir su esencia y sus tendencias fundamentales, los latinoamericanos debemos estudiar la realidad de esta parte del mundo y su historia para encontrar las tendencias correspondientes. El Capital, especialmente el primer tomo, es un ejemplo magistral del camino entre las formas aparenciales y la esencia del modo de producción. Desde la forma mercantil de la producción capitalista se llega, en los capítulos cuatro, cinco y seis a la plusvalía como la categoría esencial del sistema que se está estudiando. Es a este nivel que plantea su descubrimiento fundamental, que consiste en la transformación del dinero en capital, y para eso:
nuestro poseedor de dinero tiene que ser tan afortunado que, dentro de la órbita de la circulación, en el mercado descubra una mercancía cuyo valor de uso posea la peregrina cualidad de ser fuente de valor... y, en efecto, el poseedor de dinero encuentra en el mercado esta mercancía específica: la capacidad de trabajo o la fuerza de trabajo .
Este hecho es el que da naturaleza al capital y convierte al capitalismo en un modo de producción histórico particular. Además, el estudio de la historia del capitalismo europeo le muestra a Marx que todo otro tipo de relación social tiende a destruirse y a ser reemplazada por las relaciones de tipo capitalista, esto lo lleva a la conclusión de que el capitalismo es un punto de llegada necesario.
Igualmente el destino del capital está dado por la concentración de la propiedad y la producción en manos de unos pocos capitalistas, hasta extremos insostenibles para el sistema mismo, como lo sintetiza Marx en el conocido epígrafe séptimo del capítulo 24 del tomo uno de El Capital:
El monopolio del capital se convierte en grillete del régimen de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Ésta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados .
Este proceso no llegó a tener lugar hasta esos extremos, como lo esperaba la teoría. Por el contrario al lado de los grandes monopolios siguen existiendo y naciendo cada día numerosos pequeños y medianos capitalistas, defensores obvios del sistema. Esto último es especialmente cierto en América Latina, donde el proceso de monopolización no ha sido ni siquiera el punto de llegada del crecimiento capitalista, sino que los monopolios nacieron junto con el sistema en convivencia con la mediana y pequeña propiedad. En estas nuevas condiciones, el proceso de expropiación de los expropiadores no se presenta tan sencillo y natural. Dado que la mayor parte de la población no está alineada entre capitalistas monopolistas y proletarios, cabe incluso la pregunta si los pequeños capitalistas son expropiadores o expropiables.
Lo que los marxistas latinoamericanos en general han hecho es trasladar las conclusiones que Marx elaboró en Europa a Latinoamérica. Pienso que es más fiel con el espíritu investigativo de este pensador recorrer en América Latina del siglo XX el mismo camino que él recorrió en la Europa del siglo XIX. No es muy claro que en América Latina la relación esencial sea la existente entre el burgués y el proletario, es decir la plusvalía, tampoco se ha demostrado que la historia de América Latina sea la historia de la destrucción de formas económicas diferentes y su reemplazo por relaciones de producción capitalistas. Esto para hablar del aporte de Carlos Marx; ni que decir de las enseñanzas del DIAMAT y el ISMAT.
De otra parte, el planteamiento sobre la existencia de la materia anterior e independiente del hombre es histórica y políticamente no pertinente para el caso de América Latina. Inclusive puede llegar a constituirse en un obstáculo innecesario, por variar razones. El aspecto fundamental, que no encaja con ese materialismo histórico, es que un cambio social en estos países no pasa por la maduración objetiva de un modo de producción que conduzca naturalmente a otro nuevo, sino más bien en la imaginación de los hombres y las mujeres capaces de crear nuevas condiciones. Otro aspecto, no menos importante, es que esa visión materialista tiene connotaciones teológicas inconvenientes en un subcontinente donde los cristianos han jugado y seguirán jugando un papel transformador muy importante.
En conclusión, el futuro de América Latina no está en el socialismo que Marx predijo para las condiciones de Europa, sino en las propuestas elaboradas por los latinoamericanos apoyados en sus propias teorías. Marx no debe ser ignorado, pero para nosotros su herencia está en su método y no en sus conclusiones. No obtendremos nada de las vulgarizaciones que se han hecho del marxismo y quizá no tanto de El Capital como de los manuscritos de Marx de 1857-1858 y 1861-1863**: allí está su método.