Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Se estaba tumbada en la cama, había visto recientemente un
videoclips de Sid Vicious, nunca había visto un vídeoclip así, Sid Vicious
sobre un escenario cantando a gentes respetables. La canción es My Way. En
televisión emitía sucesivos videoclips de diversas tendencias musicales. Ella
estaba tumbada en la cama, acurrucada, como si gozara de sí misma, bajo el
edredón, en el exterior no paraba de llover, parecía un día especialmente
melancólico. Habíamos comido recientemente, ella estaba muerta de sueño, por
la noche se perdió como una gata, no me dijo que hizo anoche, no tenía ganas
de hablar. Yo no quise salir anoche, me quedé en casa, viendo algo de televisión,
no siempre me apetece salir.
A parte de ver televisión, leía algo al azar. Había algo en Sid Vicious que
me llamaba la atención, vi su figura algo cadavérica, se sabía, al menos no
supe demasiado demasiado, pero me enteré algo, que Sid Vicious era heroinómano.
Ya me puse a pensar sobre Sid Vicious. Y sobre Sex Pistols. Y sobre otros grupos
del panorama punk. Como instinto de muerte a gran escala, imaginé, ese estado
cadavérico cantando en un escenario irreal frente a un grupo burgués que elige
lo que es bueno y lo que es malo, Sid Vicious hizo la burla, se burló del público
que deciden lo que es bueno y lo que es malo, de hecho, al final del videoclip
“My Way” saca una pistola falsa y dispara sobre el público imaginario,
irreal, hasta agotar el cargador y luego sube una especie de escalinata
haciendo con el dedo a-tomar-por-culo... y fin del videoclips. Esa tendencia
autodestructiva, alguien me comentó que yo me salvé de esa quema, por que
supuestamente “me hablé” (?). Pero realmente estaba metido en el ambiente
punk, así a la ligera, por que estaba un poco separado del resto humano, y eso
me hizo salvar de la quema, aunque sigo en otras quemas...
En el instituto tenía compañeros punk, de niño preguntaba a un maestro de
escuela lo que quiere decir la palabra punk, o sea, la curiosidad a flor de
piel. Asistir un concierto de rock punk era asistir un espectáculo dantesco o
algo parecido, gentes que entrechocan, gentes que suben al escenario para
lanzarse en la mar del público o al vacío, o sea, la tendencia autodestructiva
a flor de piel, poner en movimiento constante e inconstante la tendencia
autodestructiva.
Había magulladuras. En la cara, brazos, piernas... Y bebidas por un tubo. Y
experimentar con drogas. Ese videoclips me hizo recordar esas cosas, soy Manuel
y me llamaban manolo el punk. Observé el aspecto patético y casi cadavérico
de Sid Vicious en ese videoclip musical, llevaba puesto una chaqueta, y un
pantalón malla, parecía todo un Frankenstein, aunque su cara resultaba simpática,
movía masas, era un ideal para aquellos seguidores del punk que éramos, un
ideal a seguir, era realmente peligroso.
Ahora observando las gentes por las calles, aunque estamos en el nuevo milenio,
hay ciertos ecos, ciertas secuelas del punk, o sea, que marcó un hito en la
historia de la moda, en la historia de los comportamientos, en la historia
musical, y cuando veo a tal persona con tal peinado, claro ese peinado tiene
cierto eco punk, como ecos que pululan por cualquier parte, no sería extrañar
ver a un respetado profesor universitario que se parece a un punk por su forma
de hablar, de expresarse, de peinarse, de vestirse. Aunque el punk es algo del
pasado, aún hay adolescentes/jóvenes que siguen con el panorama punk.
Las gentes piensan que eso ha marcado una etapa de su vida, muchos de los que
tienen treinta años hoy día saben de qué hablo, y los que tienen cuarenta años.
Pero muchos han cambiado, otros han terminado fatal, otros han terminado para
ser otra cosa de provecho en la sociedad, fundan familias, empresas, dejan
secuelas en la tierra. Hay quien dicen que de joven es rebelde y de viejo es
conservador. Pienso que muchos no lo son. Podemos invertirlo: hay quien de joven
era conservador y de viejo rebelde. Bueno. Un ataque sistemático de recuerdos,
de ideas, se me vino a la cabeza al ver ese videoclip, en principio sale Sid
Vicious cantando fatalmente, sin música ni nada, como si cualquiera cantara, y
luego viene la música y cambia el tono de voz, de suave a fuerte. A mi me gustó.
Pensaba por ejemplo que The Beatles era algo del pasado, que de vez en cuando oímos
algo de ellos, pero no esa avalancha que hay ahora, en televisión lo pone a
todas horas, y en la radio de vez en cuando nos recuerdan a The Beatles, una
gran avalancha de nieve beatleiana. Y con un gran éxito de ventas de discos.
Patético.
Todo eso me hizo pensar en la tendencia autodestructiva del movimiento punk, yo
tenía cierta tendencia autodestructiva, y tengo algo aún, y aunque no creo en
el trabajo eso me amortigua un tanto esa tendencia autodestructiva, qué lío,
me gusta emplear la frase tendencia autodestructiva. Por que era la gatita de mi
novia la que me dijo que lo que había marcado en mi vida era esa tendencia
autodestructiva, y esa frase se me vino como un jarro de agua, mi novia gatita
es muy sabia, y bebo de sus palabras. La llamo gatita por que es tan
independiente, tiene cierto toque punk, ella lo era, es incontrolable, se
comporta como una gatita.
La gatita me enseñó que lo más importante es ser uno mismo, escuchar mi voz
interna, mi corazón, y que lo más preciado lo llevo dentro, me lo dijo la otra
vez, aunque ella para mí es el verdadero amor. Le estuve comentando ese
videoclips de Sid Vicious.
Así andaba hoy día, pensando en ese videoclips, en el ambiente punk en su
momento, en Sid Vicious, en la estela punk, en las consecuencias de los
desmadres punks y otras historias. El cinismo entre los jóvenes punks estaba a
flor de piel, nos comportábamos como perros, hoy día por ejemplo en el barrio
viejo de mi ciudad están los que denominan localmente “los pies negros”,
que son más o menos punk mezclado con hippie y mezclado con otra cosa, y suelen
llevar perros. Todos esos pensamientos y recuerdos por culpa del visionamiento
del videoclip ese.