Por : Diego Cruz
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Mírame mujer, cómo te rezo,
y me postro en los andamios de las sienes
que lentas y obscenas te recurren.
Hoy he alzado los ojos en liturgia
desde la inmensa orfandad que ahora me habita
y atroz he sembrado sobre el aire
un grito sin fin por tu querencia.
Estoy en luto
con este dolor con barba y estas manos
que traman sus actos sensitivos
con su poema de amor entre los dedos.
Mírame mujer, como te rezo,
en la penumbra de la tarde donde faltas
y me conmuevo en la nada, finalizo,
ahogado en el laud de tu secreto.
Y me espanta que el día no te traiga,
no te arrime hasta estos labios en vigilia
que tanto saben de ti cuando te nombran.
Mírame mujer, cómo te rezo,
con la voz de naufragio que ahora acude
a susurrar sigilosa este murmullo:
No sé perderte, amor, no sé perderte...
EL BOSQUE DE LAS LETRAS
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