Por: Francisco Arias
aarias@arrakis.es
LOS MAS POBRES ENTRE LOS POBRES
¡Qué poco me va quedando
de lo poco que tenía!
José Bergamín.
UNA VARIEDAD DE POBREZA QUE REUNE A
MILLONES DE PERSONAS
En la cultura de los satisfechos, a algunos que realmente les va bien, quieren
que les vaya
mejor. Algunos que viven con notable desahogo, se oponen enérgicamente a todo lo que
pueda
suponer un peligro, no de toda su comodidad sino de una parte de ella. Por eso nuestra
cultura de
la satisfacción es reacia a cambios estructurales, y sólo tolera pequeños avances y
cambios
estéticos. Y aunque cada vez son más los que protestan contra el hambre y la pobreza de
una
gran parte de la humanidad y manifiestan una seria preocupación por el futuro, lo cierto
es que
no constituyen todavía una clara amenaza para la mayoría electoral.
Nuestra cultura de la satisfacción se muestra tolerante con las enormes diferencias de
ingresos y
rentas que hay en nuestra sociedad y con el abismo de desigualdad que existe entre los
países.
No cabe duda que la ética debe jugar un papel crucial en la construcción de un futuro
mejor y en
la lucha contra la pobreza. La ética individual y comunitaria; la ética en el poder y en
la sociedad
civil organizada. Nada pueden temer más la injusticia y los defensores del actual status
quo
planetario que la unión y la acción organizada de la gente frente a ella. En este fin de
milenio, si
la sociedad civil encuentra el modo eficaz de encaminar su acción autónoma y consciente,
podrán abrirse las puertas de ese callejón ecológico, económico y social en el que
está sumida.
El mundo está cercado por esta realidad: tres de cada cuatro mujeres, hombres y niños,
son
pobres. En la actualidad, 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar por
día; 800
millones sufren hambre y desnutrición crónica; 200 millones mueren anualmente antes de
alcanzar los cinco años de edad. Más de la cuarta parte de la población mundial no
dispone de
agua potable, de instalaciones sanitarias, de atención médica... Una inmensa cantidad de
hombres y mujeres que pueblan la Tierra contemplan su presente y su futuro más inmediato
sin
ninguna esperanza. En estos últimos años de bonanza económica ha aumentado la pobreza y
el
hambre en el mundo. Ha aumentado la exclusión de la mayoría de la población en la toma
de
decisiones sobre su vida y su futuro. Ha decrecido el acceso a lo más básico: la tierra,
el uso de
los bienes, los avances técnicos, el alimento, el vestido, la salud, la educación.
La pobreza es una realidad presente también en los países ricos, en las llamadas
sociedades
desarrolladas. El progreso de la tecnología, la aparición de nuevos países
industrializados que
se valen de una mano de obra mucho más barata, y otro tipo de razones de carácter no
sólo
económico sino también político, social y cultural, han modificado totalmente las
reglas de
juego. La pobreza y la miseria avanzan también en importantes sectores de población de
los
países desarrollados.
Parados de corta o larga duración. Inmigrantes mal llamados ilegales.
Campesinos de zonas
rurales marginadas. Jóvenes sin familia. Ancianos olvidados y abandonados. Millones de
mujeres que viven diariamente al límite de sus posibilidades económicas, físicas y
psíquicas
como precio por su condición de mujer . Personas sin techo y sin hogar. Población
reclusa.
Enfermos terminales y crónicos sin atención ni cuidados. Discapacitados físicos y
psíquicos
carentes de las más básicas prestaciones. Drogodependientes... El dibujo es una realidad
social
cada vez más rota, donde las bolsas de pobreza dejan de ser pequeños
espacios aislados y
localizables, para constituir, paulatinamente, un elemento cualitativo y definitorio del
tejido
social de las sociedades opulentas.
En los países ricos existe un número creciente de hombres y mujeres que se definen
socialmente
por su falta de identidad social, por el nulo reconocimiento que se hace de ellos como
personas.
Son los más pobres entre los pobres. Una variedad de pobreza que reúne a millones de
personas.
Al no acceder a los sistemas y redes de protección social que existen en su entorno, su
patología
personal y su desocialización adquieren tonos límites. Ciertos grupos de población
gitana,
mendigos, yonkis, jóvenes prostitutas seropositivas, mujeres con cargas
familiares y en
situación límite por graves problemas o catástrofes familiares, ancianos con atrofia
cerebral,
abandonados por la familia y la sociedad..., son algunos de estos grupos sociales.
Desarraigo familiar, exclusión social, graves problemas de carácter sanitario y
afectivo,
desempleo continuado, carencia aguda de recursos económicos y soledad, son algunas de las
características que describen la situación de este colectivo.
Los excluidos absolutos son un sector cada vez más mayoritario. Y como dijo el poeta:
Y
cuántas promesas, madre / ¡ay!, cuantas hicieron. / Y no cumplieron ninguna / de las que
hicieron.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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