Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Niebla (Diario de Carolina)
Nunca me he fiado de las apariencias, hay convenciones, todos dicen ese señor
es por naturaleza bueno, es tan buena persona que es imposible que haga el mal a
nadie, y sin embargo vi que en el fondo algo discordiaba a esa persona buena, y
actuó de otra manera, ¡con miles de maquinaciones y artificios para
probablemente reducirme a la nada!
O esos señores que predican siempre el bien, que constantemente hablan sobre el
bien, son moralistas religiosos, siempre practican la caridad, y zas, hay
ramalazos de sadismo, si practicas por religión el bien por algún lado saldrá
el mal, eso seguro.
Por eso digo que no me fío de las apariencias, máxime teniendo experiencias
recientes. Soy poco dado a la sociabilidad, me asustan las apariencias.
Esta mañana tenía cierto resfriado, los otros en el trabajo mostraban su lado
inhumano, no paraba de tener visiones horrendas.
Pero es curioso, alguien en el trabajo sufre un accidente, montones de curiosos
alrededor del accidentado, con grandes deseos de ayudar al accidentado, se hace
lo posible para llevar a urgencias, muestran el lado exageradamente humano, ¡pero
no dicen las normas de seguridad e higiene que se aparten los curiosos! Al menos
he leído eso. Que haya menos curiosos por que dificultan la tarea de auxilio al
accidentado.
Son ramalazos de pensamientos que se me vienen, tengo el cuerpo algo chungo,
cierto resfriado, estoy en casa, gozo de mi pequeña enfermedad... ¡Pero es tan
caprichosa!
¿Por qué no?, muchas gentes gozan de sus síntomas, por nada del mundo estarían
dispuestos a eliminar o ceder la verdad de sus síntomas, los síntomas son como
si dijéramos lo más propio del sujeto humano.
Un hombre homosexual, se topa con mi imagen, adoptaba rictus de curiosidad, algo
no va bien, me hablaba de psicologías: probablemente, estoy seguro, tienes
varios complejos... Y se extrañaba de mi especie de actitud autista, de hecho
hablaba sobre los autistas. Quizás se refiera a él mismo, el mensaje recibido
de forma invertida. Soy como él se mostraba. Especulo.
Cuando me levanté esta mañana, notaba que algo no iba bien, estaba hecho
polvo, el puto resfriado, recaída, ¡Un estupendo pretexto para no ir al
trabajo! Pero fui, esta mañana con mucha niebla, la niebla venía del sur e iba
al norte, me enteré al azar en la radio de mi cochecito. La niebla tocaba el
suelo. Y una humedad... en esta ciudad del interior, no es un frío
exageradamente húmedo, sino un frío dicen seco, ¡una paradoja! ¡De qué va
la niebla!
Un padre electricista, como otros padres, bastantes padres, dijo esta mañana en
la oficina que su hijo a trabajar, dos opciones: trabajar o estudiar. El hijo
como otros tantos hijos, que se pierden, se montan en sus autos, beben, se
drogan, ¡Qué juventud!, dijo, el problema es que hay dinero. Si estudian que
sean el menor esfuerzo posible. Si salen... salen a las doce de la noche y no
vuelve hasta que sale la luz del día. ¡Qué fastidio! Todos los padres dicen
lo mismo, casi todos.
Mi día, hoy día, ha sido la niebla.
El sadismo: goza haciendo sufrir a los otros. La persona que adopta el modelo de
normalidad, y hace el bien, ve a un indefenso, a uno que tiene pocos cojones, y
se aprovecha de su debilidad, pero el poco cojones como un dios se vengó y el
muchos cojones salió corriendo como un perro asustado aullando, me di cuenta,
la causa era LA MIRADA.
Como Medusa, la mirada de Medusa, petrifica quien se atreva mirar a Medusa...
No sé, se me vino a la cabeza el mito de Cabeza de Medusa.
¡Que guarde cama! Comentó un Jefe de mi oficina. Sí, pensé para mis
adentros, pensando, quizás pesadillas, no creo, gentes buenas que le dan por
buscar algún lugar para soltar el saldo resultante sádico. Un pensamiento mío,
se hace el bien a costa del mal, o se hace el mal a costa del bien.
Por ejemplo, los padres desean lo mejor para sus hijos, ¡pero en el fondo sus
hijos quieren prescindirse del fondo sádico de sus padres! ¡Es inconcebible,
pensarían los padres, siempre queremos lo mejor para nuestros hijos!
Como se puede comprobar, mi cierto resfriado propicia especulaciones mentales,
no quiere decir que lo que escribo sea fielmente lo que son, para nada,
solamente tengo mis especulaciones mentales, habría que contrastar, leer, para
confirmar o pulir mis ideas... que puede ser errónea, sin duda. No sé si en el
fondo los hijos quieren prescindirse del fondo sádico de sus padres, pero no sé
como nombrarlo, lo cierto es que siempre hay disputas padres/hijos, creo en el
fondo que el problema ha sido de base, no han sido comprendidos los hijos desde
su nacimiento, la falta de amor y cosas así, lo del fondo sádico probablemente
me lo he sacado de la manga, ¡pero y si es cierto! Esto da por pensar.
Entre el resfriado y la niebla... ¡prefería no hacerlo!, decía a mis
instancias superiores.
Quiero ser una mota de polvo en esos conductos de la calefacción central del
edificio, voy acá y allá y no quiero saber nada de nadie.
En Estados Unidos, es algo juvenil, de moda, se hace cicatrices en la piel, no sé
si se ha pasado, hace un par de años me enteré de esas cosas, en vez de
tatuajes lo suyo va de cicatrices... En España hubo, creo que se ha menguado
algo, el tema del Piercing.
El tatuaje como un modo de llamar a la vista. La que más me llamaba la atención
son esos de Amor de Madre. Como marcas señaladas en el cuerpo. Y anda por medio
la cultura del dolor, no digamos en el tema del piercing.
Un vaso de leche caliente y una pastilla, así, supongo, menguaría mi
resfriado, y supongo que no tendré pesadillas esta noche en relación a las
gentes “bondadosas”.
La niebla desapareció varias horas después de la mañana, pasado el mediodía,
y mi cuerpo no danzaba demasiado, y la oficina parecía casi un témpano, por
mucha calefacción que hubiera por medio, se iba la luz con frecuencia, entre la
sociabilidad y los “bondadosos” me han jodido el día, mañana será,
supongo, si dios lo remedia, otro día.