Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Lo malo es leerse
En mi bloque de viviendas soy un vecino más, mis vecinos no me conocen
del todo, pero me ven como un bicho raro, pobre de mí, pobrecito, que no
atiende a los demás, ya que está en lo suyo, va a su aire, no le importa
los demás, salgo de mi piso familiar y bajo las escaleras, y subo y bajo,
y salgo a la calle, y veo caras sorprendentes, para nada tratan de decirme
algo, por tanto, no tengo por que decirles algo, antes de ser
estampillados por los demás prefiero no contactarme con mis vecinos, es
como si uno supiera de antemano lo que me pretenden decirme, bueno, son
pensamientos que se me vino a la cabeza sin ton ni son, puede ser cierto o
no, otro pensamiento que se me vino a la cabeza en relación a mis vecinos
es que esto parece un Asilo de Ancianos, no es por nada, sino por que como
cada vez hay menos niños, rechazan a los jóvenes inmigrantes y todo eso,
la población evidentemente envejece, otro pensamiento que se me vino a la
cabeza. Y otro pensamiento que se me vino a la cabeza, hay gentes que están
de acuerdo que la escritura es algo... es un hueso duro de roer, escribir
es como analizarse, no estoy del todo de acuerdo, pero bueno... lo que si
me pasa es que cuando leo lo que escribo me pongo algo raro, como si mi
creación surgieran fantasmas y fueran a por mí... hoy voy a por ti. En
vez de disfrutar la Navidad lo que me ha pasado es que los fantasmas han
ido a por mí. He tenido deseo de dejar de escribir. Sí, dejar de
escribir, por que... exprimir todo lo que llevo dentro de mí a veces
puede ser contraproducente. Incluso leer lo escrito me produce una especie
de parálisis. Incluso leer textos de escritores noveles realmente me ha
producido algo extraño, algo más fuerte que los realmente considerado
escritores profesionales o conocidos. Así iba, tan ensimismado, bajando
la escalera y en la planta baja, donde está el portal, inmediatamente
algo me llamó la atención, quería soslayarlo, como si nada pasara, y
sigo hacia delante y me voy a la calle y tal, pero en ese momento estaba
una vecina que no la conozco del todo hablando con otra vecina que tampoco
la conozco del todo, la vecina A tiene un niño pequeño en un carrito
para transportar bebé, especie de camita para bebé... Quise acercarme a
ver la carita del niño, la madre acude inmediatamente, me pone mala cara,
y me dice que nada, que el niño no está para nadie, no ves que está muy
dormido... y lo que vi es un niño totalmente fuera de lugar y del mundo,
o sea, una especie de bebé burbuja, fue tal el estremecimiento que tuve
que me di cuenta que lo que trataba la madre con respecto a su hijo era
otra cosa que no entendí perfectamente. Hay personas que a lo largo de su
vida desde la infancia toma contacto con lo crudo de la realidad, pero ese
niño desde que nació fue súbitamente cortado de la realidad, fuera de
la realidad, un bebé burbuja, tan delicado, como dice su mama, tan
delicado... Sí.
La vecina B contaba a la vecina A cosas maravillosas sobre la Navidad y
cosas negativas sobre los otros vecinos nuevos que viven en el bloque de
vivienda. La vecina B piensa que en el bloque de viviendas viven
gentes nuevas, pero atípicas, no lo había pensado del todo, pero sé que
hay nuevos estudiantes, prostitutas, colombianas, y gentes raras... La
vecina A no para de hablar sobre su niño. El niño dormidito. Pero
realmente... ¿Qué me pasa?, si transcribo esas cosas tan absurdas cómo
que luego me afecta de lleno, no sabía que la escritura iba a tomar un
derrotero que me saca de quicio, bueno, en realidad tampoco es eso de
sacarme de quicio, es lo de menos, pero sí que me parte el alma, lo mío
mejor sería olvidar todo, lo del niño, las vecinas, el bloque de
vivienda y mis historias, olvidarlo todo. Ahora comprendo cómo muchas
gentes prefieren no hablar demasiado sobre sí misma, es algo quemante,
como por ejemplo, cuenta todo lo que se te pase por la cabeza al
psicoanalista, la verdad es que muchas veces abandonas la sesión por no
poder soportarlo, tengo que admitir que tengo una cierta capacidad de
aguante, tanto de escuchar a los demás como a mí mismo. Sí, aunque
parezca absurdo. Realmente lo que siento en mi interior es como algo
quemante, por haberme atrevido traspasar ciertos límites... si puedo
llamarlo así, en teoría parece fácil hablar de sí mismo, pero cuando
lleva un tiempo es como adentrarse por territorios pocos trillados, como
atreverse adentrarse por terrenos resbaladizos, probablemente locura, no sé
si sé explicarme, lo mismo no encuentro palabras, pero volver a rememorar
ciertas situaciones del pasado lejano o reciente realmente es algo
doloroso, más cuando tratas de recordar algo que mejor sería olvidarlo.
Imagínate ahora que el bebé que transcribo en mi diario recobra vida
propia en forma de fantasma, que aparezcan en mi sueño, por que también
suelo soñar cosas macabras, al estilo Allan Poe o cualquier otro,
realmente siento en mi interior un fuego... voy por las calles y me
topo con personas que parecen personajes de mis escritos, o cualquier otra
persona que inmediatamente sé su situación inmediata o sus pensamientos,
el otro cree que he robado sus pensamientos y su destino. No sé si
admites mis pensamientos absurdos, quizás no encuentre palabras exactas,
pero estoy forzado a transcribirlo, y creo que tendré que tener muchos ánimos
para seguir transcribiendo, o releer lo escrito, sí, me lo digo, y tener
el valor de superar ciertas barreras... Soy consciente que existen muros
del lenguaje. No sé por que pienso en esas cosas, tan absurdas, quizás
la imagen del bebé burbuja, probablemente... Ahora estamos en el año
2001. Stanley Kubrick hizo una película que se titula 2001 Odisea en el
espacio. La ciencia inventa nuevas pastillas contra los malestares, el sueño
de la perfección humana sigue a pasos agigantados, y sin embargo los
malestares sociales persisten y van a la par avanzando a pasos
agigantados. Como al bebé burbuja, hay que taponar todas las faltas.
Hoy digo absurdidades.