Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
En esa fábrica de lejías, tampoco recordaba si se trataba
de fábrica o un gran almacén, con muchas cajas de lejías, eso recordaba, era
muy niño, había bastantes lejías, es algo curioso, antes de toparse con una
rana o con un escarabajo se topa con lejías, un producto químico que me parecía
fuerte, si recuerdo haberme preguntado qué ocurre si me bebo lejía, ya de
antemano supe que era un peligro beber lejía, de hecho aparecía el símbolo
del pirata, no sé, pero se empleaba ese símbolo, no era la del pirata, era el
símbolo de un cráneo cruzado con dos huesos largos, sus propios huesos, esa
afición por las calaveras en diversas generaciones, en décadas, siglos, las
calaveras, esos conventos, esos monjes que tienen lugares para guardar sus
huesos o conservar los huesos de sus antepasados, momificar, qué horrendo, eso
es peor para los niños observar esas cosas horrendas, no sé por qué hablan de
morales y eso no se puede ver y aquello sí, y ver un muerto embalsamado dentro
de una urna en tal capilla de tal iglesia es algo que durante años me producía
terror infernal. Había y hay grupos musicales que utilizan como mascotas la
calavera, o el cráneo. En las guerras dejan muchas calaveras. Es muy divertido
un videoclips que vi recientemente de música bakalao o algo así, es una chica
que entra en una sala de fiesta y por alucinación (un poco en relación al
consumo de drogas última generación, al menos es el mensaje que he captado) veía
bailes de calaveras, o entra en el wc y se encuentra a una pareja calavera
practicando el sexo... O sea, ¡Basta ya de calaveras! Junto con un amigo gitano
(dijeron que era gitano) decidimos arrojar las cajas de lejías al suelo,
jugamos, hasta que llegó un trabajador que nos expulsaron del lugar, temía
algo peor, que nos castigaran, que nos pegaran o lo que sea, no, sino
amablemente nos echaron del lugar, el lugar de las lejías. Cada cosa en su
lugar. Siempre pensaba en las lejías, ese olor tan fuerte, a veces desagradable
o agradable, eso de los gustos no está nada escrito, no hay límite entre lo
dulce y lo repugnante. La orina es repugnante, mejor no saber nada, y sin
embargo si nos dejamos llevar por el deseo sexual nos dan igual esos lugares de
la orina o de la caca o esa boca, o sea, nos gustan lo repugnante o nos
repugnan, según el estado anímico...
Amablemente nos expulsaron del lugar. O cuando entré en un Teatro de un colegio
de mis hermanas, alguien mayorcito me expulsó del teatro, y sigo aún sin
comprender, no arrojé nada, ni rompí butacas, pero y sin embargo era molesto,
¡Qué hice!, sigo sin saber. Hay muchas cosas sin saber en la vida de cada
cual.
Ahora que soy mayorcito comprendo que no puedo decir cualquier cosa, ni entrar
en muchos sitios a no ser que me echen de lugares así o asá, voy a lo mío, sé
lo que puedo molestar o no, con mucha educación respondo a esa persona o
aquella, por ejemplo, hay muchos lugares que están prohibidos fumar, siempre
llega alguien de turno con mucha responsabilidad que me advierte de la prohibición
de fumar en esos lugares, le digo que lo siento, no me he dado cuenta y con
mucha amabilidad apago el cigarrito. Por ejemplo, todos los vecinos de mi bloque
de viviendas se reúnen para tratar entre otros asuntos sobre la prohibición de
fumar en los ascensores, y común acuerdo para sacar una partida presupuestaria
de la comunidad destinada a colocar cartelitos en el ascensor muy visual por
cierto donde señale la expresa prohibición de fumar, ya he sido amonestado
varias veces, lo siento señores, no me he dado cuenta, lo tendré en cuenta, de
la noche a la mañana uno no cambia fácilmente las costumbres. Eso, todo eso lo
comprendo, pero hay otras cosas tan nimias, tan absurdas que siempre llega
alguien señalando el dedo. ¿Qué le importa a un compañero de trabajo que
cambie de marcas de tabaco como de sombrero?, ¿Qué le importa que yo me
levante de la silla así o asá, con cierto ímpetu y todo eso? ¡Qué manía!
No idealizo situaciones, no trato de romper normas, no trato de ser un
incivilizado, sino actúo a mi manera, y en la medida de lo posible observo las
reacciones de los demás, en muchas situaciones mido mi comportamiento, mis
decires, ya que puedo salir malparado. Me gustaría aprender el arte de
mimetizar, o ser un mimo, o pantomimo, para simular los comportamientos de los
otros, pero eso también puede ser molestos, ya que si mostrara el espejo al
otro, el otro se vería fatalmente, molesto, puede explotar en cólera. Tengo
mucho que aprender, lo cierto.
La lejía sirve para muchas cosas, para limpiar fuertemente los restos sucios
del baño, desinfectar se dice, para limpiar el suelo, para lavar ropas blancas
y dejar más blancas posibles, la lejía descolora, cae una gota de lejía en un
pantalón de color y de inmediato se come el color, la lejía come mucho, como
por lo pronto los colores, también come gérmenes. Supe de antemano la
peligrosidad de la lejía por que inmediatamente asocié calavera con lejía,
lejía es igual a calavera, y algo he visto de calavera, era muy pequeño y aún
no sabía leer, y el dibujo era suficiente para indicarme la peligrosidad sobre
la lejía, me produjo algo extraño, como posteriormente pensé sobre las
drogas, el gusto por lo prohibido, no es ninguna tontería, se sabe que muchos
niños han sido víctimas de accidentes domésticos y demás, niños que han
bebido productos químicos, niños que se han quemado con el fuego de la cocina,
niños que han puesto los dedos en los enchufes... La cantidad de lejías
dispuestas a trasladar a otro sitio, a transportar en camión a diversos puntos
de ventas, no había visto tanta cantidades de lejías, nos producía curiosidad
observar, oler, ese producto químico.