NAVEGANDO POR LA COMUNICACION AUDIOVISUAL


Por : Maite Posada
ferpo@jet.es


Junto con el microondas y a falta de una chimenea que diera ambiente, decidí, no sé bien si fue una canallada mediática, un impulso a ver qué pasa o puro ahorro económico a la vez que social, comprarme una televisión.

Al principio, la encendía con recelo escéptico y porque tropezaba con ella en medio del salón ubicada, haciendo un esfuerzo por ponerme al día de las teleseries del año 2000. Pronto ya no fue necesario, de repente, me las sabía todas; la información manaba de mis ojos; en la evolución, diremos que era ya un homo informatices y, forjado por la honorable ley del mínimo esfuerzo, salía a los bares exclusivamente a exponer mi conocimiento adquirido.

Un día que salí a tomar un café, mi codo tropezó con un periódico cualquiera. Aquello sí que fue la hostia: las imágenes eran ¡estáticas! Y joder!, estaban en ¡blanco y negro!, (igual igual que las pelis de madrugada que ponen entre anuncio y anuncio). Fue entonces cuando me di cuenta que realmente amaba a mi Pantalla; era mía, exclusiva y privada. Me encerré, energía de socialización ahorrada, adorando a mi telebanco, a mi telescuela, a mi telecompra, a mi teleconferencia, …, les amaba a todos. Y amaba, amaba su sonrisa publicitaria y la de las nenas de los teleshows y también la de las de los teleconcursos.

Pero aquella hipnosis de un largo enamoramiento acabó cuando penetré por vez primera entre las cálidas piernas de la Web, mi web, que me enseña y deja al descubierto el error cometido por abandonarme en los brazos de aquel viejo electrodoméstico. No era más que un simulacro simbólico que producía en mí una deprivación de los sentidos, no era más que un espectáculo para mentes ingenuas.

Aquellas opulentas sonrisas, en vez de mostrar la realidad la ocultaba, los telediarios, deformaban el real mundo poniendo, una base de silicona, sobre mis carencias sociales. Dios!, ¡Cómo pude estar tan ciego! Todas las imágenes que atravesaban mi miraba estaban tan lejos de ser neutrales…, no eran inocentes sino efectivas armas de productor envenenando con sus connotaciones.

Como en una pesadilla, viviendo en esa sensación; no sé realmente si viví aquello o sólo lo ví en la televisión; ahora respiro; ahora estoy despierto.

Respiro ahora mientras navego, dulcemente, por los flujos de mi amado.

Es a tí, mi ordenador, a quien amo.

Él me informa, me cuenta, me entretiene, me enseña y me muestra la verdadera realidad.

Es ahora cuando realmente amo.