Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
¿Aún viven Belardos?
¿No habéis visto un árbol viejo,
cuyo tronco, aunque arrugado,
coronan verdes renuevos?
Pues eso habéis de pensar,
que pasando los tiempos,
yo me sucedo a mí mismo.”
Lope de Vega.
VIVIR ES TENER TIEMPO
QUE PERDER
De toda gran poesía, de toda poesía, se ha dicho que debe o puede deducirse una enseñanza. Ya
sé que hay muchos moralistas baratos que temerían sacar ninguna de la poesía como de la vida
nuestro Lope, yendo en él la vida y la poesía tan aparentemente unidas, tan juntas. Y, sin
embargo, la enseñanza que la vida y la poesía de Lope nos ofrecen merece meditarse.
Toda la enorme, casi innumerable, labor poética de nuestro Lope nos ofrece dos vertientes: una,
la de su extensión, casi indefinida en el espacio: comedias, poemas, versos, incalculables... Otra,
la de su intención única en el tiempo: cualquier comedia o poema en verso, escogido al azar nos
ofrece este sentido capital y único.
Así, un poco azar me llega de pronto aquel verso de Lope que en un estudio sobre él recordaba
Azorín, verso que tomó Nietzsche por suyo, a modo de lema o divisa, y que dice: Yo me sucedo a
mí mismo.
Con acierto nos hizo notar Azorín la coincidencia vital de Lope o Nietzsche en este verso. De
Nietzsche, llamándole gran teorizante de la amoralidad.
Lope, dirían algunos, gran practicante. Uno y otro, grandes poetas vivos. ¿Qué vida es ésta la del
pensamiento de Nietzsche, la de la poesía de Lope?
Vida de verdad. Vivir es tener tiempo que perder; por eso dice Lope: Yo me sucedo a mí mismo.
Y lo repite Nietzsche haciéndose a su modo otro Belardo. Por lo que pudiéramos decir,
irónicamente, que mientras haya Belardos en el mundo habrá poesía; como mientras haya ironía
habrá libertad; la ironía decía Maurice Barrés, es la más firme garantía de la libertad. Lope no es
otra cosa, entre otras cosas, que el más hondo y firme poeta español, independiente y
revolucionario, de la libertad.
La respuesta de Belardo -es decir, de Lope-, que éste intercala en una comedia de su última
época: ¡Si nos vieran las mujeres! Comedia en que deliciosamente se pierde el tiempo por un
juego exclusivo de amor. Pierden el tiempo por amor todos y cada uno de los personajes de la
comedia. Hacía perder el tiempo Lope con esta comedia del amor a todos y a cada uno de sus
espectadores. Nos lo hace perder a nosotros al leerle.
¡Perder el tiempo! ¿Y qué es el tiempo?
Consultemos a los filósofos. Uno de ellos, también algo Belardo, nos explica: “Si fijara su
atención sobre el tiempo mismo, necesariamente tendría que representarse una sucesión, y por
consiguiente un antes y un después, y por consiguiente un puente entre ambos, porque si no no
habría más que uno u otro, pura instantaneidad...” Sin una memoria elemental que enlace estos
dos instantes uno con otro no podría haber más que uno de los dos, un instante único, y, por
consiguiente, no habría antes y después, no habría sucesión, no habría tiempo.
Este sucederse a sí mismo, que encierra para nosotros todo el sentido y razón de ser de nuestro
Lope cuando nos dice por Belardo que eso es lo que hemos de pensar, el que, pasando los
tiempos, el se sucede a sí mismo, quiere decir, en definitiva, que hay entre el pasado y el
porvenir, entre el antes y el después de lo que vivimos, de lo que duramos, como un puente, un
trazo, una sucesión, que es nuestra conciencia por ese elemento espiritual, que es la memoria; es
decir, el alma. El genio -nos dijo Barrés- es tener alma. El genio de Lope es su alma. Genio
creador, poético; es decir, animador del mundo, de sus mundos imaginativos. Y como dijo el
poeta: “Historia / es hacer memoria. / Memoria es alma en historia. / Canjelón a canjelón / sacar
agua de la noria / del pozo de la ilusión”.
Francisco Arias Solis
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