Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Narciso se miraba en el espejo, algo llamaba la atención su
imagen reflejada, se enamora de su propia imagen, Narciso observa obsesivamente
cada detalle, su grueso labio, su mirada penetrante, su piel, su papada, mira
bastante su imagen, marca cierta distancia, quiere disfrutar de su propia imagen
sin ahogarse, Narciso que vive en tal apartamento de la ciudad, tiene un gran
espejo en el cuarto baño, se mira desnudo, totalmente desnudo, disfrutar la
coloración de su piel reflejada en el espejo, parecería absurdo, sería una
rareza de Narciso. Hace gesticulaciones. Se toca el pene. Alarga el brazo para
tocar esa imagen virtual, ese Narciso situado al otro lado del espejo. Una
imagen virtual. Quien sabe, enamorarse de su propia imagen reflejada en el otro,
el amante es un pretexto para verse reflejado el amado, goza de la imagen, de su
imagen... Hay ese mito que contó en la escuela, que Narciso se quedó tan
prendado de su imagen reflejada en el charco que se ahogó en ella. Gateaba en
el cuarto baño, la cisterna del inodoro estaba estropeada, sonaba el sonido
incesante del agua de la cisterna como un manantial de agua que no cesa, en el
suelo dejó el periódico abierto por la mitad, el periódico de la mañana, había
varias fotografías sobre situaciones conflictivas en diversos lugares del
mundo. Su labio reflejado en el espejo, grueso labio, a veces imaginaba o quizás
sea real que su imagen tenga cierto foco de atracción, como un centro de
gravedad, como un agujero negro que atrapa cualquier mirada, miraba su pelo, hacía
ciertos movimientos corporales, toqueteaba el pene, experimentaba su imagen
narcisista.
Narciso hacía continuas maquinaciones, recreaba continuamente su imagen
reflejada en el espejo, es algo pesado, pero le gusta mirarse en el espejo. Hay
gentes que evitan en la medida de lo posible reflejarse en el espejo, a veces a
determinadas horas según el estado de ánimo prefieren no verse reflejados en
el espejo. Salió de la ducha, el cuerpo estaba muy humedificado, se secaba en
la medida de lo posible con la toalla, acto posterior se miraba con total fijeza
su imagen, disfrutaba mirando su reflejo, disfrutaba mirándose. Su amante, como
dije, es un pretexto para mirarse, mira a su amante como si se mirara en el
espejo reflejado, Narciso se mira en su amante como si se mirara en el espejo
del cuarto de baño. Un espejo que ocupa la altura del cuarto de baño, un gran
espejo. Su amante le dijo varias veces que dejara de mirarse en el espejo de
modo obsesivo, su amante está muy enamorada de Narciso, Narciso es un joven
bello, que tiene ese gran defecto: estar enamorado de su imagen reflejada en el
espejo. Esas rarezas en esta ciudad, en la ciudad hay muchas rarezas. Pero a
parte de esas rarezas, nos pueden remitir a pensamientos sobre cada unos de
nosotros, en mayor o menor medida todos somos narcisistas. Uno más que otros.
Si imaginara un mundo sin espejo la verdad... todo el mundo por las mañanas
recién levantado se miran en el espejo. Y si va por la calle se miran a los
otros a ver cómo se encuentra. Si se encuentra bien o mal. El otro asiente, ese
eres tú, o disiente, ese no eres tú. O preguntamos... ¿Cómo me encuentro?,
preguntamos al otro. Narciso recién salido de la ducha, acto posterior de
secarse es mirarse en el espejo, qué pesadez, la humedad relativa del cuarto baño
aumenta, hay vaho, el espejo está empañado, con la mano dulcemente quita el
empañe, hasta tener la posibilidad de verse reflejado nítidamente en el
espejo, ocupa literalmente sus pensamientos, como un disco rayado, la imagen
reflejada en el espejo, la imagen reflejada en el espejo, así continuamente,
focaliza, con su mirada hace zoom, aumenta o reduce detalles de su imagen, por
ejemplo, aumenta la imagen de su labio, o empequeñece la imagen del torso,
realmente lo suyo si tuviera la oportunidad de decírselo, o a través de su
amante, es que ofreciera su cuerpo para pasto de miradas de artistas escultores,
o como modelo para un trabajo de escultura en la Facultad de Bellas Artes, qué
manía lo de Narciso, pero en fin, las rarezas, hay un poco de todo. Su amante
llamaba a la puerta del cuarto baño, es una pasada que Narciso se tirara mucho
tiempo encerrado en el cuarto baño, su amante sabe que Narciso se tira mucha
hora mirándose en el espejo, Narciso le abre la puerta, su amante le abraza,
comprende su situación, ¡Déjate de mirarte en el espejo! ¡Goza de mi cuerpo!
Soy tu espejo, Narciso. En esta ciudad hay un poco de todo. Siempre creí por
ejemplo que el Hombre Lobo era algo de imaginaciones, que no era cierto, que es
imposible que alguien por culpa de la luna llena (y que previamente sea mordido
por un lobo o algo así como nos dan a entender películas sobre Hombres Lobos)
uno se transforme en lobo. Y el hombre lobo busque víctimas. Aúlla. No sé si
habrá Hombres Lobos, pero sé que Narciso hay en cantidades ingentes. A veces
por la noche, por lo que sea, siempre he visto a alguien que se parece a un
Hombre Lobo, que aúlla, aunque no sea ese que salen en las películas, pero más
allá de su imagen real vi un lobo, un lobo que busca víctima por las noches,
poniéndonos en plan imaginativo, podríamos hipotetizar que por las noches de
los fines de semanas todos somos un poco Hombre Lobo, o un poquito de todo.
Narciso tiene el defecto de ser exageradamente bello, que su imagen cautiva
cualquier mirada, y Narciso disfruta plenamente de su imagen reflejada en el
espejo en todas las ocasiones. Su amante cree que eso se le pasará, en un
momento de evolución psicológica o en una cura psicoanalítica. Juro a la Ley
de la Gravedad que leeré algo sobre Narciso. Puede que me equivoque de lo que
he dicho sobre Narciso. Hay flores raras en esta ciudad.