Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.”
Federico García Lorca.
LOS PRODIGIOSOS INVENTOS CIENTIFICOS
La luna tiene cuernos por las mismas razones que el toro tiene sobre su testuz, sobre su frente,
una media luna (“media luna las armas de su frente”). Y ni al toro se le ven una media luna
ciertamente sobre el testuz ni a la luna se le ven los cuernos. Lo que no quiere decir que no los
tenga. En una zarzuelilla que hace años causaba las delicias de la infancia, teatralización de una
novela de Julio Verne, salía un personaje que era un militar retirado y desesperado, que cantaba:
“Soy capaz de subirme al quinto cielo / de contar las estrellas una a una / de montarme en los
cuernos de la luna, / si me llego a incomodar...”
Ninguna de estas cosas, en efecto, son cómodas de hacer y hay que estar muy incomodado para
intentarlas. Ninguna de ellas se puede hacer ciertamente. Ni aunque se suba a la luna en un
cohete, como también sucede en otra novela de Julio Verne. Nuestra capacidad de asombro, de
sorpresa, no es menor ante incomodado, desesperado, malhumorado militar zarzuelero y
novelesco cuando nos dice lo que es capaz que cuando nos lo dice la ciencia. No es menor, es
distinta. Subirse al quinto cielo ya supone que hay otros cuatro. Esto es, que tenemos de los
cielos una visión poética, metafórica, medieval, dantesca... Contar las estrellas una por una, que
las suponemos incontables. Montarnos en los cuernos de la luna, tan imposibles para nosotros, o,
al parecer, más imposible, que en los cuernos de un toro bravo. Pero de que la luna tiene cuernos
estamos segurísimos cuando se los vemos a simple vista encendidos en el cielo luminoso en su
menguante y su creciente. Y de que las estrellas son incontables para nosotros, también. Lo del
quinto cielo es diferente, porque, a simple vista, no lo vemos. Y eso, justamente, que hubiera un
quinto cielo al que poder subir, es lo que haría falta al enfadado militar de la zarzuelilla para
poder desde él contar las estrellas y montarse en los cuernos del astro nocturno. Cosa que nos
parece asombrosa, sorprendente, maravillosa, pensarla o decirla siquiera, sino disparatada,
desatinada.
Fácilmente advertimos que ese “quinto cielo”, al que quería subir el enojado militar, no es de la
misma naturaleza poética, fantástica, que las estrellas incontables y que los cuernos de la luna.
Esto los vemos con los ojos -estrellas incontables, cuernos luminosos... -y el “quinto cielo” no.
El quinto cielo no lo ha visto nunca nadie porque no se puede ver. Es, o era, una suposición
científica. El militar no era tan tonto ni tan loco cuando empezaba por contar la realidad de un
quinto cielo al que poder subir antes que nada para contar las estrellas una a una o montarse en
los cuernos de la luna. Según esto, pensaremos nosotros, “el silencio eterno de los espacios
infinitos” que espantaba a Pascal ¿de qué naturaleza o realidad era, científica (astronómica,
matemática) o poética, fantástica. ¿O sería la interpretación poética, fantástica de una realidad
astronómica? Cuando no al revés. El caso es que a Pascal, pensador científico y poético, le daba
espanto. Espanto y asombro, sorpresa, maravilla.
No hay que enfadarse, no hay que estar furioso para subir hasta la luna, Por el contrario hay que estar sereno, muy sereno, tranquilísimo, para tan
espantoso y maravilloso intento. Eso sí, para montarnos en los cuernos de la luna por nuestro
enfado o desesperación, tendremos que bajar otra vez a la tierra, pues solamente desde ella
tendrá sentido el intentarlo, ya que solamente “para ella”, para la tierra, y para nosotros en ella,
la luna tiene cuernos. Y los tendrá siempre. Mientras tierra y luna no dejen de existir. Y
nosotros, los hombres, con ellas.
Hay más espanto que entusiasmo maravillado en las gentes ante los prodigiosos inventos
científicos de hoy. Se sienten, se piensan con miedo. El “da miedo pensarlo” del modismo
habitual parece que en estos casos como un eco del pensamiento pascaliano. A muchas gentes ha
bastado un telescopio para espantarse de la cara que vemos de la luna. El acercar a nuestros ojos
una imagen de la realidad que no es la que ellos mismos alcanzan puede causarnos sensación de
miedo. Del mismo modo nos espantará pensar realidades que sobrepasen la dimensión o
acomodo natural del pensamiento. Da miedo pensarlas. Y no porque nos dé miedo pensar. Que
aunque el delito mayor del hombre es haber pensado -o soñado-, como dijo, creo, Unamuno, o lo
pudo decir, el hombre puede seguir, sin miedo, sin espanto, aunque con asombro, sorpresa y
maravilla, en lo que ven sus ojos para que lo sienta el corazón. Y como dijo un poeta: “El
silencio que me espanta, / como a Pascal, es oír / un silencio que no canta: / que se enmudece en
la nada / para podernos decir / que no hay música callada. / Ni siquiera en el morir”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Pinochet sigue entre rejas en Internet: Campaña de la Asociación Internacional de
Usuarios de Internet Internautas por la Paz y la Libertad en solidaridad con las víctimas del ex-dictador chileno.
URL: http://www.arrakis.es/~aarias/pinoche2.htm