Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Laten motores como del agua poseídos,
hélices submarinas, martillos, campanarios,
correas, ejes, chapas. Y se oyen estallidos,
choques de terremotos, rumores planetarios.”
Miguel Hernández.
SOMOS LOS ESCLAVOS DE LAS MAQUINAS
Se dice que esta época es más dinámica y apresurada que todas las otras; y si lo fuese no habría
en ella nada anormal; pero a mí me asalta una sospecha terrible: el de que sea una época de
carácter completamente sedentario, obligada por sus creaciones mecánicas a moverse de un
modo vertiginoso. Ello parecerá igual. No lo es, sin embargo. No es igual inventar la flauta para
expresar un sentimiento musical que inventar el sentimiento musical para darle aplicación a la
flauta. No es igual, en fin, mandar a las máquinas que ser mandados por ellas.
Siempre ha habido máquinas en el mundo, y si mister Ford se imaginó haber determinado por sí
mismo una revolución industrial con su automóvil, estaba muy equivocado. Esa revolución la
inició hace miles de años un hombre mucho más grande que él: el inventor de la rueda. ¡La
rueda, la quilla, la vela, el timón...! Siempre ha habido máquinas en el mundo, pero era un
propósito a realizar y luego la máquina para realizarlo, ahora se comienza por inventar la
máquina, luego se ve a qué propósito puede responder, y después se realiza este supuesto
propósito como si efectivamente, fuese un propósito de alguien. Y éste es el hecho monstruoso
de la civilización moderna.
Hay, por ejemplo, una infinidad de personas contrarias a ver la televisión; pero, una vez
inventada, la cosa ya no tiene remedio. La televisión supone un progreso, y no importa que este
medio haya acabado con las conversaciones familiares. La mecánica nos manda. Somos los
esclavos de las máquinas y no podemos tener gustos contrarios a sus funciones.
Y si esto se ve claro en alguna parte, es en las grandes ciudades más que en ningunas otras.
Ríanse ustedes de esa especie según la cual todo el mundo tiene en ellas siempre mucha prisa.
Como los vecinos de las grandes ciudades van constantemente de prisa, parece que en efecto,
tienen prisa, y hasta es posible que ellos mismos crean tenerla, de igual modo que, como sólo
ven televisión, parece que la prefieren, y acaso ellos crean preferirlas a las conversaciones
familiares; pero ¿cómo no va haber personas ociosas, desapresuradas e incluso paradas en las
grandes ciudades? De mí sé decir que yo no tengo jamás prisa ninguna, pero el progreso
mecánico se nos impone con tal fuerza, que yo no tomo nunca un tren lento cuando puedo tomar
uno rápido, así como, pudiendo hablar por teléfono con todo el mundo desde cualquier sitio, no
hablo ya directamente con casi nadie. Después de todo, amigo lector, yo soy un hombre
moderno. Soy un hombre de mi época, aunque, la verdad, preferiría serlo de cualquier otra... Y
me gustaría decir como el poeta: “Haciendo el hortelano, / hoy en este solaz de regadío / de mi
huerto me quedo. / No quiero más ciudad, que me reduce / su visión, y su mundo me da miedo”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
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Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad
Aviso: Se ruega a los poetas que participen en el IV Festival Poético por la Paz y la
Libertad, cuya convocatoria figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/poemaIV.htm
Invitación que se hace extensiva a los colegios para que también todos los escolares del mundo
pongan en el corazón de los valores universales la paz y la libertad.
Gracias