SOBRE LA DETENCION DEL EX DICTADOR CHILENO
EN GRAN BRETAÑA


Por: Augusto Alvarado
alvarado_augusto@hotmail.com


Presentación: Aunque es comprensible que la prolongada detención de Pinochet en Londres haya despertado una oleada de simpatías en Chile y en el mundo, la proclamada "globalización de la justicia" esgrimida por socialdemócratas y conservadores europeos debe hacernos sospechar a los latinoamericanos y debe alertarnos para meditar sobre esta nueva y sutil forma de colonización y prepotencia imperial. Quien escribe esta presentación es un chileno que vive hace 24 años en Argentina, que permaneció detenido durante doce meses en isla Dawson y otros campos de presos políticos de la provincia de Magallanes y posteriormente fue relegado a la ciudad de Rancagua. Obviamente no siente ninguna simpatía personal por Pinochet. Pero no puede soportar que los genocidas del pueblo yugoeslavo (para recordar sólo el último genocidio) se levanten como la última reserva ética de la humanidad. Por eso recomiendo la lectura de la nota que el compañero Guillermo Lamuedra ha hecho llegar a los medios de comunicación de Europa y América. Muchas gracias. - Augusto Alvarado

La detención y procesamiento del general Pinochet en Gran Bretaña es solo un mecanismo para sentar un precedente de violación de la soberanía latinoamericana utilizando a un personaje fácilmente atacable y que permite a sus captores actuar de colonialistas en los hechos mientras posan de "progresistas". Se trata de cambiar en la practica el orden jurídico internacional, que hasta ahora se había respetado, presentándolo como un "avance" de la humanidad hacia una "justicia universal" que en los hechos, como estamos viendo, se aplica solo desde los países poderosos hacia los débiles.

Para eso los mentores de este nuevo orden no podían, obviamente, empezar encarcelando a alguien provisto de una aureola romántica (Fidel Castro, por ejemplo), ni siquiera a uno que ofreciera flancos menos vulnerables. Los colonialistas jurídicos debían dar un paso decisivo, pero peligroso, por las reacciones nacionalistas que podían suscitarse en América Latina. Por lo tanto el individuo "elegido" para este avasallamiento no podía dejar lugar a dudas. Pinochet entonces era el candidato ideal y que por otra parte estaba a la mano. Con una imagen negativa en todo el mundo, sólo en Chile podía acreditar partidarios. Además ofrecía otra ventaja, a diferencia de los militares argentinos que hace tiempo están apartados del poder: Pinochet, sin ser ya titular del ejecutivo, tenía aún una cuota de poder y era senador, con lo cual la vejación a la soberanía de Chile era más humillante y tenía más peso el precedente que se buscaba (recordemos que su condición de "Senador Vitalicio" fue aceptada y avalada por la Concertación de "partidos democráticos").

Analizando con perspectiva lo sucedido, todo parece fríamente calculado. Incluso la avanzada edad del "candidato" era una ventaja pues permite, llegado el caso, liberarlo por "razones humanitarias" si las cosas se pusieran complicadas, sin abandonar los "principios" pseudo-jurídicos que el colonialismo pretendía imponer.

Algunos se indignan, sobre todos los partidarios de Pinochet en Chile, de que no se detuviera a Fidel Castro. Pero es que lo de Pinochet tiene que verse también en el marco de la rivalidad de los bloques económicos de EEUU y la Comunidad Europea. Cualesquiera sean las criticas o elogios que puedan hacerse al líder cubano, es obvio que está enfrentado a EEUU. Para Europa, contribuir al derrumbe del régimen castrista, sería hacerle un favor gratuito a los yanquis. Actuar de malos frente a América Latina sin ningún provecho, ya que Cuba, siendo parte del "patio trasero" de EEUU, caería como fruta madura en la órbita del coloso norteamericano.

Pero el proceso a Pinochet ofrece otros ángulos interesantes. Como en un juego borgeano de espejos invertidos vemos como un gobierno socialdemócrata en Gran Bretaña detiene a Pinochet y un juez conservador concede la extradición, mientras que en España se invierten los roles, el juez es socialista y el gobierno conservador. Y hay mas aún, tanto en el Reino Unido, como en la Madre Patria, juegan a dos puntas. En las islas, Margaret Thatcher, la conservadora, defiende a Pinochet y en la península, Felipe González, el socialdemócrata pide juzgar al ex dictador en Chile. Nuevamente los espejos invertidos. Pero ninguno de los dos, observemos bien, respeta la soberanía chilena en el caso. La "oxidada" dama de hierro defiende a Pinochet por su ayuda a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas y por "librar" a Chile del comunismo, mientras el ex primer ministro español se pregunta "¿por qué hacemos con Chile lo que no fuimos capaces de hacer en España?" en obvia referencia a que en su país nunca se juzgó completamente a Franco y al franquismo. Ninguno de los dos dice "estamos violentando la soberanía de otro país", los dos salvan los "principios" pseudo-jurídicos que esgrimen los jueces del caso. En definitiva pretenden tomarnos el pelo a los latinoamericanos practicando algo así como el juego del "policía bueno y el policía malo". Esto pone a la vista que en Europa se levanta un "frente único" socialista-conservador para pisotear la soberanía de América Latina. 

Debe servirnos de lección a los que vivimos en este sufrido continente para deponer nuestros viejos enfrentamientos y rechazar el colonialismo judicial de esta nueva "Santa Alianza" europea. Más sutil pero más poderosa que aquella otra contra la que lucharon nuestros libertadores el siglo pasado, esta santa alianza espera ver a los latinoamericanos enfrentados y que en vez del debate profundo y esclarecedor, predominen los atentados, la violencia y la intolerancia de la cual esperan aprovecharse.
Será sin duda difícil superar el dramático pasado de América Latina, no gozamos aquí de las ganancias económicas de explotar un mundo semi-colonial que en Europa y EEUU permite "aceitar" las diferencias políticas y sociales, pero debemos hacer un esfuerzo. Analicemos el pasado, pero buscando las causas profundas de lo sucedido y no quedándonos en las situaciones personales. No son sin duda los viejos dictadores latinoamericanos de la década del '70, los únicos responsables, existen razones sociales y políticas mas hondas sobre las que reflexionar. Expulsados por las armas hace casi dos siglos del Nuevo Mundo, la vieja Europa colonialista busca nuevos modos de penetrar en nuestra América. El "colonialismo judicial" es uno de ellos.

GUILLERMO HORACIO LAMUEDRA