Por: Ana Maria Fuster
lolita_lavin@hotmail.com
--“Hi! I can’t answer the phone right now.
Please leave a message after the tone. Soy, Mariví, pero no estoy
en casa. Déjame un mensaje después del timbre”.
--“Pequeña mía, es tío Luis. Felices 30. Todos los de Cambados se
acuerdan de ti. Matías y Ramiro te enviaron un paquete. Vivi por favor
visítanos que ya son 8 años sin vernos. Un beso hija.”
Desde que María Victoria se mudó a Nueva York a estudiar artes plásticas,
supo que dejaría de ser aquella chica pueblerina de largas trenzas
negras y anteojos; algo ingenua, pero ingeniosa y soñadora. A veces
recordaba aquellos días, mientras viajaba en el subway de Brooklyn a
Soho.
La vida en un pueblo pesquero no era un lugar fácil para
quien aspira ser una gran artista, ser popular. Desde que se graduó
de secundaria, trabajaba en el anticuario-galería de su padre. Mariví se
dedicaba a retocar pinturas y fotografías, además las montaba. Todos
admiraban sus enmarcados. Sus variados y originales estilos eran
sorprendentes. Sin embargo, nadie conocía su gran secreto…
Utilizaba un libro del arte moderno que había comprado en un viaje a
Madrid. Así los copiaba perfectamente, aunque trataba de darles su toque
personal.
De esta manera fue alimentando sin darse cuenta su espíritu de artista,
sus ambiciones y, a su vez, el ansia de irse muy lejos. Donde nadie la
conociera. Su gran decisión surgió luego de la muerte de su padre; vendió
gran parte de las cosas del anticuario y lo clausuró. "Ahora
comenzaré a vivir", decidió mientras empacaba.
A nadie le dijo que se iría, ni a Ramiro con quien solía frecuentar y
quien la amaba con locura y pasión. Solamente se despidió de su tío
Luis, su único pariente vivo, y le dio la que sería su nueva dirección.
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Marivi, pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--Mariví, cariño. Es Miguel. Te fuiste tan rápido de la clase, que no
pudimos quedar. Sabes que lo de anoche fue espectacular. Hoy no podré ir
a verte. Tengo que quedarme con Matilde. El sábado te visito como a las
diez y media y celebramos con honores tu cumple.
En esos momentos, Mariví había salido de su clase de escultura en Soho y
se dirigía a tomar el subway hacia Brooklyn. Iba tan concentrada en
cómo sorprender a Miguel, su profesor de escultura, que había hasta
olvidado su cumpleaños. Quedaban dos semanas para la entrega final y tres
para el fin del siglo.
--“Tengo que sorprender a todos. No importa cómo.” Pensaba
mientras se miraba en un espejo. “Joder, la escultura que
seleccione Migue será expuesta en la Galería Blueberries. Sí, sé que
anoche lo dejé loco. He ganado algunos puntillos extra.” Sus
enormes ojos negros sonreían con picardía, ignorando a conciencia al
joven que estaba parado frente a ella observando con deseo cómo el
vaivén del tren movía sus lacios cabellos negros que se asomaban por la
nuca, debajo de su gorrito de lana.
--“Darling, this is my way.” Le dijo al muchacho, empujándolo al
bajarse del subway. Le dejó su teléfono disimuladamente dentro de
un bolsillo.
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Mariví pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--“Vivi es Matías del pueblo. Felicidades. Te enviamos un regalo. No lo
abras sin leer primero la carta. No te he olvidado. Tantos años… Fuiste
muy cruel con mi hermano. Te amaba. Bueno, no olvides abrir la carta.
Mariví apresuraba el paso según se iba acercando al edificio donde vivía.
Sólo paró en la calle a comprar fruta. Llegando a las escaleras del
portal vio al cartero con un enorme paquete.
--"Hi! Oh, you are miss Mouro. This is for you. I help
you. "
Subieron juntos con el paquete hasta el segundo piso donde
vivía, pues no había elevador en su antiguo edificio. El cartero le dejó
la caja en el piso de la sala y se fue silvando contento, antes de que
Mariví saliera de la cocina con un vaso de cerveza. Se asomó por la
ventana pero ya no lo vió.
--"Tela marinera! un paquete para mi y es de los dos
tontos del pueblo. Con carta y todo. Debe ser alguna cursilería de
Ramiro". Dejó la carta a un lado, quedando bajo un sillón, y siguió
sentada en el piso abriendo la enorme caja.
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Mariví pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--“Vivi, soy Matias de nuevo. ¿Recibiste el paquete? No olvides leer la
carta de Ramiro. Joder, tía, coje el teléfono alguna vez."
Ni siquiera se inmutó al oír el teléfono
ni el mensaje. Seguía removiendo todo el serrín, telas y guata, que
protegían el contenido del paquete. Se levantó a buscar una papelera,
para echar los desechos. Al regresar quedó perpleja. El corazón comenzó
a palpitarle rápidamente.
Era un hombre desnudo, arrodillado en la caja con la mirada perdida. No
podía ser.. Estaba segura de que no había terminado de abrir el paquete.
"Joder! no parece bronce" decía en voz alta
mientras acariciaba el pecho y los brazos, y a la vez sentía que se le
erizaba la piel, le producia una sensación casi orgásmica. No podía
dejar de acariciarlo, pues al tocarlo sentía que él tenía algo de vida.
Con una sensación de emoción y terror corrió al teléfono para llamar a
Miguel.
--"Matilde, no me importa la
hora que sea, ponme a Miguel y rápido." Mierda! esta tía si
que es tonta, pensó con deseos de decírselo. "Sí, cariño, sé que
no te gusta que llame a tu casa. Pero terminé la escultura, tienes que
verla. Con ésta, no sólo me saco un sobresaliente contigo, tengo
un pasaje al éxito en Blueberries. Mi amor, mañana aquí, temprano"
. Lé colgo casi sin dejarle hablar. Le dio un beso en la cabeza y le dio
una palmada en la espalda a su nuevo hombre, y se fue desvistiendo por el
pasillo hacia la ducha.
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Mariví pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--"Hello! It's Richard, from the subway. You gave me your phone
number. Do you remember me?"
--"Uf! I'm here, I was taking a shower. You want to see
me?"
--"Mira hablo algo de español. Te puedo ver ahora si quieres.
Qué impetisa eres!! Mi gutas."
--"Será impetuosa. Me caíste como un flechazo, también me
gustas. Te espero en Ray's Café, queda en los bajos de donde vivo. ¿Lo
conoces?"
--"Allí estaró."
No quería perder tiempo, sabía que ese
joven era un corredor de arte. Movió la escultura al centro de la sala,
le tocó el cachete y corrió al lugar de la cita.
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Mariví pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--" Muñeca, es Migue. He peleado con Matilde. Voy a
tomar unas copas y luego paso por tu casa. Recuerda que me diste copia de
las llaves. Así veo tu escultura".
Richard y Mariví charlaban sobre arte, mientras tomaban unos vinos.
Se hizo la que no sabía, cuando él le dijo que tenía una galería, y
no perdió ocasión para hablarle de su gran obra de arte. La acompañó
hasta las escaleras del apartamento y se besaron como dos adolescentes al
final de la primera cita.
--"Pues monday llevami fotos de la escultura a la galiría." Le
dijo tomándola de la mano
--"Si quieres puedes venir a mi apartamento el mismo lunes y la ves
allí".
Mariví subió las escaleras con una sensación de triunfo. Al abrir la
puerta, quedó paralizada. Había un gran charco de sangre en la sala y la
escultura estaba destrás de la puerta. Sintió casi pánico. Cerró la
puerta de un golpe y vio la escultura.
"Dios mío, si se llegan a robar a mi hombre me muero!", casi
gritó y abrazó la escultura olvidando por un rato la sangre. Limpió
la escultura sin darse cuenta de que tenía sangre en la boca y en las
manos. Luego fregó el piso y se sentó en la cama impresionada y
temblando. No se atrevió a prender la luz. Se quedó dormida hasta
bien entrado el día.
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Mariví pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--"Es Matilde. Créeme que no quería llamarte, pero son las 2 de la
tarde y Miguel no ha llegado ni llamado. Estoy preocupada. Avísame
si lo ves."
Se despertó a media tarde, pues sintió que alguien la estaba
mirando. ¡Qué tontería! Lo de anoche, debe haber sido el vino que bebí
de más. Se levantó y se encontró la escultura frente a la puerta del
dormitorio.
"¡Joder! ¿Tan borracha estaría anoche?"
Pensó mientras desayunaba. Se vistió para ir de compras, pues quería
ser la más elegante y su seguro éxito en Blueberries. "Uf, que mal
huele esa caja, le pediré a Miguel que me ayude a botarla. Además
de ropa nueva, ya puedo ir preparando las invitaciones para la gran noche.
Invitaré al tío."
--Vivi, amor es tu tío, no te dije ayer cuando llamé que llego el
lunes. Ese es mi regalo de cumple. Estoy loco por verte. No vayas al
aereopuerto, usaré un taxi. Y como tengo la llave de tu piso... Besos.
Llegó muy tarde esa noche. Después
de las compras, había encargado ya las invitaciones para su seguro
triunfo y había visitado a sus amigas del curso de escultura para
contarles. Pensó que Miguel tenía que estar esperandola adentro.
--"Vida mía. No prendas la luz. Te tengo una sorpresa
como tú te la has ganado." Le dijo extendiéndole la mano.
Aunque la voz se parecía a la de Miguel, le pareció algo más seca y su
mano muy fría. Sin embargo, lo acompañó hasta la cama. Hicieron el amor
como nunca. Tanta pasión, tanto éxito seguro. Mariví por fin se sintió
realizada. Estaba a un paso de la fama.
--“Hi! I can’t answer the phone right
now. Please leave a message after the tone. Soy, Mariví pero
no estoy en casa. Déjame un mensaje después del timbre”.
--"Es tu tío ya estoy en el
aeropuerto JFK. Nos vemos pronto."
--“Hi! I can’t answer the phone right now. Please leave a
message after the tone. Soy, Mariví pero no estoy en casa. Déjame
un mensaje después del timbre”.
--Mira, es Matilde. He llamado a hospitales y a la policía.
Miguel no aparece. Llámame."
Cuando llegó el tío, el
apartamento estaba vacío. Solo habíaun teléfono con maquina
contestadora y una caja en el centro del espacio que había sido la sala .
Preocupado la abrió y dentro estaba el cuerpo desnudo de Mariví que
parecía casi de bronce, una escultura perfecta, con una carta en la
mano que decía:
Querida Vivi;
¡Feliz Cumpleaños! No te escribía desde que te fuiste. ¿Cómo
te pudiste ir sin despedirte? Sabías que hubiera dado hasta la vida
por ti.
No sé si sabrás que tu antiguo anticuario se incendió en
octubre. Lo siento mucho. Todo lo que quedaba se perdió. Sin embargo,
descubrí un sótano y en él solo había la caja que te envío y un
centenar de huesos a su alrededor. Tenía una tarja que por su peso no te
la mandé, pero decía que quien la abriera sufriría sus propios
males.
No sé si te amo o te odio,
Ramiro.
La noticia corrió el mundo, apareció en periódicos y revistas. Mariví
había alcanzado la fama.
®Ana María Fuster Lavín, 2000©