Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
No sé como veía a aquella funcionaria, que estaba sentada
en su mesa de trabajo, me fijé el nombre que obligatoriamente ponen encima de
las mesas, esos rótulos que ponen el nombre y apellido y el puesto de trabajo
que desempeñan, pero se me olvidó, si me acuerdo de esa funcionaria es más
que nada por la reacción brusca que recibí por su parte, fue una contestación
a una pregunta mía sobre qué hacer para diligenciar documentos y cosas por el
estilo, ¡No sé nada!, fue una reacción brusca que llamó la atención a los
otros compañeros de trabajo, realmente estaba la funcionaria para nadie, en vez
de decir ¡No sé nada!, lo suyo sería ¡No estoy para nadie! O sea, por eso me
llamó la atención esa funcionaria, que en principio parecía apacible pero
después se despertó de su calmosidad, apacibilidad y como la reacción de un
cocodrilo, zas, te come. Podría haber otra interpretación..., evitaba mirar a
nadie, y hablar con nadie, todo está dicho. Si todo está dicho, desde ese
momento no está para nadie. Llamaron la atención su brusquedad a otros compañeros
de trabajos, no sé si son auxiliares administrativos mezclados con
administrativos y demás profesiones relacionadas con la administración, había
muchos...
Gran edificio, entrada controlada, detectores de metales, guardas jurados,
edificio controlado totalmente con cámaras de vigilancias y demás, se entra
por la puerta principal, vas directo al que da información, al que orienta, la
mesita donde hay un rótulo que dice Información... El señor informante muy
amable me cede un papelito donde asigna el número de turno, esas cosas, te
sientas en una de las sillas de las diversas sillas que hay, hay muchas gentes
esperando, y ves de frente montones de mesas, y los funcionarios que se mueven o
que están sentados, tienes que mirar un gran panel electrónico donde aparecen
los diversos números que corresponderían con determinadas mesas divididas por
letras y números. A ver, diversos segundos para adaptarse a las nuevas
situaciones, si yo tengo tal número, luego me avisan por el panel tal mesa, y
cuando aparezca lógicamente será que es mi turno pero tengo que averiguar dónde
está tal mesa, todo en orden, más o menos. Esos paneles me recuerdan a esos
otros paneles que hay en las estaciones de trenes de las grandes urbes, tal tren
saldrá y culminará allá, yo qué sé.
¿Realmente, por qué reaccionó fatalmente la funcionaria? Será que las cosas
no marchan tan bien. ¿Cómo será su vida? Poniéndose a hipotetizar
descaradamente, diría después de la luna de miel viene la luna de hiel. ¿El
incesante movimiento económico, los embates de la política económica y todo
el mogollón podrían crear frustracciones personales? Sé que en la ciudad
pasan cosas raras, hay reacciones bruscas, las caras largas...
Aquella funcionaria, edad aproximada... cuarenta años, aproximadamente, no
miraba a nadie, no hablaba con nadie, esperaba a la siguiente persona, una tras
otra, y punto, poner el sello, un sellito, asunto acabado, comprendo, es normal,
cosas del trabajo, lo que me dejó con la duda permanente o impermanente según,
fue esa reacción brusca, en la cual, uno responde con la misma moneda y trasladé
mi duda a ella, ella se sintió molesta con esa pelota que arrojó sobre mi
cuerpo, y mi cuerpo hizo rebotar la pelota y cayó sobre ella... se quedó
paralizada un poco, no quisiera la funcionaria que me tragara la pelota, quizás
otros se tragarían la pelota, quizás sus miembros familiares, sus hijos si
tiene o su marido más que tragarse la pelota-hiel pues lo saborearían
asquerosamente, o... el organismo lo asimilaría... yo qué sé. Se me vienen
esos pensamientos, me gusta hipotetizar literariamente. Mas que nada para dar
palabras a mis sensaciones. Supongamos..., ella me arroja la pelota-hiel, yo me
lo trago incluso sin darme cuenta, acto posterior iría a la tasca más próxima
para emborracharme... No podría con tantas frustracciones. Un trabajador muy frágil,
joven, por ejemplo, en el paro, realiza cursos para aprender una profesión, en
el barrio marginal, para poder salir de su marginación o tener un sustento o
adquirir dignidad como trabajador, consigue un puesto de trabajo, días
posteriores por que la dirección empresarial lo acordó decide expulsarlo...
ese trabajador tendrá fuertes sentimientos de frustración y por ahí
hipotetizan que podría caer en la droga... Algo así.
Es como tener una gran bolsa de hiel en el cuerpo, que a veces se desparrama,
pringa a las cosas y a las personas. Pero me di cuenta, no siempre soy así, que
en vez de pringarme lo que mi cuerpo responde inmediatamente es devolver la
hiel, la pelota-hiel. Hipotetizo.
Todo eso me hizo pensar aquella reacción brusca de aquella mujer funcionaria,
que para nada tuve que pedir ese libro de Reclamaciones o no sé qué rollos, no
soy dada para esas cosas, creo que hay cosas más allá de los libros de
Reclamaciones, es una simple tontería, si se excediera demasiado, lo haría, la
reclamaría... aunque no sé como funciona esas cosas y cómo saldría, la
reclamaría no por mí, sino por otras personas, una mujer así... bueno, en
todo caso no soy dada a esas cosas, no denuncio a nadie, salvo hasta cierto límite...
Si me pringara de hiel hasta la coronilla por ejemplo.
Me fui del edificio ese, salgo a la calle, bueno, habría demasiadas bolsas de
hieles por ahí, uno tendría más o menos vista para captar la cantidad de hiel
que lleva cada persona que te topa por la calle, por ejemplo, el conductor de
taxi que grita a todo el mundo, no para de tocar la bocina, dispuesto a liarse a
hostias con cualquier conductor que le mire mal o le halla contestado mal, y se
lía a hostias fuertemente, o la mujer frustrada, joven o mayor, que ve que ha
perdido todo, su ilusión por el amor, su esperanza de vida o que
progresivamente se nota que se está muriendo, que progresivamente se momifica,
muertos vivientes, hombres que no reciben respuestas de las mujeres se dedican a
otras cosas, hay algo que no funciona en los hombres, muchas historias en esta
ciudad. Hipotetizo.