Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Estoy mejor que ayer
hoy lloré menos.”
Gloria Fuertes.
LA VIOLENCIA DOMESTICA CONSTITUYE
UN PROBLEMA DE SALUD PUBLICA
Las mujeres a menudo no reciben las recompensas materiales o emocionales que deberían poder
esperar a cambio del cumplimiento de sus responsabilidades domésticas. Para muchas éste no es,
sin embargo, el único riesgo que corren en el hogar familiar. También están expuestas al peligro
de sufrir lesiones o hasta morir por obra de las misma persona de quien deberían poder esperar
protección. El hogar suele considerarse como un lugar seguro, un refugio frente a las amenazas
del mundo exterior. La realidad, no obstante, es con frecuencia muy distinta.
El temor a la violencia física y también su práctica real representan una importante amenaza
para la salud de millones de mujeres y esta violencia a menudo constituye un aspecto habitual de
la vida familiar. Las mujeres y las niñas pueden sufrir agresiones muy diversas en su entorno
doméstico, incluido el incesto, la violación, vejaciones psicológicas y agresiones físicas. Aquí
nos referiremos sólo a estas últimas, esto es, a la violencia doméstica o malos tratos conyugales,
como suelen denominarse a menudo; si bien, obviamente, los malos tratos aparecen asociados
con gran frecuencia a agresiones emocionales, sexuales o de otro tipo.
La violencia física contra la pareja en las relaciones íntimas es un fenómeno frecuente y en un 90
por ciento de los casos se trata de agresiones perpetradas por un hombre contra una mujer. En
los años setenta y principios de los ochenta, las investigaciones se concentraron sobre todo en los
países desarrollados, donde la denuncia de la violencia contra las mujeres fue una preocupación
central para el movimiento feminista. Sin embargo, en estos momentos está claro que la
violencia doméstica constituye un problema de salud pública a escala mundial. Aunque la
sociedad y el contexto en que ésta se ejerce pueden variar de una sociedad a otra. La violencia
doméstica es más frecuente en unas sociedades que en otras, pero no parece haber ninguna en la
que las mujeres puedan sentirse totalmente a salvo.
Resulta difícil obtener estimaciones exactas del número de mujeres que son víctimas de malos
tratos cada año, puesto que muchas, por vergüenza y también por temor , prefieren no revelar sus
sufrimientos privados.
Existen pruebas de que muchas mujeres que conviven con hombres ven afectada o incluso
arruinada su salud a causa de las agresiones violentas. Más allá de las diferencias culturales,
millones de mujeres comparten la experiencia de la violencia doméstica y la excusa inmediata
para los malos tratos, muchas veces es su desempeño del papel de esposas o madres. El propio
embarazo parece incrementar, de hecho, el riesgo. Algunos estudios señalan que la probabilidad
de que una mujer sea maltratada por su pareja es dos veces más alta si está embarazada.
Las agresiones físicas pueden incluir golpes, patadas, tirones de pelo, golpes con objetos
contundentes, apuñalamiento, disparos de arma de fuego o ataques con ácido o agua hirviendo.
Además, frecuentemente culminan con alguna forma de violencia sexual. Las agresiones a
menudo suelen ser habituales y las lesiones causadas pueden ser graves y en algunos casos
mortales. En la mayoría de los países, una mujer tiene más probabilidades de morir por su
marido o compañero que por obra de cualquier otro atacante.
Además de causar lesiones físicas, la violencia doméstica también aparece como una importante
causa de sufrimientos y traumas psicológicos. La mayor parte de las mujeres maltratadas sufren
los estragos de la angustia asociada al temor a la próxima agresión y los ataques de la persona
que supuestamente debería cuidar de ellas les causan desconcierto y sentimientos de ira. El
suicidio puede acabar apareciendo como la única salida para algunas mujeres maltratadas. Según
un análisis, alrededor de entre un 30 y un 40 por ciento de las mujeres maltratadas intentan
suicidarse en algún momento de su vida en Estados Unidos.
Debido al carácter frecuentemente privado de la vida doméstica y a su dependencia económica y
a veces también cultural, muchas mujeres siguen creyendo que deben resolver ellas solas sus
problemas. Sólo cuando se supere esta idea podrá promoverse el cambio social a través de la
acción colectiva, transformando el hogar en un lugar más saludable . Y como dijo la poeta: “...
Escapé de la línea de tu fuego, / ya no he vuelto a ser acribillada”.
Francisco Arias Solis
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Pinochet sigue entre rejas en Internet: Campaña de la Asociación Internacional de
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